Las casas de Balzac. Por Alfonso Reyes

Renan nunca pudo leer una novela. Cierto día Renan y Taine veraneaban junto a un lago de Saboya, y Taine, empeñado en corregir a su amigo, le dejó en las manos una novela de Balzac. Cuando volvió, al poco tiempo, Renan dormía profundamente y el libro se había caído al agua. Seguros de que algunos participan en este punto de los gustos de Taine —que declara en sus cartas haber leído cincuenta veces la Cartuja de Parma, de Stendhal— y están lejos de compartir el desdén de Renan hacia el abundante Balzac; y ciertos, por lo demás, de que la afición a los libros del gran novelista siempre anda junta con la afición a su persona extravagante y amable, traducimos a continuación estas curiosas noticias:

La familia de Balzac vivía en París, rue du Temple, Marais. Cuando su familia se fue a Villeparisis, el joven Balzac alquiló una buhardilla en el número 9, calle Lesdiguiéres, junto al Arsenal. Reposo en Villeparisis. Idilio. Balzac, de regreso, se establece como impresor, calle Visconti, con madame de Berny. (Domicilio personal: 2, calle Tournon) Quiebra y fuga a Bretaña. Al regreso, vive en la calle Cassini, cerca del Observatorio; después, calle de Las Batallas. Al fin, se decide a abandonar la ciudad. De 1838 a 1840, sus señas son: “Aux Jardies, par Sévres (Seine-et-Oise)”

Tres cuartos —dice él— encaramados uno sobre otro; propia percha de loro. Por un capricho muy suyo, los servicios y accesorios de la casa ocupaban un departamento enorme. (Al instalarse en Jardies, Gambetta ocupa este departamento; y hace demoler con toda impasibilidad el pabellón-percha en que Balzac dormía y trabajaba.) De 1840 a 1848, soporta la vida en su “cabaña” de Passy, que todavía puede verse entre la calle Basse y la Roe. (Hoy Raynouard y Berton: tenía dos salidas. Mientras los acreedores tiraban con furor de la campanilla, Balzac se salía por la otra puerta y se internaba tranquilamente en las Tullerías.) Acaba sus días en el barrio de Beaujon, en un hotelito de la calle Fortunée, hoy Balzac, donde quiso recibir dignamente a Mme Hanska, su mujer castellana de Wirschnownia. Este hotelito, propiedad de Rothschild, fue demolido en 1890, a pesar de las protestas de los “balzacianos”, y particularmente de Paul Bourget (Royaumont, Prodomo. La rnaison de Balzac, Figuiére).

Hojeando el Mercure de France, leemos una carta de Carlos Larrondo en que éste da cuenta de que el periódico L’Affranchi ha tomado en arrendamiento la casa de Balzac con el fin de consagrarla al culto de su recuerdo. La noticia tiene algo de manifiesto literario, y el que la da asegura que algún día la casa de Balzac vendrá a ser como el corazón de un renacimiento literario. En todo caso, es fácil que llegue muy pronto a ser un museo curioso.

S., IX-1918.

Alfonso Reyes, “Las casas de Balzac”, Obras Completas VII, Fondo de Cultura Económica, México, 1996, pp. 370-371.

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