Archivo de la categoría: Obras Alfonso Reyes

Cartilla moral: lecciones XIII y XIV. Por Alfonso Reyes

Lección XIII

El hombre es superior al animal porque tiene conciencia del bien. El bien no debe confundirse con nuestro gusto o nuestro provecho. Al bien debemos sacrificarlo todo.

Si los hombres no fuéramos capaces del bien no habría persona humana, ni familia, ni patria, ni sociedad.

El bien es el conjunto de nuestros deberes morales. Estos deberes obligan a todos los hombres de todos los pueblos. La desobediencia a estos deberes es el mal.

El mal lleva su castigo en la propia vergüenza y en la desestimación de nuestros semejantes. Cuando el mal es grave, además, lo castigan las leyes con penas que van desde la indemnización hasta la muerte, pasando por multa y cárcel.

La satisfacción de obrar bien es la felicidad más firme y verdadera. Por eso se habla del “sueño del justo”. El que tiene la conciencia tranquila duerme bien. Además, vive contento de sí mismo y pide poco de los demás.

La sociedad se funda en el bien. Es más fácil vivir de acuerdo con sus leyes que fuera de sus leyes. Es mejor negocio ser bueno que ser malo.

Pero cuando obrar bien nos cuesta un sacrificio, tampoco debemos retroceder. Pues la felicidad personal vale ante esa felicidad común de la especie humana que es el bien.

El bien nos obliga a obrar con rectitud, a decir la verdad, a conducimos con buena intención. Pero también nos obliga a ser aseados y decorosos, corteses y benévolos, laboriosos y cumplidos en el trabajo, respetuosos con el prójimo, solícitos en la ayuda que podemos dar. El bien nos obliga asimismo a ser discretos, cultos y educados en lo posible.

La mejor guía para el bien es la bondad natural. Todos tenemos el instinto de la bondad. Pero este instinto debe completarse con la educación moral y con la cultura y adquisición de conocimientos. Pues no en todo basta la buena intención.

Seguir leyendo Cartilla moral: lecciones XIII y XIV. Por Alfonso Reyes

Ante los centenarios. Rumbo de Goethe. Por Alfonso Reyes

Toda literatura solicitada por una utilidad pasajera se contenta con un equilibrio muy inestable. El aniversario del fallecimiento de Goethe (1832-1932) me arrebató unas cuartillas en desorden*. Ni siquiera tuve tiempo de ser conciso. Por una vez, acudí al toque de asamblea con el dormán todavía desabrochado y el lazo suelto. Peor hubiera sido faltar, yo tenía mis razones: Goethe y los trágicos griegos me acompañaron en mi primer aventura hacia mí mismo**. Ni a uno ni a otros he dejado nunca de la mano; pero una cosa es el estudio, el examen crítico, y otra la declaración de la deuda. Con los trágicos ya había yo cumplido a mi manera, ofreciendo, en los comentarios de la Ifigenia cruel, mis confesiones de helenista sentimental. Me faltaba la confesión de Goethe. Pues el caso es que en la adolescencia, cuando el sentimiento del yo se abulta como absceso, la obra de Goethe y aun la contemplación de su persona me daban aquella visión del mundo semejante a la que traemos de ciertas lecturas científicas: una objetividad y distanciamiento que devuelve a las cosas sus proporciones tolerables y que tanto ayuda para navegar las crisis de la edad. Todo panegírico de Goethe pudiera fundarse en ese poder “levitador” que de él emana: ennoblece y hasta solemniza un tanto el espectáculo de la existencia, y nos coloca ante ella en una actitud confortable. Disipa la polvareda de la chabacanería y el humo del rencor.

Mientras tenéis, oh negros corazones,

conciliábulos de odio y de miseria,

el órgano de Amor riega sus sones.

Cantan: oíd: “La vida es dulce y seria”

Tal fue el origen de estas páginas que más tarde, en el bicentenario natalicio del poeta (1749-1949), me puse a retocar lentamente. No quise someterlas a una composición estricta y conjunta. Mil tentaciones me hacían señas a lo largo de la jornada. Goethe embriaga a quienes lo siguen. O diré mejor que experimenté en alma propia aquella fábula de Simbad: a horcajadas sobre mis hombros, el terrible viejo, mil veces más fuerte que yo, me llevaba por donde quería. Y además de esta dificultad de impulso, dos dificultades de materia me salieron al paso. La primera —todos los autores fecundos la han padecido con sus críticos—, que mientras tenemos a la vista una centésima parte de la obra, olvidamos otras noventa y nueve; y en el caso de Goethe, cuyos libros son, a veces, meros racimos de fragmentos, y cuyas sentencias aisladas son tan brillantes que orillan a desvirtuarlas citándolas sin el contexto,ello ha sido causa de algunos errores de apreciación. La segunda—de carácter más hondo— es que la integración de su obra con su vida nos confunde los temas, y ellos nos transportan insensiblemente de unos a otros. Había que resignarse, pues, al tratamiento por toques sucesivos, a las insistencias y repeticiones, idas y venidas como en el juego de la oca. Ni era posible evitar que se me pegaran en el trance, y a pretexto de escolios, éstas y las otras páginas adventicias. Rayas de lápiz al margen de los libros, rinconcillos goethianos, ocios de la afición, piezas sobrantes del artilugio: de todos modos podrán entenderse mis empeños, mas no como vértebras de una monografía metódica que nunca cruzó por mi intención. Quien no acepte este orden disperso, quien sienta ausencia de un comentario orgánico, acuda a tantas autoridades que abundan y son ya harto conocidas. Goethe no cabe en mis medidas y desisto de toda síntesis. Yo sólo sigo a mi poeta desde el otro cabo de la civilización y desde la orilla distante de otra lengua, conformándome con pedirle aquellos auxilios o incitaciones que nunca me ha negado hasta ahora.

Sur, Buenos Aires, primer trimestre de 1932, núm. 5, pp. 7-85.

* Cuestiones estéticas (1911): “Las tres Electras del Teatro Ateniense” y “Sobre la simetría en la estética de Goethe”.

Alfonso Reyes, “Ante los centenarios. Rumbo de Goethe”, Obras completas XXVI, Fondo de Cultura Económica, México, 1993

Oración por Atenea política. Alfonso Reyes

No olvidéis que un universitario mexicano de mis años sabe ya lo que es cruzar una ciudad asediada por el bombardeo durante diez días seguidos, para acudir al deber de hijo y de hermano, y aun de esposo y padre, con el luto en el corazón y el libro escolar bajo el brazo. Nunca, ni en medio de dolores que todavía no pueden contarse, nos abandonó la Atenea Política.

     No quiero despedirme sin recordaros que esta divinidad tiene muchos nombres, no contando el que Zeus le prodiga en el poema homérico (“querida ojizarca”) que más bien es un apodo paternal cariñoso. Repetir los nombres de las divinidades es una forma elemental de plegaria. Orar quiere decir hablar con la boca. Oremos:

Atenea, además de Polías o política, se llama Promacos, que viene a ser campeón en las armas, diosa campeadora; se llama Sthenias o pederosa, Areia o de bélica naturaleza. Y todo esto significa que nunca deja de enmohecerse su tradición, sus victorias pasadas, sino que a cada nueva aurora madruga a combatir por ellas. Atenea se llama también Bulaia, porque asiste y juzga en los consejos, porque sofrena la cólera del héroe tirándole oportunamente por las riendas de la cabellera; y se llama Ergane, maestra de artesanos, por donde la escuela y el taller se confunden. Por último, Atenea es Kurótrofos, nutriz de los retoños, diosa que alimenta los nuevos planteles de hombres. Protectora de los muchachos, ella os defienda y os ampare, ella os guíe, ella os fatigue y os repose.

Alfonso Reyes, “Atenea política”, Universidad, política y pueblo, UNAM, México, 1967, pp. 97-98

Salambona. Por Alfonso Reyes

¡Ay, Salambó, Salambona,
ya probé de tu persona!

¿Y sabes a lo que sabes?
Sabes a piña y a miel,
sabes a vino y a dátiles,
a naranja y a clavel,
a canela y azafrán,
a cacao y a café,
a perejil y tomillo,
higo blando y dura nuez.
Sabes a yerba mojada,
sabes al amanecer.
Sabes a égloga pura
cantada con el rabel.
Sabes a leña olorosa,
pino, resina y laurel.
A moza junto a la fuente,
que cada noche es mujer.
Al aire de mis montañas,
donde un tiempo cabalgué.
Sabes a lo que sabía
la infancia que se me fue.
Sabes a todos los sueños
que a nadie le confesé.

¡Ay, Salambó, Salambona,
ya probé de tu persona!

Alianza del mito ibérico
y el mito cartaginés,
tienes el gusto del mar,
tan antiguo como es.
Sabes a fiesta marina,
a trirreme y a bajel.
Sabes a la Odisea,
sabes a Jerusalén.
Sabes a toda la historia,
tan antigua como es.
Sabes a toda la tierra,
tan antigua como es.
Sabes a luna y a sol,
cometa y eclipse, pues
sabes a la astrología,
tan antigua como es.
Sabes a doctrina oculta
y a revelación tal vez.
Sabes al abecedario,
Rtan antiguo como es.
Sabes a vida y a muerte
y a gloria y a infierno, amén.

Río de Janeiro, 20 de agosto, 1935

Tomo X, Obras completas, Fondo de Cultura Económica, México, 1996, pp. 157-158

 

La canción del equipaje, por Alfonso Reyes

Para Bitácora, revista de los más jóvenes

No todo ha de ser vivir,

y vivir para jamás cantar.

Era, pues, un nuevo equipaje,

que cantaba al hacerse al mar.

La nave, como era tan leve,

partía por la vertical.

Los que se quedaban en tierra

no se lo van a perdonar.

“¡Suba el que quiera! —gritan ellos,

pero el recelo puede más;

y aunque muchos los envidiaban,

no se querían arriesgar.

Que aunque hay Islas Afortunadas

y muchos reinos que buscar,

también hay Mares Tenebrosos,

caníbales y lo demás.

¡Mejor es largar las amarras

y que nos dejen ir en paz!

Esos que cuentan con los dedos

¡que nos dejen en paz!

Quédense ahí con sus disputas,

con su rabia y su porfiar.

Después de todo y a la postre,

no los vamos a contentar.

Porque está más allá del sueño

lo que queremos conquistar;

está más allá de la noche;

está más allá

de las manos y de los ojos;

está más allá

de los espacios y los años;

está más allá

de las raíces y del humus;

está más allá

de las lágrimas y la sangre;

está más allá.

Buenos Aires, 25 de marzo, 1937

Alfonso Reyes y Porfirio Barba Jacob

En nueve cuartetos de versos alejandrinos de rima pareada, Alfonso Reyes (de 20 años) formula un saludo al romero peregrino (en ese entonces llamado Ricardo Arenales de 26 años de edad). Ricardo Arenales, quien pocos años después sería, Porfirio Barba Jacob. Ricardo era un poeta de la fatalidad trágica y un valeroso periodista crítico y polémico: “ciego del mundo, y sabio para mirar al cielo/ sueltas la mente por donde los astros van”, que con sus huesos a la cárcel había ido a parar, por criticar en 1909 al régimen porfirista, desde una postura “reyista”. El general Bernardo Reyes (padre de Alfonso) era un prestigiado militar, aliado y compañero de armas de Porfirio Diaz durante más de veinte años, pero para ese entonces, ya era un incómodo rival (al grado que existía un Partido Reyista), en la sucesión presidencial del Presidente por 30 años, el general don Porfirio Díaz.
Años después, nuestro “romero”, ya como Porfirio Barba Jacob, también criticará implacable a los “revolucionarios”: Carranza, Obregón y Calles. En cambio, sabrá reconocer en las figuras de los “bandidos” Emiliano Zapata y sobre todo Pancho Villa, a los representantes de la revolución social del México profundo.
Cuenta una de las leyendas negras, que escribió una biografía de Villa, de la que se vendieron más de veinte mil ejemplares, en el norte de México y el sur de los Estados Unidos, aunque a la fecha no aparece ni uno sólo.
Miguel Ángel, Ricardo, Porfirio, Pedro, Pablo, Juan Pueblo, fueron algunos de los otros, de los heterónimos en los que su espíritu encarnó, como queriendo fundirse en el crepúsculo, mientras vuelan los serafines “y en la tarde tu lámpara arde como un rubí.”

Salutación al Romero
A Ricardo Arenales

Caminas por el Prado, que está de primavera
Y, ciego, ¿no contemplas sino el radioso vano?
¿Adónde, adónde, ciego, conduces la carrera,
alzando a Dios las palmas que llevas en la mano?

Ciego del mundo, y sabio para mirar el cielo,
sueltas la mente por donde los astros van,
Como en la noche oscura, por el monte Carmelo,
Erraba, libre, el alma del mismo San Juan.

La tierra estaba verde, el cielo estaba rosa
Y, lejos, en el cielo, fulguraba una cruz.
Pasaste tú, romero, y no mirabas cosa,
sino, en el cielo, la maravillosa luz.

¿Andabas por el prado, que está de primavera,
y, ciego, no mirabas sino el radioso vano?
¿Adónde, adónde, ciego, llevabas la carrera
alzando a Dios las palmas que ofrecía tu mano?

A mi, qué, dónde piso, siento en la voz del suelo,
¿qué me dices con tu silencio y tu oración?
¿Qué buscas, con los ojos fatigados de cielo,
más alto que la vida y sobre la pasión?

Romero: en el crepúsculo vuelan los serafines.
En la dorada luz te borras para mí.
Tu alma y el crepúsculo se mezclan por afines,
y en la tarde tu lámpara arde como un rubí.

La sacrosanta lámpara donde quemar perfumes;
la de alumbrar, nocturna, la trabajosa senda;
la que ha de velar por ti, cuando te abrumes
en medio de la noche azul, bajo la tienda-.

El romero, que estaba en medio de la tarde,
me miró silenciosamente, con claridad:
yo no vi en sus ojos mentira ni alarde,
sino la inmóvil luz de la fatalidad.

La lumbre de la tarde se apaga. Raudo giro
de imperceptibles pájaros vibra con suave son.
Y un grito, y un sollozo, y un canto, y un suspiro
se ahogan en la tarde como en mi corazón.

Alfonso Reyes, noviembre de 1909

Cronologia de Alfonso Reyes

1889 Nace, el 17 de mayo, en la Ciudad de Monterrey. Su padre, el General Bernardo Reyes, era por entonces Gobernador del Estado de Nuevo León.

1897 Inicia los estudios primarios en la escuela Manuela G. Viuda de Sada, el Instituto de Varones de Jesús Loreto y el Colegio Bolívar, de su ciudad natal.

1901 Concluye sus estudios en el Liceo Francés de la ciudad de México y comienza a escribir poesía.

1902 Trasladada su familia nuevamente a Nuevo León, iniciará la enseñanza preparatoria en el Colegio Civil de Monterrey. Tras un año y medio, volverá a la ciudad de México, donde continúa y concluye estos estudios (1907) en la Escuela Nacional Preparatoria.

1905 Publica en Monterrey sus primeros poemas.

1906 Año importante, ya que además de publicar en Savia Moderna conocerá a Pedro Henríquez Ureña.

1907 Comienza su relación con Manuela Mota.

1908-1910 Concluida la enseñanza preparatoria, permanecerá algún tiempo en Monterrey. Escribirá entonces algunos de los ensayos incluidos en Cuestiones Estéticas así como las fantasías de El Plano Oblicuo. De vuelta en la ciudad de México, se inscribirá en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de México y como miembro del Ateneo de la Juventud participará en el ciclo de conmemoración del primer centenario de la Independencia mexicana (1910) con la conferencia “Los poemas rústicos de Manuel José Othón”. Lee además “Sobre la estética de Góngora”, conferencia dedicada al intelectual alicantino Rafael Altamira.

1911 En este año aparecerán, en México, su conferencia “El paisaje de la poesía mexicana del siglo XIX”, y en París, dentro de la prestigiosa editorial de Paul Ollendroff, Cuestiones estéticas. Contrae matrimonio con Manuela Mota.

1912 Nace su único hijo. Es secretario (del 28 de agosto de ese año hasta el 28 de febrero de 1913) de la Escuela Nacional de Altos Estudios, germen de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional, donde funda la cátedra de Historia de la Literatura Española. Será también miembro fundador de la Universidad Popular. Es entonces cuando imagina La cena, cuento que anticipará algunos aspectos de la literatura de vanguardia europeas, y escribe estudios sobre Stevenson y Chesterton.

1913 El 9 de febrero, recién electo Francisco I. Madero como Presidente de México, muere su padre al intentar la toma del Palacio Nacional. Presionado por las circunstancias, obtendrá el título profesional de abogado con la tesis Teoría de la sanción. Muerto Madero y con Victoriano Huerta ya en la presidencia de la República, sale en agosto rumbo a París, en un velado destierro, como Segundo Secretario de la Legación Mexicana. Entrará en contacto, por iniciativa propia, con el hispanista Raymond Foulché-Delbosc e iniciará Visión de Anáhuac. El descubrimiento de la “literatura militante de la Nouvelle Revue Francaise“, y de otras mil facetas de este nuevo-viejo mundo, lo llevara a escribir “París cubista”. Traduce de manera anónima La novena de Coleta, de Colette Yver.

1914 Cesado el cuerpo diplomático mexicano destacado en Europa bajo la presidencia de Venustiano Carranza, con el pretexto del estallido de la Primera Guerra Mundial, se trasladará a España en octubre. Es así como empieza su labor periodística y, en el Centro de Estudios Históricos de Madrid, erudita, en la preparación -gracias al apoyo de Enrique Díez-Canedo- de obras clásicas para la editorial La Lectura. Frecuentará las tertulias y El Ateneo Científico y Literario y conocerá, entre otros, a Juan Ramón Jiménez. Escribe las crónicas que reunirá más tarde en Cartones de Madrid.

1915 Después de recorrer toda suerte de posadas que remiten a Quevedo, al fin se instala en la madrileña calle de Torrijos, donde concluirá Visión de Anáhuac. Se crea, por iniciativa de José Ortega y Gasset, el semanario España, del que Reyes será asiduo colaborador. Comparte allí con Martín Luis Guzmán el seudónimo de “Fósforo”, para escribir sobre cine.

1916 Ya como único responsable, traslada su colaboración sobre cine a El Imparcial. Este año comenzará a circular el periódico El Sol, donde se ocupará, a partir de diciembre de 1917 y hasta fines de 1919, de la página semanal dedicada a Historia y Geografía. Termina de escribir los textos de El Suicida y se traslada a su segunda residencia madrileña, en la calle de General Pardiñas del barrio de Salamanca, donde llegará a tener como vecinos a Carlos Pereyra, José María Chacón y Calvo, Antonio G. Solalinde y Pedro Henríquez Ureña. Continúa allí escribiendo sobre Góngora y Gracián, y se inicia su interés por Fray Antonio Fuente la Peña. Publica colaboraciones en el Boletín de la Real Academia Española y dirige la sección bibliográfica de la Revista de Filología Española. Comienza además su importante colaboración con Raymond Foulché-Delbosc en la edición de la obra completa de Góngora y sus traducciones para editorial Calleja.

1917 Año de gran producción editorial. Aparecerán sus libros: Cartones de Madrid, El suicida, Visión de Anáhuac; su traducción de Ortodoxia, de Chesterton, y sus ediciones de Memorias de Fray Servando Teresa de Mier, Páginas escogidas de Quevedo y Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita. Será también cuando inicie su amistad con Amado Alonso y Jorge Guillén y crea, con José Moreno Villa, Américo Castro y Antonio G. Solalinde, una pequeña cofradía literaria y de esparcimiento bajo el título de El Ventanillo de Toledo. Colabora con la Revista General de la casa Calleja, apenas fundada. Se acercará a Henri Bergson, de paso por Madrid.

1918 Imparte cursos de literatura española en el Centro de Estudios Históricos; uno de sus alumnos será John Dos Passos. Además estudia los orígenes del teatro americano en lengua española y la influencia de la literatura artúrica en la castellana y publica, en El Sol, artículos sobre la historia del periodismo bajo el título genérico de “Las mesas de plomo”. Primera versión de El cazador, que será luego vuelto a “arreglar”. Escribe algunas de las páginas que recogería en Las vísperas de España y Horas de Burgos, así como poesía que pasará, en parte, a Huellas. Se publican Páginas escogidas de Ruíz de Alarcón y Tratados de Gracián; en colaboración con Solalinde, Guía del estudiante. A finales de año será elegido miembro de la Academia Mexicana correspondiente de la Academia de la Lengua Española.

1919 Este año ayuda a Luis G. Urbina en la preparación de Lírica mexicana, antología de la fiesta de la Raza que publicará la Legación de México en Madrid. Asimismo, aparecen su prosificación moderna del Poema del Cid, las ediciones de Los pechos privilegiados de Ruíz de Alarcón, el Teatro de Lope de Vega y su versión de el Viaje sentimental por Francia e Italia de Laurence Stern. Comienza, en colaboración con Díez-Canedo, las burlas literarias, que aparecerán en España e Índice entre 1919 y 1922. Inicia la traducción de “El abanico de Mme. Mallarmé”. Se publican en francés algunos de los poemas que conformarán Huellas, prácticamente terminado ese año, y sigue creciendo su libro Calendario. Colabora en diarios de México y Nueva York y, por invitación de Azorín, impartirá en Burdeos, Francia, tres conferencias sobre pintura y literatura españolas. Formará parte, también, de la Comisión Histórica “Paso y Troncoso”.

1920 Es llamado nuevamente a integrarse al Cuerpo Diplomático mexicano, ahora en la Legación de España. Será en principio, como en París, Segundo Secretario, pero al poco tiempo se le ascenderá a Primer Secretario y Encargado de Negocios ad-int. Es elegido miembro correspondiente de la Academia Hispanoamericana de Ciencias y Artes de Madrid y delegado de México al VII Congreso de la Unión Postal Universal reunido en Madrid. Aparecen sus libros Retratos reales e imaginarios y El plano oblicuo, su traducción de la Pequeña historia de Inglaterra de Chesterton así como sus ediciones de Las aventuras de Pánfilo de Lope de Vega y Lecturas: ensayos. Inicia la publicación de las Obras completas de Amado Nervo. Año poco fecundo en el aspecto poético pero en el que profundiza en sus estudios gongorinos, publica sus “ejercicios” de traslado de “El abanico de Mme. Mallarmé” y finaliza las crónicas que darán cuerpo a Aquellos días. Colaboraciones en la revista La pluma, dirigida por Manuel Azaña. Visita a Unamuno en Salamanca.

1921 Aparecen El cazador y su traducción de El candor del padre Brown de Chesterton. Comienza la publicación de Simpatías y diferencias (dos primeras series) y continúa con las Obras completas de Nervo. Ascendido por el presidente Álvaro Obregón a Primer Secretario de la Legación, procura mejorar las relaciones entre México y España, seriamente afectadas a causa de los avatares revolucionarios. Se inicia la publicación de la revista Índice, hecha conjuntamente con Juan Ramón Jiménez. Viaja con Manuel Toussaint y Valle Arizpe a Singüenza. Viaja a Turín, Italia, como representante de la Universidad de México a un congreso sociológico, en el que se le confunde con el Rey Alfonso XIII. Veraneo en el Cantábrico del que quedarán rastros en sus libros Las vísperas de España, Cortesía, Los siete sobre Deva y Obra poética.

1922 Aparece su primer libro de poesía, Huellas, la tercera serie de Simpatías y diferencias y sus versiones de El hombre que fue Jueves, de Chesterton, y Olalla, de Robert Louis Stevenson. Por segunda ocasión se le nombra Encargado de Negocios ad-int de México en España. Cubrirá como corresponsal gráfico, para la revista Social de La Habana, las fiestas del cuarto centenario de la vuelta al mundo de Juan Sebastián de Elcano. Participa en tres actos públicos de que quedará constancia en su obra: la inauguración de la Glorieta de Rubén Darío, un mensaje al Ayuntamiento de Madrid y la inauguración del curso en el Ateneo. Escribe, durante la Semana Santa en Sevilla, La saeta, que se publicará primeramente en el periódico El Universal de México.

1923 Ingresa como miembro al Club Internacional de Escritores (PEN). Viaje a París, donde leerá su conferencia L’ Evolution du Mexique, publicada ese año, en francés y español, en diarios y revistas de Europa y América. Aparecen su edición de la Fábula de Polifemo y Galatea de Góngora y la cuarta serie de Simpatías y diferencias. Profusa actividad poética. Organiza el homenaje, “Cinco minutos de silencio”, en honor de Mallarmé. Con José Moreno Villa y Enrique Díez-Canedo, “inventa” los Cuadernos Literarios para la editorial La Lectura.

1924 En el mes de abril finalizará su misión diplomática en España y volverá a México, donde recibe, por iniciativa hispana, la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica. Se le nombra Enviado Extraordinario y Ministro Plenipontenciario de México en Argentina, pero no llega a tomar posesión. Mientras tanto, se irá enfriando paulatinamente la amistad entre él y José Vasconcelos. A finales de año vuelve a España como Ministro Plenipontenciario en Misión Confidencial para entrevistarse con el Rey Alfonso XIII. Cumplida la misión, se traslada a Francia, donde permanecerá como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipontenciario hasta 1927. En este año aparecerán en España su libro de ensayos breves Calendario y el poema dramático Ifigenia cruel.

1925 Ya instalado en París, se relaciona con Jean Cassou. Consigue introducir a México en el Comité Central del PEN Club de Londres, mientras la Nouvelle Revue Française considera la posibilidad de publicar en francés El plano oblicuo. Además de desarrollar una profusa actividad diplomática y cultural, decide apoyar a artistas jóvenes.

1926 Después de gestionar la creación de una Legación mexicana en Suiza, obtiene de este país el agréement como Ministro, cargo que no llegará a ser efectivo y que se suma a su misión en Francia. Tampoco llega a ejercer el cargo de Enviado Extraordinario y Ministro Plenipontenciario en España. Aparecerá su segundo libro de poesía, Pausa, y Simples rémarques sur le Méxique. En ese año mantiene contactos frecuentes con Jules Romains, Toño Salazar, Angelina Beloff, Gabriela Mistral; vuelve a ver a Martín Luis Guzmán y a Vasconcelos y realiza un viaje por Bélgica. Al acercarse el tercer centenario de la muerte de Góngora, recibe una invitación especial, por parte de los autores hispanos de la generación del 27, para participar en los Cuadernos Gongorinos en homenaje al poeta. Mientras termina Cuestiones gongorinas, surge la posibilidad de publicar Cartones de Madrid en francés.

1927 Todavía durante sus últimos meses en París, mantendrá contactos con Jules Supervielle, Paul Valéry, Paul Morand, Valéry Larbaud, entre otros. Asimismo, recibe la condecoración de Comendador de la Legión de Honor de Francia. Regresa a México, donde es elegido Miembro Honorario del Ateneo de Ciencias y Artes, y más adelante se le nombra Enviado Extraordinario y Ministro Plenipontenciario en Argentina, nombramiento que, en curso del viaje a Buenos Aires, será sustituido por el de Embajador Extraordinario y Plenipontenciario. Aparece Cuestiones gongorinas y, en París, Vision de l’ Anahuac, traducida por Valéry Larbaud.

1928 En medio de una incesante labor diplomática y literaria, leerá el discurso inaugural de la Casa del Teatro Argentino así como fragmentos de Visión de Anáhuac, e impartirá sus conferencias “Presagio de América” y “El hombre y la naturaleza en el monólogo de Segismundo”. Comienza a dar cuerpo al libro de discursos y artículos Al servicio de México e intenta la publicación de Culto a Mallarmé y el Testimonio de Juan Peña, así como de la colección de Cuadernos del Plata, proyecto gracias al cual mantendrá una relación muy cercana con la intelectualidad argentina y, en particular, con Jorge Luis Borges. Realiza estudios del Polifemo y elabora su bibliografía personal sobre Góngora. Reencuentro con Ortega y Gasset y contactos frecuentes con Victoria Ocampo y Juana de Ibarbourou.

1929 Recibe de Norah Borges y José Moreno Villa ilustraciones para Fuga de Navidad y La saeta. Realiza una lectura pública de El testimonio de Juan Peña; al mismo tiempo continuará el proyecto de los Cuadernos del Plata e iniciará la escritura de su Landrú-Opereta.

1930 Elegido Pascual Ortiz Rubio Presidente de México, se le nombra, en sustitución de éste, Embajador Extraordinario y Pleniponteciario de México en el Brasil. Es asimismo considerado como miembro de honor del PEN Club de Buenos Aires. Aparece en Río El testimonio de Juan Peña, con dibujos de Rodríguez Lozano, y el primer número de Monterrey, su correo literario.

1931 Encuentro con Paul Morand, de paso rumbo a Argentina. Aparecerá, en París, 5 casi sonetos, y en México su Discurso por Virgilio.

1932 Después de leerlas como conferencias, una de ellas en el Palacio de Itamaraty, aparecerán en volumen En el día americano y Atenea política. También verá publicados los libros A vuelta de correo y Tren de ondas. Se relaciona con los poetas brasileños Cecilia Meireles y Manuel Bandeira, así como con Foujita, quien, de paso por Sudamérica, realizará retratos de la familia Reyes.

1933 Viaje a Uruguay, Argentina y Chile en Comisión Preparatoria de la VII Conferencia Internacional Americana. La Universidad de Nuevo León le otorga el doctorado Honoris Causa. Publicará libros de la más variada estirpe: Romances del Río de Enero, La caída, Voto por la Universidad del Norte y su edición de Si el hombre puede artificiosamente volar de Antonio Fuente la Peña. En colaboración: Código de la Paz.

1934 Regresará a México a finales de año, donde verá aparecer los volúmenes A la memoria de Ricardo Güiraldes, Golfo de México y Yerbas del Tarahumara.

1935 Reasume su cargo de Embajador en Brasil. Aparecen Minuta e Infancia.

1936 Poco antes de salir de Brasil, al habérsele nombrado por segunda vez Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de México en Argentina, dejará una copia del dios Xochipilli en el Jardín Botánico de Río y publicará en Monterrey “Maximiliano descubre el colibrí”, ensayo ilustrado por Cándido Portinari, pintor y amigo del que reyes tenía ya varias obras. También aparece el libro de poemas Otra voz. Gracias al Congreso del PEN Club llevado a cabo en Argentina, ve nuevamente a Henríquez Ureña, Anderson Imbert, Cremieux, Michaud, Ungaretti y Romains, entre otros.

1937 Seriamente conmovido por los violentos hechos desarrollados en España, escribirá los poemas “Cuatro soledades”, “Dos años” y la “Cantata en la tumba de Federico García Lorca”. También publica los libros: Tránsito de Amado Nervo, Idea política de Goethe, Las vísperas de España, El Servicio Diplomático Mexicano, su traducción de Doctrinas y formas de la organización política de G. D. H. Cole y el último número de Monterrey.

1938 Regresa a México en enero y, a mediados del año, se le comisiona, con categoría de Embajador, para Brasil. Aparecen Homilía por la cultura, Aquellos días, Mallarmé entre nosotros e Introducción al estudio económico del Brasil.

1939 Regresa a México, donde colaborará en la creación de La Casa de España en México. Publica la primera serie de sus Capítulos de literatura española.

1940 Es Presidente de la Junta de Gobierno de El Colegio de México (antes La Casa de España en México). Aparecen Villa de Unión y su prólogo a Evolución política del pueblo mexicano de Justo Sierra.

1941 Siendo catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de México, recibe el grado honorífico de Doctor en Leyes de la Universidad de California. Ese año publica Algunos poemas, La crítica en la edad ateniense, Pasado inmediato y el prólogo a Cancionero de la noche serena de Luis G. Urbina.

1942 Se le distingue como Doctor en Letras, Honoris Causa, por la Universidad Tulane así como por la Universidad de Harvard. Aparecerán Los siete sobre Deva, La antigua retórica, Última Tule, La experiencia literaria y sus prólogos a Virgin Spain de Waldo Frank y ¿Se comió el lobo a Caperucita? de Antoniorrobles.

1943 Es catedrático fundador de El Colegio Nacional, miembro correspondiente de la Real Academia Española y de Honor de la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística. Publicará sus prólogos a Reflexiones sobre la historia universal de J. Burckhardt y a Juan Ruiz de Alarcón: su vida y su obra de Antonio Castro Leal y su traducción de Nomentano el refugiado de Jules Romains.

1944 Mientras trabaja en la elaboración de Perfiles del hombre, sufre su primer infarto cardíaco. Aparecen El deslinde, Tentativas y orientaciones, Dos o tres mundos y su prólogo a Poemas de Ángel Zárraga.

1945 Se le concede el Premio Nacional de Literatura. Asimismo, será miembro de la Junta de Gobierno de la Universidad Nacional de México y académico de Honor de la Academia Nacional de Historia y Geografía de México, correspondiente del Centro Literario de Monterrey. Este año será especialmente prolífico en publicaciones: Romances y afines, Norte y sur, Tres puntos de exegética literaria, Capítulos de literatura española (segunda serie), Panorama del Brasil, Juan Ruiz de Alarcón (en inglés), Discursos en la Academia Mexicana de la Lengua, La casa del grillo y sus prólogos a Un destino de M. de Villanueva y Resurrección de Homero de V.  Bérard.

Seguir leyendo Cronologia de Alfonso Reyes

VIII Platito de almendras

(Décima segunda)

Por Alfonso Reyes

 

Al huésped que se concentra

siempre tu piedad le acuda

oh cápsula diminuta

de plata para la almendra

 

Como se rompe la hembra

o abre la reja el terrón

entra el diente de rondón

hasta la pulpa cautiva

 

La sal llama la saliva

y ésta          la conversación.

 

VII Sopa

Por Alfonso Reyes

…Entre los pucheros anda el Señor…

Santa Teresa

En buen romance casero

de verdura y de calor

con los brazos remangados

me siento a la mesa yo

Tierra terrena     terruño
del fondo del corazón
Bien haya el caldo y bien haya
la madre que lo parió

Décimas en acróstico

Por Alfonso Reyes

para una niña peruana: “A Margarita Ulloa Elías”

A yunque muy de “tierras lejas”,

M argarita, quiero aquí

A consejarme de ti

R evelándote mis quejas.

G anarás, si así me dejas

A provechar la distancia,

R imas que, en su consonancia,

I miten mi voluntad,

T erca en la dificultad,

A trevida en la constancia.

 

U na niña del Perú

L ocos afanes traía,

L o que la niña pedía

O jalá lo entiendas tú:

A cabar un verso en u;

E nmendar, cerrando un ojo,

L os pies de un poeta cojo;

I mponerle, en fin, con tretas,

A crósticos por muletas.-

 

¿S abes si logró su antojo?

 

Río de Janeiro, 12 de marzo, 1934

 

Coplas*. Por Alfonso Reyes

1

Andabas con sed de gozo,

como hija de la pena.

¿Sí o no?
Y yo,
debajo de tu rebozo
me pasé la Noche Buena.

2

Sirena que entre las olas
se esconde para no verme,
¿con quién habla a solas,
con quién duerme?

3

Bordado de la almohada
que castigaste su orgullo
y la dejaste marcada:
cuéntame si está en capullo
o si es que duerme casada.

México, 26 de febrero de 1940. -VS.

* Omitido inpensadamente en OP.

 

La señora Oriana a Dulcinea del Toboso

¡Oh, quién tuviera, hermosa Dulcinea,
Por más comodidad y más reposo,
A Miraflores puesto en el Toboso,
Y trocara sus Londres con tu aldea!

¡Oh, quién de tus deseos y librea
Alma y cuerpo adornara, y del famoso
Caballero que hiciste venturoso
Mirara alguna desigual pelea!

¡Oh, quién tan castamente se escapara
Del señor Amadís como tú hiciste
Del comedido hidalgo don Quijote!

Que así envidiada fuera, y no envidiara,
Y fuera alegre el tiempo que fue triste,
Y gozara los gustos sin escote.

Don Belianís de Grecia a Don Quijote de la Mancha

Rompí, corté, abollé, y dije y hice
Más que en el orbe caballero andante;
Fui diestro, fui valiente, fui arrogante;
Mil agravios vengué, cien mil deshice.

Hazañas di a la Fama que eternice;
Fui comedido y regalado amante;
Fue enano para mí todo gigante
Y al duelo en cualquier punto satisfice.

Tuve a mis pies postrada la Fortuna,
Y trajo del copete mi cordura
A la calva Ocasión al estricote.

Mas, aunque sobre el cuerno de la luna
Siempre se vio encumbrada mi ventura,
Tus proezas envidio, ¡Oh, gran Quijote!

Al libro de Don Quijote de la Mancha

Urganda la desconocida

 

Si de llegarte a los bue-,
Libro, fueres con letu-,
No te dirá el boquirru-
Que no pones bien los de-.

Mas si el pan no se te cue-
Por ir a manos de idio-,
Verás de manos a bo-
Aun no dar una en el cla-,
Si bien se comen las ma-
Por mostrar que son curio-.

Y pues la experiencia ende-
Que al que a buen árbol se arri-
Buena sombra le cobi-,
En Béjar tu buena estre-
Un árbol real te ofre-
Que da príncipes por fru-,
En el cual florece un Du-
Que es nuevo Alejandro Ma-:
Llega a su sombra; que a osa-
Favorece la fortu-.

De un noble hidalgo manche-
Contarás las aventu-,
A quien ociosas letu-
Trastornaron la cabe-:
Damas, armas, caballe-,
Le provocaron de mo-,
Que, cual Orlando furio-
Templado a lo enamora-,
Alcanzó a fuerza de bra-
A Dulcinea del Tobo-.

No indiscretos hieroglí-
Estampes en el escu-;
Que cuando es todo figu-,
Con ruines punto se envi-.
Si en la dirección te humi-,
No dirá mofante algu-:

¡Qué don Álvaro de Lu-,
Qué Aníbal el de Carta-,
Qué Rey Francisco en Espa-
Se queja de la fortu-!


Pues al cielo no le plu-
Que salieses tan ladi-
Como el negro Juan Lati-,
Hablar latines rehu-.

No me despuntes de agu-,
Ni me alegues con filó-;
Porque, torciendo la bo-,
Dirá el que entiende la le-,
No un palmo en las ore-:
¿Para qué conmigo flo-?

No te metas en dibu-,
Ni en saber vidas aje-;
Que en lo que no va ni vie-
Pasar de largo es cordu-.
Que suelen en caperu-
Darles a los que grace-;
Más tú quémate las ce-
Sólo en cobrar buena fa-,
Que el que imprime neceda-
Dalas a censo perpe-.

Advierte que es desati-,
Siendo de vidrio el teja-,
Tomar piedras en la ma-
Para tirar al veci-.

Deja que el hombre de jui-
en las obras que compo-
Se vaya con pies de plo-;
Que el que saca a luz pape-
Para entretener donce-
Escribe a tontas y a lo-.

Sátira de la compañía, Alfonso Reyes

 

SÁTIRA DE LA COMPAÑÍA
(Fragmento)

 

¡Oh mis sabios, mis filósofos:
cerrada hallasteis mi puerta!
Ocasión es de marcharos:
la casa tengo hoy de fiesta.
¿Qué se os dan mis interiores
ni qué mis cosas domésticas?
Idos, que en mi corazón
muchas visitas se hospedan,
y hoy recibo en mi taller
mis libros de cabecera.

Robásteisme ayer en charlas
toda mi ausencia entera:
burla hicisteis de mi vida,
chismorreos de mis penas,
hablillas de mis amores,
escarnio de mis cadenas,
de mi ademán comentarios,
discursos de mis maneras,
críticas sobre mi andar,
sobre mi vestir sentencias,
de mis días efemérides,
de mis noches analectas,
notas de mis desayunos,
de mis comidas polémicas,
escolios de mis bebidas,
corolarios de mis cenas.
Tal, amigos, me dejasteis
peor que no digan dueñas,
castigado por fiarme
de las orejas ajenas.

Alfonso Reyes, Constancia poética, Obras completas de Alfonso Reyes X, Fondo de Cultura Económica, México, 1981, p. 52