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Viento sagrado. Por Enrique González Martínez

A Alfonso Reyes

Sobre el ancia marchita,
sobre la indiferencia que dormita,
hay un sagrado viento que se agita;

un milagroso viento,
de fuertes alas y de firme acento,
que a cada corazón infunde aliento.

Viene del mar lejano,
y en su bronco rugir hay un arcano
que flota en medio del silencio humano.

Viene de profecía,
que a las tinieblas del vivir envía
la evangélica luz de un nuevo día;

viento que en su carrera,
sopla sobre el amor, y hace una hoguera;
que enciende en caridad la vida entera;

viento que es una aurora,
en la noche del mal, y da la hora
de la consolación para el que llora . . .

Los ímpetus dormidos
despiertan al pasar, y en los oídos
hay una voz que turba los sentidos.

Irá desde el profundo
abismo hasta la altura, y su fecundo
soplo de redención llenará el mundo.

Producirá el espanto
en el pecho rebelde, y en el santo,
un himno de piedad será su canto.

Vendrá como un divino
hálito de esperanza en el camino,
y marcará su rumbo al peregrino;

dejará en la conciencia
la flor azul de perdurable esencia
que disipa el dolor con la presencia.

Hará que los humanos,
en solemne perdón, unan las manos
y el hermano conozca a sus hermanos.

No cejará en su vuelo
hasta lograr unir, en un consuelo
inefable, la tierra con el cielo;

hasta que el hombre, en celestial arrobo,
hable a las aves y convenza al lobo;

hasta que deje impreso
en las llagas de Lázaro su beso;

hasta que sepa darse, en ardorosas
ofrendas, a los hombres y a las cosas,
y en su lecho de espinas sienta rosas;

hasta que la escondida
entraña, vuelta manantial de vida,
sangre de caridad como una herida . . .

¡Ay de aquel que en la senda
cierra el oído ante la voz tremenda!
¡Ay del que oiga la voz y no comprenda!

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Alfonso Reyes en una nuez de Adolfo Castañón. Presentación editorial

Presentación editorial “Alfonso Reyes en una nuez. Índice consolidado de nombres propios de personas, personajes y títulos en sus Obras completas” de Adolfo Castañón.
Presentan: Juan de Dios González Ibarra, El Colegio de Morelos; Carolina Moreno Echeverry, Cátedra Alfonso Reyes en Cuernavaca; Braulio Hornedo Rocha, Universidad Virtual Alfonsina.
Modera: Ángel Cuevas, Secretaría de Turismo y Cultura de Morelos.
Miércoles 20 de febrero de 2019, 17:00 horas.
Sala Manuel M. Ponce del Centro Cultural Jardín Borda
Av. Morelos 271, Centro, Cuernavaca, Morelos
Entrada libre

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Estornudos literarios. Por Alfonso Reyes

I*

JORGE LUIS BORGES me escribe desde Buenos Aires:

“Releo en la página 40 del Calendario: Un solo estornudo sublime conozco en Ia literatura: el de Zaratustra.” ¿Puedo proponerle otro? Es uno de los tormentosos presagios de la Odisea y está en el libro XVII, al final. La reina, fastidiada, hace votos por la terrible vuelta del héroe y entonces (sigo Ia versión de Andrew Lang) “Telémaco estornudó con vigor y en torno el techo resonó maravillosamente.”

El ominoso carácter de la efusión es reconocido en seguida, y Penelope exclama: “Eumeo, ¿no adviertes que mi hijo ha estornudado una bendición sobre mis palabras? Ya sé de cierto que ningún destino a medio forjar caerá sobre los pretendientes y que ninguno de ellos conseguirá eludir la muerte y los hados.”

Sería entretenido rastrear los escamoteos y las deformaciones de este estornudo a través de los púdicos traductores. ¿Lo estornudó Mme Dacier o lo falsificó? Chapman, en mi versión de 1614, no lo silencia:

. . . in echoes round
Her son’s strange neesings made a horrid sound.

(Neesing, me informa el Diccionario, es una antigua forma de sneezing.) —P. D. También, en una revista americana, este epíteto homérico: “The not to be sneezed at sum of two thousand dollars.”— El estornudo, ahí, es despectivo.

Amigo Jorge Luis: No tengo a la mano a Mme Daciem, ni tampoco la Ulixea, de Pérez, el padre del célebre secretario de Felipe II, libros ambos que se me han quedado en mi tierra. Usted puede consultar allá a don Leopoldo Lugones, experto en materia de Odisea. En Ia traducción castellana de Segalá y Estalella, la página 453 se abre con el alegre estornudo. También lo encuentro en la versión de Bérard, III, página 45.

* Monterrey, Nº 8. Río de Janeiro, III-1932.

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Los gestos prohibidos. Por Alfonso Reyes

MÁS ALLÁ del preciosismo verbal, hay cierto preciosismo de los sentidos que se opone a la representación literaria de nuestros gestos animales. La teoría de las palabras “nobles” y de las palabras “innobles”, del admirable Longino, resulta sin duda discutible, por lo que pudiera tener de oculta ponzoña académica. Pero, cuando de actos se trata, ya no de palabras, el concierto es unánime; todos estamos de acuerdo en rechazar la alusión a ciertas pequeñas miserias, sobre todo en lo que el retórico llamaría “estilo elevado”: estornudar, toser, “ni hacer otras cosas que la soledad y libertad traen consigo”, decía Cervantes.

El genio pantagruélico puede dispensarse ciertas libertades. Y asimismo la Picaresca Española. A su “culta latiniparla”, que es su “preciosa ridícula”, Quevedo la enseña a decir todas las cosas llanas de mil modos enrevesados, para burlarse de los que huyen del pan, pan: vino, vino.

El bostezo —ese “aullido silencioso”, de Chesterton—a lo sumo puede inspirar bufonadas, como la de aquel muchacho de escuela que se entretenía las horas largas en la misteriosa ocupación de echar a volar un bostezo; y el bostezo, por simpatía no bien explicada aún, iba de una en otra cara, hasta que hacía presa en el maestro.

En el estornudo sólo se puede fundar un chascarrillo. Y véase, en cambio, la dignidad literaria del ruido animal que más se le parece: el relincho del caballo, que se oye, como en el piso bajo, en el fondo de algunas comedias de Lope y de Ruiz de Alarcón. Entre otros, un estornudo sublime conozco en la literatura: el de “Zaratustra” cuando se enfrenta de nuevo con la soledad y, cosquilleada por el aire vivo como por vinos espumosos, su alma “estornuda” y exclama gozosa: “!A tu salud!”

Ya la muerte del Rey don Sancho, herido a mansalva en ocasión de una materialidad tan humilde, es uno de los rasgos más típicamente crueles, más heroicamente prosaicos, del Romance Viejo.

Fuera de los cuentos licenciosos (como aquel del Conde de Benavente que dijo al que arrastraba la silla: “No le busquéis la consonante”), los gestos prohibidos rondan inútilmente el castillo de la literatura.

Pero el pañuelo —que, aunque evoca una pequeña servidumbre del cuerpo, ha venido a ser el símbolo de las despedidas románticas y se ha ennoblecido en grado máximo con la metáfora de las gaviotas—, el pañuelo que flota con austera belleza en el adiós de las mujeres pescadoras de Arteta— ¿sabéis que el pañuelo mismo fue, en un tiempo, cosa prohibida?

Hubo días en que los escritores y el público sentían así. ¿Un pañuelo en la literatura? ¡Despropósito! Y, sobre todo, ¿un pañuelo en un episodio trágico? ¡Abominación! Los franceses del siglo XVIII —Voltaire, Ducis— traducían a Shakespeare, pero lo expurgaban, lo reducían a la peluquería del gusto decente. Cuando Vigny se puso, con ánimo bravo, a parafrasear el Otelo, pudo burlarse ingeniosamente de sus predecesores. Y nos describe los aspavientos de la antigua Melpómene ante el pañuelo de Desdémona —este inocente rasgo casero del realismo…

En Zaïre —primera adaptación del Otelo— el vitando objeto es sustituído por una carta de la heroína que Orosmane llega a sorprender. Más tarde, el púdico Ducis reemplazará el pañuelo por un “bandeau de diamant”. Tartufo, al menos, había sentido el pudor de la ausencia del pañuelo, cuando, alargándole el suyo, decía a Dorina:

. . .Ah, mon Dieu! je voas prie,

Avant que de parler, prenez-moi ce mouchoir.

—Comment!

—Couvrez ce sein que je ne saurais voir. . . *

 

* Ver “Estornudos literarios”, A lápiz, México, 1943, págs. 173-182.

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Alfonso Reyes y la inteligencia michoacana (1909-1959)

El Colegio de Morelos y la Cátedra Alfonso Reyes en Cuernavaca

invitan a la presentación del libro

Alfonso Reyes y la inteligencia michoacana (1909-1959)

Hacia la universalidad de la ciencia y la cultura mexicanas

de Alberto Enríquez Perea

Participan:

Mtra. Carolina Moreno Echeverry, Dr. Braulio Hornedo Rocha y el autor.

Sábado 8 de diciembre de 2018, 12:00 horas.

Auditorio de El Colegio de Morelos.

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