Archivo de la categoría: Siglo XXI

“Visión de México” de Adolfo Castañón

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Adolfo Castañón nació en la ciudad de México el 8 de agosto de 1952. Desde el 23 de octubre de 2003 es el sexto ocupante de la silla II de la Academia Mexicana de la Lengua.
Este poeta, ensayista, editor, crítico literario y bibliófilo estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Gastrónomo autodidacta, ha sido miembro del consejo de redacción de varias revistas en Latinoamérica, entre las que se encuentran La Cultura en México, el suplemento de Siempre!, Vuelta, Letras Libres y Gradivia. Ha sido colaborador de Cuadrivio, Imagen Latinoamericana, La Cultura en México, La Gaceta del FCE, Letras Libres, Nexos, Novedades, Plural, Revista Universidad de México, Sábado, Siempre!, y Vuelta. Gran lector de todos los géneros, es también admirador y estudioso de la obra de Alfonso Reyes, de quien ha dicho que fue “el poeta y crítico que sentó las bases de un canon moderno de la prosa y del verso para las letras mexicanas e hispanoamericanas”. Entre sus obras destacan Alfonso Reyes, caballero de la voz errante (1988), Arbitrario de literatura mexicana (1995), La campana y el tiempo (2003), Viaje a México: ensayos, crónicas y retratos (2008), y Grano de Sal (2009). Entre las traducciones importantes en su carrera están Después de Babel, de George Steiner, y Ensayo sobre el origen de las lenguas, de J. J. Rousseau (ambos publicados por el FCE). Durante casi tres décadas trabajó para el Fondo de Cultura Económica, donde tuvo a su cargo diversas obras de Alfonso Reyes, Octavio Paz y Juan José Arreola, entre otros muchos autores. Ha sido investigador del Centro de Estudios Literarios, del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM.

Ha obtenido diversos premios, entre los que cabe señalar el Nacional de Literatura de Mazatlán 1996; el Nacional de Periodismo 1998; el Xavier Villaurrutia 2008, y el Nacional de Periodismo José Pagés Llergo 2010. En 2003 fue reconocido como Caballero de la Orden de las Artes y de las Letras por el gobierno de la república francesa. En 2015 recibió el Premio Internacional de Ensayo de Argentina.

 

 

El arte de perdurar de Hugo Hiriart

Con la audacia que caracteriza sus ensayos, Hugo Hiriart se pregunta por qué algunos autores, sin importar la medida de su talento, no alcanzaron el terreno movedizo de la fama y qué recursos han permitido que una obra se instale durante generaciones en la preferencia del público lector. En esta inusitada reflexión literaria sobre lo que transcurre y lo que permanece, diseñada como una conversación espoleada por la argumentación serena y el ataque frontal, Hiriart analiza la valía de una obra en relación con su peso en la fluctuante posteridad. Luego de acechar y definir magistralmente el estilo de Alfonso Reyes, Hiriart compara la prosa ensayística del anterior con la de Jorge Luis Borges… y la de éstos dos con la de George Orwell, a fin de cavilar sobre el virtuosismo y el talento, y de analizar reveladores ejemplos de escritores que lograron trascender su espacio y su tiempo. Tomando como pretexto a Velázquez y a Rubens, así como los autorretratos de escritores famosos, la segunda parte de este libro traduce al arte de la pintura la teoría antes expuesta y propone una indagación cuyo centro es la perdurabilidad de la creación artística. Con su disertar siempre asombroso, Hiriart se mueve de una pasión a otra -de la literatura a la pintura- e invita al lector a asediar los misterios del arte y la búsqueda de la inmortalidad a la que todo artista aspira en la memoria humana.

Hiriart. Arte

 

Gabriel García Márquez digital

El  Harry Ransom Center de la Universidad de Texas en Austin acaba de publicar en línea el archivo del Premio Nobel Gabriel García Márquez (1927–2014). Más de 75 cajas de documentos conforman el archivo del autor colombiano, figura clave en la historia y política de América Latina.

El archivo digital de García Márquez incluye manuscritos originales de obras publicadas e inéditas, material de investigación, fotografías, libros de recortes, correspondencia, recortes, cuadernos de notas, guiones, material impreso, y una grabación de audio de su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura en 1982. El archivo en línea cuenta con recurso de búsqueda de texto, y contiene aproximadamente 27.500 materiales digitalizados a partir de los documentos de García Márquez.

Otras adiciones a la colección incluyen una copia mecanografiada con tinta al carbón de la novela El Coronel no Tiene Quien le Escriba, notas escritas a mano en tarjetas personalizadas, cartas mecanografiadas, y una copia de El General en su Laberinto con más de una docena de enmendaduras de la mano del autor.

Además de García Márquez, otros laureados con el premio Nobel hacen parte de las colecciones del Ransom Center, tales como Samuel Beckett, J. M. Coetzee, T. S. Eliot, Ernest Hemingway, Doris Lessing, George Bernard Shaw, Isaac Bashevis Singer, John Steinbeck y W. B. Yeats.

La colección en línea puede consultarse en el siguiente enlace: https://hrc.contentdm.oclc.org/digital/collection/p15878coll73

Fuente: http://www.hrc.utexas.edu

 

 

La cultura Alfonsina: todo lo sabemos entre todos. Por Carolina Moreno

Alfonso Reyes fue un hombre nacido para las letras. Su vocación creadora fue certera y decidida. Desde su primer trabajo publicado cuando tenía sólo quince años hasta su muerte, el “mexicano universal” —al decir de Jorge Luis Borges— creó una obra monumental en su extensión, compleja en sus derivaciones, ascendente en el espacio y en el tiempo. Nada de lo relativo al hombre le fue indiferente. Sus escritos abarcaron diversas disciplinas: arte y ciencia, filosofía y política, literatura e historia, sociología y economía; la profusión de su pensamiento se manifestó en artículos y ensayos, críticas y teorías, cuentos y fábulas, poemas y obras dramáticas. Polímata y polígrafo, Reyes no sólo fue un creador de una obra, sino de “toda una literatura” —como dice Octavio Paz; no fue un simple autor, sino todo un grupo de escritores representado en una sola persona.

La edición de las Obras completas de Reyes duró treinta y ocho años: los primeros doce volúmenes estuvieron bajo el cuidado del propio autor; luego, el poeta y erudito nicaragüense Ernesto Mejía Sánchez editó nueve y finalmente su discípulo y amigo José Luis Martínez ultimó la edición de los cinco restantes para alcanzar así los veintiséis tomos. Un total de 13, 404 páginas componen el legado alfonsino; herencia a la que se suma el Diario, las ediciones críticas, los epistolarios, los informes y escritos diplomáticos, las traducciones en verso y prosa; además de las antologías y selecciones que han ido surgiendo desde los años en que Reyes vivió; así como las cátedras, conferencias, discursos, entrevistas, estudios, grabaciones, obras críticas que suman Páginas y Más páginas; sin dejar a un lado el trabajo realizado en El Colegio de México y El Colegio Nacional, instituciones que contribuyó decididamente a crear. El “Erasmo americano” —como lo nombra Julio Cortázar— fue un intelectual de todas las horas y de variadas empresas; hombre dotado de un raudal de impulsos y virtudes, cuya obra es una “hazaña de la voluntad y de la imaginación”.

Si bien es cierto que la obra alfonsina desconcierta por su amplitud y parece sugerir dispersión, nada hay más alejado de la verdad. Reyes reivindica en su legado la voluntad de unificar: “todo lo sabemos entre todos”, repitió con insistencia. La unificación no estanca: facilita el movimiento; establece un sistema regular de conexiones. Los distintos órdenes del saber se interrelacionan, unas disciplinas ayudan a las otras con el propósito de establecer vasos comunicantes. Y cuando la inteligencia trabaja como agente unificador se llama cultura. Más allá de las especialidades y profesiones limitadas que la época contemporánea obliga dada la multiplicación de conocimientos y de técnicas, al humanista le corresponde ejercer “la profesión general del hombre”.

Para Reyes, el humanismo —antes que restringirse al estudio de la Antigüedad clásica, a un cuerpo de conocimientos o a una escuela— establece una orientación. El humanista, dueño de una cultura no limitada por la excesiva especialización, propenso al estudio de otras disciplinas que le permitan conocer mejor la propia, ávido de mantenerse informado sobre los avances del conocimiento en general, orienta su saber y experiencia al servicio del bien humano; orientación que no debe confundirse con el humanitarismo, actividad filantrópica con un ámbito de aplicación muy diferente. La orientación del humanismo sólo puede ejercerse plenamente en libertad; y no sólo la libertad política, sino también la libertad del espíritu y del intelecto: libertad de sentirse hijos de la cultura, como bien recuerda Pedro Henríquez Ureña.