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El movimiento intelectual contemporáneo de México. José Vasconcelos, 26 de julio de 1916

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El Hijo Pródigo. Octubre/Diciembre de 1943

La Ilíada de Homero (en Cuernavaca). Aristía de Alfonso Reyes. Por Braulio Hornedo Rocha

Ya estoy aquí en la tarea que Dios me dio.

Diario de Alfonso Reyes (15-X-1948)

A Gabriel (70) y Marycruz (80)

¿Tiene sentido distinguir entre la vida y la obra de Alfonso Reyes?, ¿acaso él mismo no lo dejó claramente establecido al final de su Constancia poética? “Quiero que la literatura sea una cabal explicación, y, por mi parte, no distingo entre mi vida y mis letras”. ¿No dijo Goethe que “todas mis obras son fragmentos de una confesión general”?

Es tan abundante y variada la obra de Alfonso Reyes que inevitablemente intimida hasta a los más valientes lectores. La primera vez que abordamos el intento de leerlo nos preguntamos ¿por dónde empezar? Los veintiséis gruesos volúmenes donde se agrupan las 13,404 páginas que componen la edición de sus Obras completas en el Fondo de Cultura Económica, nos confirman ese acierto de Octavio Paz al señalar que los libros de Alfonso Reyes, no sólo son una obra, sino toda una literatura.

Ensayo, narrativa, crítica, teoría e historia literaria; filosofía, divulgación de la ciencia, memorias, dramaturgia y poesía, son algunos de los caudalosos afluentes que desembocan en la mar de la “literatura alfonsina”. Su curiosidad intelectual lo abarca todo, desde la Crítica en la edad ateniense, hasta la poética en la obra de José Martí bajo la perspectiva de la mecánica cuántica. Lo mismo cultiva la recreación (que no sólo la traducción) de La Ilíada de Homero, que reflexiona cretinamente sobre la mezcalina, los garbanzos, el infinito, el cine, la radio, la servidumbre voluntaria o la teoría matemática de la información y los límites de la física. “Todo lo sabemos entre todos” era un proverbio que gustaba repetir, pero creo que sobre todo, le gustaba encarnarlo con su ejemplo.

Reyes “descubre” Cuernavaca en 1947 a la “breve distancia de un suspiro” de la Ciudad de México, buscando un lugar aislado para trabajar, y un clima y altura más adecuados para la dolencia cardiaca que padece desde 1944. Encuentra en Cuernavaca “la tibieza vegetal donde se hamaca el ser en filosófica mesura”. Y estas pausas de libertad y esparcimiento creador le permiten tomar distancia de los ajetreos burocráticos derivados de sus múltiples responsabilidades como Presidente de El Colegio de México, fundador de El Colegio Nacional y miembro numerario en la Academia Mexicana de la Lengua, de la que será su director de 1957 a 1959.

Se hospeda las primeras ocasiones en el Hotel Chulavista y posteriormente se aficiona más al Hotel Marik en el centro de la ciudad de Cuernavaca; allí tiene un cuarto favorito desde donde contempla las formaciones rocosas tepoztecas como “indostánicas pagodas” o monumentales escenografías de “óperas wagnerianas”. Se ocupa en ese año (1947) y en el siguiente de su traslado, no sólo llana traducción de la Ilíada de Homero, vertiendo el modelo original griego escrito en hexámetros, al español en versos alejandrinos (verso de catorce sílabas, dividido en dos hemistiquios, rimados y pareados), pero Reyes piensa sobre todo en el lector común y corriente, a quien las traducciones eruditas definitivamente lo espantan y hasta terminan ahuyentándolo. Pensaba como coautor, y quizá mejor, como cómplice de Homero, ocupándose atento en los lectores contemporáneos.

Esta tarea que “Dios le dio” es un ambicioso proyecto que, como diría su admirado Goethe, sólo un “epipoeta” de su talla podría emprender. Ya el sólo hecho de “transportar el verso homérico a las lenguas vivas es más difícil que encerrar al genio en la botella”, y si a esto le agregamos el hacerlo con una métrica y un ritmo derivados de la rima castellana, entonces sí, la tarea parece poco menos que imposible, aún para un equipo numeroso de especialistas y ayudantes con becas, equipamientos y presupuestos millonarios como se estila en las universidades hoy en día. Que decir entonces de un solo poeta al finalizar sus cincuenta y trabajando por su cuenta.

Entre septiembre y noviembre del año 1948, Alfonso Reyes escribe en sus cada vez más frecuentes estancias en el Marik, (como para descansar haciendo adobes, dice el nunca mejor aplicado refrán) una colección de sonetos a manera de divertimento “prosaico, burlesco y sentimental, ocio o entretenimiento al margen de La Ilíada“. Recrea entre humorista y erudito, en ingeniosos sonetos, algunos de los personajes de la saga griega, instalándolos en Cuernavaca. Publica esta primera versión (de lo que será su Homero en Cuernavaca) al año siguiente (1949) en la revista Ábside, y dedica esta publicación al editor de la misma, “el sabio, inolvidable amigo y probo sacerdote (…) honra y luto de nuestras letras, desaparecido ha poco en plena labor”, el padre Gabriel Méndez Plancarte, a quien Reyes apreciaba mucho por una estrecha amistad literaria y enigmáticamente espiritual. Y digo enigmática, porque es de hacerse notar como bien señala su colega y paisano Gabriel Zaid que:

Nada parece más ajeno a la obra de Reyes que el espíritu religioso. Su herencia liberal (y hasta masónica: su padre, como casi todos los hombres del poder entonces, era importante en la masonería); su afición de Grecia, de Goethe, de la Francia libertina; su gusto por la vida, su optimismo, su olímpica sonrisa (que vuela sobre el mal, en vez de sumergirse en la conciencia desgarrada) parecen indiferentes a la fe, la duda, la negación (Obras II, El Colegio Nacional, 1993, 531-540).

“No leo la lengua de Homero; la descifro apenas”. Empieza por advertirnos don Alfonso en su prólogo a La Ilíada, como jugueteando detrás de un guiño, con esa singular sonrisa de niño que parece coronar en sus chinescos ojos, redondeándolos después para continuar, como si nada, con la cita que viene al caso:

Aunque entiendo poco griego -como dice Góngora en su romance-, un poco más entiendo de Grecia. No ofrezco un traslado de palabra a palabra, sino de concepto a concepto, ajustándome al documento original y conservando las expresiones literales que deben conservarse, sea por su valor histórico, sea por su valor estético. Me consiento alguna variación en los epítetos, cierta economía en los adjetivos superabundantes; castellanizo las locuciones en que es lícito intentarlo. Hasta conservo algunas reiteraciones del sujeto, características de Homero, y muy explicables por tratarse de un poema destinado a la fugaz recitación pública y no a la lectura solitaria. Pero adelanté con cuidado y prudencia, sin anacronismos, sin deslealtades. La fidelidad ha de ser de obra y no de palabra (Obras completas XIX, 91).

Este prólogo esclarecedor y además breve -recordemos que si lo bueno breve, dos veces bueno- está firmado en Cuernavaca durante el mes de noviembre de 1949, mientras terminaba la IX Rapsodia y revisaba y corregía incansable las anteriores. Con un estado de ánimo entusiasta anota en su diario:

Vuelvo a Cuernavaca, donde ¡acabé la IX Rapsodia de La Ilíada! y estoy en anotación general, puntas y ribetes, corrección de copias en limpio… Llegué a las 4 p.m. Tarde templadita y cielo sin mancha. ¡A trabajar en Homero! (…) Acabé mi faena a las 12 1/2 de la noche! De entusiasmo he perdido el sueño (Obras completas XIX, 12).

Entre insomnios entusiastas y correcciones inacabables transcurre el año de 1950, hasta que por fin entrega su Ilíada al Fondo de Cultura Económica el 8 de agosto. Todavía deberá de transcurrir un año para que:

Orfila, Joaquín Diez-Canedo, Agustín Millares, Raimundo Lida, y Julián Calvo me traen los preciosos primeros ejemplares de mi Ilíada I (tres ordinarios y uno fino), con colofón de 15 de septiembre (de) 1951.

Reyes está feliz como niño con juguete nuevo; la obra, la edición y hasta la crítica son resplandecientes, como ese Sol de Monterrey “despeinado y dulce, claro y amarillo, ese sol con sueño que sigue a los niños”. Azorín publica una nota el 22 de julio del año anterior en el ABC de Madrid reconociendo que Reyes traslada su penetrativa del mundo clásico español al mundo helénico.

Las reacciones de los críticos en México y el mundo son semejantes en su admiración y reconocimiento. José Moreno Villa (Suplemento de Novedades, México, 20 de enero de 1952), Medardo Vitier (Diario de la Marina, La Habana, Cuba, 8 de marzo de 1952), Bernabé Navarro (Excélsior, México, 20 de abril de 1952), José Luis Lanuza (La Nación, Buenos Aires, 4 de mayo de 1952), Daniel Devoto (Sur, Buenos Aires, julio y agosto de 1952), Germán Arciniégas (Revista literaria Tegucigalpa, octubre 1952).

Recibe numerosas cartas personales de reconocimiento, de humanistas de la talla de Ramón Menéndez Pidal, Werner Jaeger, Tomás Navarro Tomás y José Gaos, entre otros notables pensadores, quienes coinciden en identificar una gran obra poética reflejo y recreación de otra gran obra poética. Alfonso Reyes es por esta hazaña singularísima “Aristía de Alfonso” con orgullo y desde entonces, nuestro Homero en Cuernavaca.

La Universidad Autónoma del Estado de Morelos comparte este orgullo con los lectores de una nueva centuria, reconociendo el generoso apoyo de innumerables personas e instituciones nacionales y extranjeras, entre las que es ineludible mencionar a Alicia Reyes, José Luis Martínez, José Emilio Pacheco, Gabriel Zaid y Adolfo Castañón, todos ellos fundadores del consejo directivo de la Cátedra Alfonso Reyes – El Colegio Nacional – UAEM. Así como agradecer también a la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad Autónoma del Estado de Nuevo León, el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, la Academia Mexicana de la Lengua, CONACULTA – INBA,  el Fondo de Cultura Económica, El Colegio de México, y muy particularmente destacar nuestro reconocimiento a El Colegio Nacional.

Finalmente agradecemos a Ulrika Borges, María Elena García Pérez, Itzé Godínez Guerrero, Braulio Hornedo Farriol, Mila Nayelli Hornedo Farriol, María Trinidad Jacobo Soza, Angélica Jaimes Jiménez, Viridiana Moreno López, Enrique Palacios Martínez, Manuel Prieto Gómez, Adán Santamaría Ochoa, Mauricio Santoveña Arredondo, Miriam Suárez de la Vega y Camerina Soza García su generosa, entusiasta y a veces hasta involuntaria participación en el grupo editor responsable por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos y Matemágica.

Este libro obedece a diversos criterios de selección, prefiero aceptar que son arbitrarios antes que antológicos o representativos, lo que resume sus pretensiones es resumir lo escrito por Reyes en Cuernavaca; o bien, con temática relativa a esta ciudad donde “como vino cordial; trina la urraca y el laurel de los pájaros murmura… (mientras) el tiempo mismo se suspende y dura…”

Braulio Hornedo Rocha,

Cuernavaca, Morelos, México, noviembre de 2004

Sátira de la compañía, Alfonso Reyes

 

SÁTIRA DE LA COMPAÑÍA
(Fragmento)

 

¡Oh mis sabios, mis filósofos:
cerrada hallasteis mi puerta!
Ocasión es de marcharos:
la casa tengo hoy de fiesta.
¿Qué se os dan mis interiores
ni qué mis cosas domésticas?
Idos, que en mi corazón
muchas visitas se hospedan,
y hoy recibo en mi taller
mis libros de cabecera.

Robásteisme ayer en charlas
toda mi ausencia entera:
burla hicisteis de mi vida,
chismorreos de mis penas,
hablillas de mis amores,
escarnio de mis cadenas,
de mi ademán comentarios,
discursos de mis maneras,
críticas sobre mi andar,
sobre mi vestir sentencias,
de mis días efemérides,
de mis noches analectas,
notas de mis desayunos,
de mis comidas polémicas,
escolios de mis bebidas,
corolarios de mis cenas.
Tal, amigos, me dejasteis
peor que no digan dueñas,
castigado por fiarme
de las orejas ajenas.

Alfonso Reyes, Constancia poética, Obras completas de Alfonso Reyes X, Fondo de Cultura Económica, México, 1981, p. 52

Arte poética, Alfonso Reyes

1

Asustadiza gracia del poema:
flor temerosa, recatada en yema.

2

Y se cierra, como la sensitiva,
si la llega a tocar la mano viva.

3

—Mano mejor que la mano de Orfeo,
mano que la presumo y no la creo,

4

para traer la Eurídice dormida
hasta la superficie de la vida.

París, 1925

Alfonso Reyes,  Constancia poética, Obras completas de Alfonso Reyes X, Fondo de Cultura Económica, México, 1981, p. 113

Emmanuel Carballo

Escritor, ensayista, crítico literario, editor y periodista mexicano. Es uno de los críticos literarios más reconocidos de México. Su trayectoria literaria le ha valido gran cantidad de premios, tales como el Premio Jalisco de Literatura (1990); el Premio Arlequín (1999); el Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde (2005); el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Lingüística y Literatura, el Premio Mazatlán de Literatura y el Premio Nacional Periodismo Cultural Fernando Benítez (2006); la Medalla Alfonso Reyes de la UANL (2008) y el Premio Letras de Sinaloa (2010). Estudió Derecho en la Universidad de Guadalajara, pero abandonó la carrera para dedicarse a la literatura. Fue profesor de Literatura en dicha universidad y en la UNAM, entre otras. Ha conducido programas culturales en radio y televisión. Fundó la editorial Diógenes, la Revista Mexicana de Literatura (junto con Carlos Fuentes), el suplemento La Cultura en México de la revista Siempre, las revistas Ariel y Odisea de Guadalajara; dirigió y colaboró en numerosas publicaciones culturales. Entre otras escribió en La Gaceta del Fondo de Cultura Económica, El Gallo Ilustrado, Ovaciones, Punto, Revista de Occidente, Revista Sur de Buenos Aires, Sábado y Unomásuno. Emmanuel Carballo es autor de una vasta obra ensayística y de investigación, además de dirigir numerosas obras colectivas y antologías literarias, en particular sobre literatura mexicana.

http://emmanuelcarballo.com/

Ramón Xirau

Estudios universitarios

Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, México 1942 – 1947, (carrera de Filosofía y Letras: estudios especiales de latín).
Seminario de Filosofía dirigido por Joaquín Xirau en el Instituto Francés de América Latina. (1942-1946).
Seminario de Estilística dirigido por Raimundo Lida. El Colegio de México, 1949-1951.
Cursos avanzados en la Sorbona, Paris 1955.
Maestros que mas me han influido:
En la primaria la maestra Dolors Canals, en la secundaria y preparatoria los profesores León Auge (Marsella), Elèazar Halpern, Mademoiselle Jacquè (Liceo Franco Mexicano). A nivel universitario, Joaquín Xirau, Raimundo Lida, Alfonso Reyes, José Gaos.Lenguas:

Títulos

Baccalaurèat. Primera Parte, Academia de Poitiers, 1941.
Baccalaurèat. Segunda Parte, filosofía, Academia de Poitiers, a través de Nueva York, años de guerra.
Maestría en Filosofía, Facultad de Filosofía.
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, 1946.
English Proficiency Examination, Universidad de Cambridge a través del Instituto Anglo Mexicano de Cultura, 1947.

Actividades académicas

Pasadas:
Profesor de francés y literatura francesa contemporánea. IFAL, 1945-1954.
Profesor de latín: Instituto Luis Vives, 1946-1948.
Profesor de la clase de filosofía en el Liceo Franco Mexicano, 1946-1973.
Profesor por asignatura, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, desde 1949.
Profesor de Filosofía y Literatura , Universidad de las Américas, (desde 1955, director del Departamento de Filosofía), 1949-1970.
Subdirector, Centro Mexicano de Escritores, 1953-1956.
Director y fundador de la revista Diálogos, El Colegio de México, 1964-1985.
Miembro de la Comisión Editorial de la Facultad de Filosofía, 1964-1985.
Miembro de la Comisión Dictaminadora de la Facultad de Filosofía y Letras , UNAM, 1982-1986.
Miembro de la Comisión Dictaminadora del Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM, 1982-1986.
Miembro del Consejo Interno del Instituto de Investigaciones Filosóficas, UNAM, (1978-1986 y 1987-1991).

Actuales:
Investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas, UNAM.
Profesor de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, desde 1949.
Miembro de la Comisión Dictaminadora del Instituto de Investigaciones Filosóficas, (desde 1991).
Miembro del Consejo Interno de Posgrado, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, desde 1992.
Miembro del Comité Técnico de Becas, Dirección General de Asuntos del Personal Académico, UNAM, (desde 1988).
Miembro de El Colegio Nacional a partir de 1973.
Miembro del Consejo para la publicación de obras filosóficas, Fondo de Cultura Económica (desde 1990).

Fuente: www.humanistas.org.mx

José Luis Martínez

(Atoyac, Jalisco; 1918 – Ciudad de México, 2007). Fue un destacado académico, diplomático, ensayista, historiador, cronista, bibliógrafo, editor y humanista mexicano. Fue director del Fondo de Cultura Económica entre 1977-1982. Cursó la carrera de letras españolas en la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional Autónoma de México y cursos aislados de filosofía e historia del arte de 1938 a 1943. 

Cargos ejercidos

  • Secretario particular del titular de la Secretaria de Educación Pública (1943-1946).
  • Diputado Federal por el Octavo Distrito de Jalisco (1958-1961).
  • Embajador de México ante la UNESCO en París, Francia (1963-1964).
  • Director general del Instituto Nacional de Bellas Artes (1965-1970).
  • Embajador de México en Atenas, Grecia (1971-1974).
  • Gerente General de Talleres Gráficos de la Nación (1975-1976).
  • Consejero de la Fundación Cultural Televisa (1975-1998).
  • Director del Fondo de Cultura Económica (1977-1982).
  • Presidente de los Comités Organizadores de las celebraciones de los centenarios de Ramón López Velarde (1988), y de Alfonso Reyes (1989).
  • Es Creador Emérito del Sistema Nacional de Creadores de Arte (1994).
  • Asesor del Secretario de Educación Pública (1993-1994).

Trayectoria académica y distinciones

  • Profesor de literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Como docente ha sido maestro huésped de la Facultad de Humanidades de la Universidad de El Salvador en 1951.
  • Fue director de la Academia Mexicana de la Lengua entre 1980 y 2002, y desde 2003, su director honorario perpetuo. Desde 1990 es miembro del Consejo de Administración del Fondo de Cultura Económica y de los Comités de Historia y de Literatura. Miembro de número de la Academia Mexicana de la Historia desde 1993.
  • Ha sido nombrado Doctor Honoris Causa de las siguientes instituciones: Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña en Santo Domingo, República Dominicana en 1984, por la Universidad Nacional Autónoma de México en 1996, y por la Universidad de las Américas en 1997.
  • Algunas de las condecoraciones y premios que ha recibido son: Officier d’Academie, de la República Francesa en 1947; Insignia José María Vigil como jalisciense distinguido en 1956; Comendador de la Orden al Mérito de la República Italiana en 1967; Premio Elías Sourasky (1978); En 1980, recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes. Premio Internacional Alfonso Reyes en 1982; medalla Ramón López Velarde, gobierno de Zacatecas, en 1988; Medalla de Honor de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, de Santander, España, en 1993; La Cruz de Alfonso X, (1998); Presea Miguel Othón de Mendizábal (medalla de oro), del INAH, por su contribución a la conservación, protección y difusión del patrimonio cultural mexicano, el 30 de noviembre de 2000.

Obras 

Destacan entre sus numerosos estudios y ensayos:

  • Elegía por Melibea y otros poemas.
  • El concepto de la muerte en la poesía española del siglo XV.
  • La técnica en literatura. Introducción.
  • Las letras patrias, de la época de la Independencia a nuestros días.
  • La emancipación literaria de México.
  • La expresión nacional. Letras mexicanas del siglo XIX.
  • Problemas literarios.
  • La literatura moderna de México.
  • La obra de Agustín Yáñez.
  • La Luna.
  • Unidad y diversidad de la literatura latinoamericana.
  • Nezahualcóyotl. Vida y obra.
  • Bernardino de Sahagún.
  • El mundo antiguo.
  • México en busca de su expresión literaria: 1810-1910.
  • Gerónimo de Mendieta.
  • Una muestra de la elaboración de la “Historia verdadera” de Bernal Díaz del Castillo.
  • El “Códice Florentino” y la “Historia General” de Sahagún.
  • Pasajeros de Indias, Viajes transatlánticos en el siglo XVI.
  • Origen y desarrollo del libro en Hispanoamérica.
  • Motecuhzoma y Cuauhtémoc, Los últimos emperadores aztecas. *Introducción a Grecia.
  • Hernán Cortés, Hernán Cortés, (versión abreviada).
  • Documentos cortesianos.
  • El mundo privado de los emigrantes de Indias.
  • Cruzar el Atlántico.
  • Guía para la navegación de Alfonso Reyes.
  • El trato con escritores y otros estudios.
  • La literatura mexicana del siglo XX.
  • Recuerdo de Lupita. (Autobiográfico)
  • José Rubén Romero, Vida y Obras.

Fuente: www.humanistas.org.mx