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(1908-1922)
Generación de Taller

Los caciques culturales. Por José Luis Martínez

Versión original: http://www.letraslibres.com/mexico/los-caciques-culturales

Así en el mundo político, en el de la cultura existen también caciques: el personaje más fuerte que guía a los demás, que dicta las reglas, protege a su grey y, excepcionalmente, castiga a los rebeldes. Suele llamársele maestro.
Cuando se estabiliza la actividad literaria con el triunfo de la República en 1867, el maestro o cacique es Ignacio M. Altamirano y su vigencia dura hasta 1889, cuando se va a España como cónsul de México. En la despedida que le organizó el Liceo Mexicano, Manuel Gutiérrez Nájera reconoció cuánto había hecho Altamirano por las letras nacionales y dijo que él era “algo así como el presidente de la república de las letras mexicanas”.
En la década final del siglo XIX y a principios del XX, ese magisterio recayó en Justo Sierra. Desde sus puestos en el Ministerio de Educación, él encauzaba y cuidaba a la grey literaria y daba becas a pintores como Diego Rivera para que fueran a Europa a “perfeccionarse”. Como subsecretario (1901-1905) y ministro de Instrucción Pública (1905-1911) al final del régimen porfiriano, pudo hacer e hizo mucho por la cultura y la educación, culminando su obra con la fundación de la Universidad Nacional en 1910. Su magisterio concluyó con su viaje a España en 1912, donde moriría poco después.
Lo ocurrido con estos dos primeros maestros-caciques va a determinar las características que tendrá esta función en nuestro siglo:

1. Deberá ser un escritor importante y en lo posible el mejor de su tiempo.
2. Deberá ocupar puestos que le permitan ayudar y proteger a los escritores jóvenes.
3. Deberá vivir en México.

En los primeros años del siglo XX, con el Ateneo de la Juventud, el dominicano Pedro Henríquez Ureña, aunque no tiene el poder, es el impulsor de la vida cultural y el maestro que guía a los ateneístas, sobre todo a Alfonso Reyes, a cuya formación intelectual se consagra.
El primer ateneísta que tuvo el poder fue José Vasconcelos que, en sus “años de águila” —como los llamó Claude Fell— de 1921 a 1924, como rector de la Universidad y secretario de Educación Pública, organizó la educación popular, creó bibliotecas, promovió la pintura mural, hizo espléndidas publicaciones, importó educadores hispanoamericanos y se rodeó de un renacentista conjunto de maestros, filósofos, escritores, arquitectos, artistas y poetas. Muchos de ellos lo siguieron en su aventura política de 1929, que fracasó y lo lanzó al destierro y a la confusión.
Vasconcelos —escribió Christopher Domínguez Michael— vivió sin consuelo durante treinta años, ofreciendo a sus compatriotas el espectáculo de la descomposición moral que infectó a una de las almas más turbulentas y hermosas de la historia nacional.
Después de una década sin cacique, en 1939 vuelve Alfonso Reyes de sus embajadas, instala su biblioteca, dirige La Casa de España y luego El Colegio de México y, durante una veintena de años, es el cabal hombre de letras, el amigo de toda la inteligencia del mundo, el padrino obligado de las nuevas revistas y de los nuevos escritores; es, pues, el cacique y maestro hasta su muerte en 1959. La correspondencia de don Alfonso con Octavio Paz, que acaba de publicarse, muestra la generosidad y el empeño con que el maestro intervino para la publicación del primer libro poético importante, Libertad bajo palabra, de Octavio.
Por estos años, Fernando Benítez realiza la hazaña de los suplementos culturales semanales que dirige a lo largo de más de cuarenta años y que serán muy influyentes. En torno a ellos se formó el grupo al que la maledicencia llamó la Mafia. Fueron los siguientes: Revista Mexicana de Cultura, de El Nacional (1947-1948) —que inició con Luis Cardoza y Aragón, que abrió el camino de interés y calidad; México en la Cultura, de Novedades (1949-1961) —con los notables diseños tipográficos de Miguel Prieto y Vicente Rojo, que continuarán, los de este último, en algunos de los siguientes; La Cultura en México, de Siempre! (1962-1971); Sábado, de unomásuno (1977-1985), y La Jornada Semanal, de La Jornada (1987-1989). En los tres últimos suplementos, José Emilio Pacheco y Carlos Monsiváis fueron colaboradores eficaces de Benítez. Los mejores escritores nacionales y extranjeros del momento; la variedad de temas siguiendo el “aire del tiempo”; la atención, además de la literatura, al arte, teatro, cine, filosofía y ciencias, y a la política cuando era preciso; la plasticidad y belleza del diseño tipográfico y las ilustraciones; el contar con plantas de escritores jóvenes e imaginativos para las tareas de redacción y una apertura constante para acoger a escritores destacados; la atención a los comentarios bibliográficos, todo esto, más un cierto aire juvenil y antisolemne, fueron las fórmulas que hicieron vivaces, legibles y valiosos los suplementos que dirigió Fernando Benítez.
El libro de Jorge Volpi La imaginación y el poder. Una historia intelectual de 1968 (1998), que es la exposición rigurosa de los acontecimientos en torno a la matanza de Tlatelolco, está apoyado fundamentalmente en las páginas de La Cultura en México, de Siempre!
Cuando Octavio Paz volvió a México, después de haber renunciado a la embajada en la India como protesta por Tlatelolco, tuvo una recepción excepcionalmente cálida. Poco después, fundó la revista Plural (1971-1976), a la que seguiría Vuelta (1976-1998). Él será el nuevo cacique cultural, aunque con discrepancias. Durante la época de Reyes, un grupo menor y pintoresco, el de Jesús Arellano, se burlaba del acatamiento que dábamos a don Alfonso. Con Paz, las discrepancias eran sobre todo políticas y llegaron a extremos como la quema de imágenes del escritor por sus opiniones acerca de los conflictos centroamericanos. Octavio solía ser agresivo no sólo en materias políticas sino aun en las literarias. Y se trenzó en polémicas ruidosas con Carlos Monsiváis, José Joaquín Blanco, Elías Trabulse y Fernando del Paso. De éstas la más sustanciosa, acerca de la función de las izquierdas, fue la de Monsiváis. Las otras se disolvieron y olvidaron. Y en cierta ocasión, sin que hubiera contienda, agredió a Víctor Flores Olea.
Pero, superando estas rispideces, Octavio Paz fue un cacique excelente y generoso. En su larga vida literaria escribió mucho sobre poetas, novelistas, ensayistas, pintores y arquitectos, de México y del mundo, no sólo elogiándolos sino precisando lo distintivo de cada uno. Y con sus amigos más cercanos se preocupó por abrirles el camino a instituciones o mover los resortes necesarios para que recibieran auxilio en sus dolencias.
¿Cuándo terminará el siglo XX para las letras mexicanas? Tengo la impresión de que ya ha concluido y que fue el 19 de abril de 1998, día de la muerte de Octavio Paz, en Coyoacán, Distrito Federal. Es muy remoto que, en el año y meses que restan del siglo, ocurra un acontecimiento tan grave como éste. Ese día se apaga la vida de uno de los mayores escritores mexicanos, a los 84 años de su fecunda existencia. En tanto que Alfonso Reyes es el cacique de nuestra vida literaria en parte de la primera mitad del siglo —digamos hasta su muerte en 1959—, Octavio Paz le sucede en el señorío en la segunda mitad. Fue nuestro “mayor faro”, como dijo Eduardo Lizalde. Así pues, en los días que restan para llegar al nuevo milenio, estamos en una especie de días nemontemi, de días francos que no cuentan.

José Luis Martínez, “Los caciques culturales, Letras libres, 31 de julio de 1999.

José Luis Martínez

(Atoyac, Jalisco; 1918 – Ciudad de México, 2007). Fue un destacado académico, diplomático, ensayista, historiador, cronista, bibliógrafo, editor y humanista mexicano. Fue director del Fondo de Cultura Económica entre 1977-1982. Cursó la carrera de letras españolas en la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional Autónoma de México y cursos aislados de filosofía e historia del arte de 1938 a 1943. 

Cargos ejercidos

  • Secretario particular del titular de la Secretaria de Educación Pública (1943-1946).
  • Diputado Federal por el Octavo Distrito de Jalisco (1958-1961).
  • Embajador de México ante la UNESCO en París, Francia (1963-1964).
  • Director general del Instituto Nacional de Bellas Artes (1965-1970).
  • Embajador de México en Atenas, Grecia (1971-1974).
  • Gerente General de Talleres Gráficos de la Nación (1975-1976).
  • Consejero de la Fundación Cultural Televisa (1975-1998).
  • Director del Fondo de Cultura Económica (1977-1982).
  • Presidente de los Comités Organizadores de las celebraciones de los centenarios de Ramón López Velarde (1988), y de Alfonso Reyes (1989).
  • Es Creador Emérito del Sistema Nacional de Creadores de Arte (1994).
  • Asesor del Secretario de Educación Pública (1993-1994).

Trayectoria académica y distinciones

  • Profesor de literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Como docente ha sido maestro huésped de la Facultad de Humanidades de la Universidad de El Salvador en 1951.
  • Fue director de la Academia Mexicana de la Lengua entre 1980 y 2002, y desde 2003, su director honorario perpetuo. Desde 1990 es miembro del Consejo de Administración del Fondo de Cultura Económica y de los Comités de Historia y de Literatura. Miembro de número de la Academia Mexicana de la Historia desde 1993.
  • Ha sido nombrado Doctor Honoris Causa de las siguientes instituciones: Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña en Santo Domingo, República Dominicana en 1984, por la Universidad Nacional Autónoma de México en 1996, y por la Universidad de las Américas en 1997.
  • Algunas de las condecoraciones y premios que ha recibido son: Officier d’Academie, de la República Francesa en 1947; Insignia José María Vigil como jalisciense distinguido en 1956; Comendador de la Orden al Mérito de la República Italiana en 1967; Premio Elías Sourasky (1978); En 1980, recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes. Premio Internacional Alfonso Reyes en 1982; medalla Ramón López Velarde, gobierno de Zacatecas, en 1988; Medalla de Honor de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, de Santander, España, en 1993; La Cruz de Alfonso X, (1998); Presea Miguel Othón de Mendizábal (medalla de oro), del INAH, por su contribución a la conservación, protección y difusión del patrimonio cultural mexicano, el 30 de noviembre de 2000.

Obras 

Destacan entre sus numerosos estudios y ensayos:

  • Elegía por Melibea y otros poemas.
  • El concepto de la muerte en la poesía española del siglo XV.
  • La técnica en literatura. Introducción.
  • Las letras patrias, de la época de la Independencia a nuestros días.
  • La emancipación literaria de México.
  • La expresión nacional. Letras mexicanas del siglo XIX.
  • Problemas literarios.
  • La literatura moderna de México.
  • La obra de Agustín Yáñez.
  • La Luna.
  • Unidad y diversidad de la literatura latinoamericana.
  • Nezahualcóyotl. Vida y obra.
  • Bernardino de Sahagún.
  • El mundo antiguo.
  • México en busca de su expresión literaria: 1810-1910.
  • Gerónimo de Mendieta.
  • Una muestra de la elaboración de la “Historia verdadera” de Bernal Díaz del Castillo.
  • El “Códice Florentino” y la “Historia General” de Sahagún.
  • Pasajeros de Indias, Viajes transatlánticos en el siglo XVI.
  • Origen y desarrollo del libro en Hispanoamérica.
  • Motecuhzoma y Cuauhtémoc, Los últimos emperadores aztecas. *Introducción a Grecia.
  • Hernán Cortés, Hernán Cortés, (versión abreviada).
  • Documentos cortesianos.
  • El mundo privado de los emigrantes de Indias.
  • Cruzar el Atlántico.
  • Guía para la navegación de Alfonso Reyes.
  • El trato con escritores y otros estudios.
  • La literatura mexicana del siglo XX.
  • Recuerdo de Lupita. (Autobiográfico)
  • José Rubén Romero, Vida y Obras.

Fuente: www.humanistas.org.mx