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(1938-1952)
Generación Hippie

Recordando a José Emilio Pacheco. Documental sobre su vida y obra

Breve documental sobre la vida y obra de José Emilio Pacheco, dirigido por Paulina Lavista:

Diálogo de los muertos: Alfonso Reyes y José Vasconcelos. Por José Emilio Pacheco

A Jesús Arellano: In Memoriam

Son las cinco de La mañana. La hora del Lobo. La hora en que, dice López Velarde, se nace, se muere y se ama. México parece un cementerio. Nadie se aventura a pie por las calles en que será invariablemente asaltado, si no por los ladrones por la patrulla. Con todo, no cesa el estruendo de los vehículos. En la esquina de lo que fueron calzada de Tacubaya y Juanacatlán aparece el fantasma de Alfonso Reyes. Cruza el Circuito Interior el espectro de José Vasconcelos y se aproxima a su amigo de juventud.

Vasconcelos: ¿Qué haces a estas horas, Alfonso?

Reyes: Contemplo mi calle. Un poco triste ¿no?

Vasconcelos: Cuando menos la animan alguna putas. En cambio la mía ni siquiera es calle. Un puente sin agua, un viaducto, algo hecho para las máquinas y no para los seres humanos.

Reyes: Después de muertos seguimos unidos: nuestras calles hacen esquina. Y en Tacubaya. Para nuestra generación fue muy importante Tacubaya.

Vasconcelos: Como verás, no queda nada de Tacubaya. No era un lugar de ricos como San Ángel. Acabaron con ella las obras viales, todas inconclusas, de no sé cuántos sexenios. Oye ¿qué es eso que se levanta donde estaban las bombas de la Condesa?

Reyes: El lmcé, más conocido como el monumento a la devaluación. ¿No quieres caminar un poco? Me gustaría aparecerme en mi casa. Hace veinte años que no la veo.

Reyes y Vasconcelos atraviesan la calle entre camiones que no se detienen, pero como no los ven tampoco pueden atropellarlos. Tomados del brazo caminan lentamente por la acera del Circuito Interior.

Vasconcelos: Veinte años. Llevamos muertos veinte años.

Reyes: Parecen veinte siglos. Es otro mundo. No me gustaría nada seguir viviendo en él.

Vasconcelos: Hay cosas buenas. Me da gusto comprobar que al fin se adoptaron oficialmente mis tesis sobre el criollismo.

Reyes: Cambiemos de tema. No critico al régimen ni me gusta hablar de política.

Vasconcelos: Ni la muerte pudo curarte de tu trauma, Alfonso; el general Reyes murió hace mucho tiempo. Todo es política en la vida.

Reyes: Todo es violencia. Jamás pude aceptarlo. Nunca quise el sufrimiento ni el exterminio de los demás.

Vasconcelos: Nadie te lo agradeció. Por eso no te leen. Tus virtudes no son de este siglo. Tu obra es una gratísima conversación, un salón literario portátil. Eres el compañero ideal para endulzar las incomodidades y abolir el tedio del viaje. Tu mundo es el siglo dieciocho, antes de la Revolución francesa por supuesto.

Reyes: ¿Y tú?

Vasconcelos: Hablé el lenguaje de la pasión, sacudí las conciencias como decíamos entonces. Ante mí nadie puede ser indiferente. Me odian o me veneran, Alfonso: no se limitan a respetarme. Soy algo más que una gloria literaria, una estatua a la que pocos vuelven la mirada. Soy muchos, no soy uno. En mí encamaron todas las contradicciones que forman la miseria y la gloria humana.

Reyes: Te admiro y me horrorizas, José. Por tu causa se derramó la sangre. Yo no conduje a nadie a su muerte.

Vasconcelos: Traté de redimir a este país de infamias, a esta tierra de asesinos, ladrones y fariseos.

Reyes: Tu tierra.

Vasconcelos: La nuestra, Alfonso. Somos lo que México hizo de nosotros.

Reyes: México y tu ambición y vanidad sin medida. ¿Por qué no te conformaste con ser lo mejor que fuiste? Tu sitio no estaba en la república del poder, al menos no de ese poder que buscaste.

Vasconcelos: Me robaron las elecciones.

Reyes: Y si no te las hubieran robado ¿sabes cuál hubiese sido tu destino? A los tres meses los generales, los empresarios y el embajador norteamericano te hubieran echado a patadas. Acuérdate de Madero, de Rómulo Gallegos y de Juan Bosch.

Vasconcelos: Tú no te arriesgaste, Alfonso. Por eso cometiste menos errores.

Reyes: Me arriesgué a ser nada más escritor, a darle a mi país lo único y lo mejor que podía darle.

Vasconcelos: Si, una obra encantadora e inconclusa. Proyectos, esquemas, puntos de partida, resúmenes, glosas. Muy bien escrita, claro. El estilismo. Siempre odié el estilismo, consuelo de los estériles y los cobardes.

Reyes: Lo odiaste porque no podías escribir prosa como Martín Luis ni como yo. Sin embargo, a pesar tuyo, fuiste un gran escritor. Ulises criollo es un libro prodigioso. Lo más parecido, junto con El águila y la serpiente y La sombra del caudillo, a una novela en una generación de extraordinarios prosistas y narradores que jamás pudimos escribir novelas ni dramas ni verdaderos poemas.

Vasconcelos: Fui un filósofo, intenté crear un sistema filosófico. En cambio tú, Alfonso -con toda la admiración que mereces y con medio siglo de afecto- no fuiste sino esa cosa amorfa y horrible que llamamos “hombre de letras” porque no podemos nombrarlo de una manera más precisa.

Reyes: Fui un escritor, a secas. Un ensayista.

Vasconcelos: Un especialista en generalidades. Alguien que mariposea sobre todos los temas y no se compromete con ninguno. Tu obra entera es periodismo, sin duda magistral y de suprema calidad literaria, pero al fin y al cabo periodismo.

Reyes: ¿Por qué te parece mal el periodismo? Democraticé hasta donde pude el saber de los pocos y lo llevé a quienes habían aprendido el alfabeto gracias a tu labor como secretario de Educación Pública. Además, Pepe, casi toda la literatura española de nuestra época es periodismo: Ortega, Unamuno, Azorín, Díez-Canedo. Tú también fuiste un gran periodista. Lástima que hayas puesto ese talento al servicio de las peores causas. Qué pena ver que terminaste tus días como editorialista estrella del coronel García Valseca.

Vasconcelos: No robé. Tenía que ganarme la vida. Acepto, si tú quieres, que me equivoqué trágicamente respecto a Hitler, Franco y Mussolini. Pero lo hice por antimperialismo, por creer que los enemigos de nuestros enemigos eran nuestros amigos.

Reyes: Pepe, no contribuyamos a la confusión general. Tu antiyanquismo fue tan de derecha como el de Federico Gamboa o Carlos Pereyra.

Inmersos en la discusión, Reyes y Vasconcelos han llegado sin darse cuenta frente a la casa del primero. Atraviesan las paredes y entran en la biblioteca.

Reyes: Todo está como lo dejé hace veinte años.

Vasconcelos: Un museo. Qué espanto.

Reyes: Pepe, estás a punto de alcanzar tu centenario (te quitabas la edad, como tu coterráneo don Porfirio). Los desplantes juveniles ya no te quedan. ¿Por qué no te sientas?

Vasconcelos: Déjame ver tus libros. Qué antiguallas. Mira, Toynbee. Dedicado. Ya nadie cita a Toynbee. Sic transit.

Reyes: Pero Toynbee fue el único que predijo adecuadamente lo que iban a ser los terribles setentas. Fortuna nuestra no haberlos vivido. Nadie, basado en el pensamiento socioeconómico ni en el pensamiento mágico, supo ver lo que nos esperaba, de la crisis petrolera a la crisis de Irán, de Camboya al Cono Sur. El 16 de diciembre de 1969 Arnold dijo: “En la próxima década la violencia llegará a extremos infernales. La situación será espantosa para todo el planeta, especialmente para el Tercer Mundo”.

Vasconcelos: Te da miedo la situación, Alfonso.

Reyes: Me aterra. Pienso siempre en lo que dijo T. W. Adorno: “Del mundo, tal como existe, uno nunca estará lo suficientemente asustado”.

Vasconcelos: Buscaste la paz. Paz en la guerra. Por eso a tu manera fuiste un freak. Perdona el pochismo: formamos, qué curioso, la primera generación mexicana que habló fluidamente el inglés. En un mundo donde todos quieren pelea, tú intentaste no hacerle daño a nadie. Por tanto interrumpiste la maquinaria. Todo se vino encima. Tu ideal hubiera sido no el siglo dieciocho -me equivoqué- sino el monasterio del siglo doce: libros, manuscritos, tranquilidad, buena mesa, buena cama. La isla rodeada de barbarie por todas partes. Alfonso, “fuego y sangre ha sido nuestro tiempo”. Tus virtudes -tolerancia, concordia, respeto humano- no son de este mundo. Aun muerto, eres un anacronismo viviente.

Reyes: Objeta lo que desees a esos rasgos. Cuando todo se ha dicho son preferibles a sus contrarios: intolerancia, inhumanidad, tortura, exterminio de quien no es o no piensa como yo.

Vasconcelos: El mundo es de los fuertes y de los crueles, Alfonso. Tu proyecto de vida es una utopía.

Reyes: Hace setenta años traducíamos en voz alta a Wilde. ¿Te acuerdas?: “No vale la pena ningún mapa que no incluya la isla de Utopía”.

La luz de la mañana invade la Capilla Alfonsina.

Vasconcelos: Adiós, Alfonso. Nos veremos en mi cementerio.

Reyes: Hasta muy pronto, Pepe, hasta el 82. Mientras tanto, no dejaré que mueras; te seguiré leyendo. A pesar de todo.

Vasconcelos: Yo también te seguiré leyendo, Alfonsito.

Desaparecen. La Capilla Alfonsina queda en silencio.

"Diálogo de los muertos: Alfonso Reyes y José Vasconcelos”. Proceso No. 164, 24 de diciembre de 1979. pp. 50-51, recogido en Asedio a Alfonso Reyes 1889-1989. México, IMSS -UAM-A, 1989, pp. 141-145.

Conversación entre Alfonso Reyes y Eusebio Juaristi

Un camino marcado por la curiosidad, la obstinación y la casualidad. Eusebio Juaristi en Cuernavaca

El 10 y 11 de septiembre de 2014, el Dr. Eusebio Juaristi (Profesor Emérito e Investigador en el Departamento de Química del CINVESTAV-IPN) compartirá con la comunidad académica y estudiantil del Tecnológico de Monterrey, Campus Cuernavaca, y de la Universidad Politécnica del Estado de Morelos, su discurso de ingreso a El Colegio Nacional Un camino marcado por la curiosidad, la obstinación y la casualidad; discurso en el que narra sus aventuras y peripecias como investigador en Ciencias químicas:

Tendría unos 12 años cuando el personaje central de una película de Walt Disney —un joven de 18 años que realizaba experimentos en el laboratorio ubicado en el sótano de su casa— despertó en mí la vocación por explorar e inventar cosas. Al terminar la Preparatoria, y gracias a una beca del Club Rotario de Querétaro gestionada por mi abuelo Gregorio Juaristi, me decidí por estudiar la carrera de licenciatura en ciencias químicas (LCQ) en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM). La mayor parte de mis amigos y compañeros estudiaban ingeniería química, por lo que estuve a punto de cambiarme de carrera, pero el doctor Xorge A. Domínguez, jefe del Departamento de Química del ITESM, me hizo ver la belleza, el orden y el enorme potencial de la química orgánica, y supo mantener en mí el entusiasmo por la investigación científica, de modo que me convenció de continuar en la carrera de LCQ.

10 de septiembre: Salón Learning Commons de la Biblioteca del Tecnológico de Monterrey, Campus Cuernavaca. 12:00 horas.

11 de septiembre: Auditorio Universidad Politécnica del Estado de Morelos. 12:00 horas.

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Alicia Reyes

Nació en la ciudad de México el 13 de junio de 1940. Poeta, narradora y ensayista. Directora de la Capilla Alfonsina, Caballero de la Orden de Artes y Letras, Condecoración Otorgada en 1977 por el Gobierno de Francia; Jurado del Premio Internacional Alfonso Reyes; Vocal de la Sociedad Alfonsina Internacional y Miembro Fundador de la misma; Miembro del Colegio de Literatura del Instituto Mexicano de Cultura y de la Unión Cultural Americana de Buenos Aires, Argentina; Miembro Fundador de la Academia de Ciencias y Humanística, A.C., y de la Sociedad de Literatura Mexicana. Fundadora de la Asociación de Café Helénico (Mtro. Antonio P. Rivas). Parte de su obra ha sido traducida al francés, inglés y portugués. Traductora de la poesía de Blaise Cendrars.

  Entre su producción literaria figuran los títulos: Genio y Figura de Alfonso Reyes (Biografía, cuatro ediciones, la última del Fondo de Cultura Económica, con una primera reimpresión en 2001);  tres novelas, Fetiche (Primera Edición 1984), El Almacén de Coyoacán (2da edición, EditorialScripta/Ediciones a la Carta, 2003, 137 pp.); Aniversario número 13 (2da edición, Editorial Scripta/Ediciones a la Carta, 2004, 173 pp.);  dos Antologías: Cómo Apreciar a Alfonso Reyes, editorial  Panorama, 1990; Cuentos de Alfonso Reyes (Primera edición y prólogo Alicia Reyes, editorial Océano, 2000. Segunda edición y prólogo Alicia Reyes, Editorial Océano, Secretaría de Educación Publica, Comisión Nacional de Libros de Texto y Gratuitos, 2003, con un tiraje de 16 465 ejemplares) y, seis libros de poesía. Un libro de cuentos: Sólo un perfume tenue y otros cuentos. Instituto Mexiquense de Cultura, 1995. Cuadernos de Malinalco.  Para don Alfonso Reyes.  Dedicatorias. Autor: Jorge Pedraza Salinas, Prólogo por Alicia Reyes. Monterrey, Nuevo León, México Noviembre de 1990. Alfonso Reyes de cuerpo entero. Compilación introducción y notas de Jorge Pedraza Salinas. Prefacio de Alicia Reyes. Universidad Autónoma de Nuevo León/Capilla Alfonsina, 1999. Antología de Alfonso Reyes. Introducción y Selección de Ernesto Mejía Sánchez, Breve Biografía por Alicia Reyes.Promexa-Editores, México 1979. Poesía 1912-1919, Blaise Cendrars. Edición bilingüe. Traducción de Alicia Reyes Carlos Bonfil y Marc Cheymol. Textos de difusión Cultural, Serie el Puente. Coordinación de Difusión Cultural, Dirección de Literatura/UNAM, México, 1995. Voces para un retrato, ensayos sobre Alfonso Reyes. Compilador Víctor Díaz Arciniegas. Ensayo de Alicia Reyes: ¿Por qué los epistolarios de Alfonso Reyes? Universidad Autónoma Metropolitana/Unidad Azcapotzalco, Fondo de Cultura Económica, primera edición, México, 1990.  Presencia de Alfonso Reyes, Homenaje en el X aniversario de su muerte (1959-1969). Introducción, Alicia Reyes. Fondo de Cultura Económica, México, Primera edición 1969. Retratos y Autorretratos: De Griselda Álvarez a Ángeles Mastretta. Coedición: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Instituto Nacional de Bellas Artes, primera edición 2006. Mujeres mexicanas del siglo XX, la otra revolución. Bajo la dirección de: Francisco Blanco Figueroa. En busca de las nuevas Atenas de Alicia Reyes. Editorial Edicol, México, 2001. Humanismo: mujer, familia y sociedad.  VIII Simposium Internacional. Compilación Dr. Mariano García Viveros y Lic. Angélica Pulido. Los valores humanos y la mujer por Alicia Reyes. Instituto Nacional de Nutrición, primera edición, 1996. Trilogía poética de las Mujeres en Hispanoamérica pícaras, místicas y rebeldes. Selección de: Aurora Marya Saavedra, Maricruz Patiño, Leticia Luna. Tikanjáforas de Alicia Reyes. Tomo I. Ediciones La Cuadrilla de la Langosta, 2004. Encargada de la edición Margarita Vera Cuspinera,  Alfonso Reyes y la medicina de Alicia Reyes, Universidad Nacional Autónoma de México, 1981.

Fuente: Capilla Alfonsina (INBA

Adolfo Castañón

(Ciudad de México, 1952) Poeta, ensayista, editor y crítico literario mexicano. Estudioso de las letras y gastrónomo completamente autodidacta, ha sido miembro del consejo de redacción de varias revistas en Latinoamérica, entre las que se encuentran La Cultura en México, Suplemento de Siempre, Vuelta, Letras Libres y Gradivia. Laboró durante más de 30 años en el Fondo de Cultura Económica donde desempeñó distintos cargos del oficio editorial. Gran lector de todos los géneros, es también admirador y estudioso de la obra de Alfonso Reyes, de quien ha dicho que fue “el poeta y crítico que sentó las bases de un canon moderno de la prosa y del verso para las letras mexicanas e hispanoamericanas”. Ingresó a la Academia Mexicana de la Lengua en marzo de 2005, ocupando la silla número dos de la institución, que antes perteneciera a Francisco Monterde y a Héctor Azar. Por sus publicaciones ha recibido el Premio Diana Moreno Toscano (1976) y el Premio Mazatlán de Literatura 1995. En el 2009 Castañón fue merecedor del Premio Xavier Villaurrutia de 2008, máximo galardón para las letras mexicanas, por Viaje a México. Ensayos, crónicas y retratos.También en ese mismo año fue ganador del Premio Nacional de Periodismo José Pagés Llergo —en su modalidad de publicación o programa cultural por televisión— por su programa Los maestros detrás de las ideas, transmitido por TV UNAM. Entre sus obras se encuentran:

Fuera del aire (1978)
El reyezuelo (1978)
Cheque y carnaval (1978)
El pabellón de la límpida soledad (1991)
Alfonso Reyes Ochoa, Caballero de la voz errante (1991)
El mito del editor y otros ensayos (1993)
Sombra pido a una fuente (1994)
Arbitrario de literatura mexicana (Paseos I) (1993)
Macrocefalia, en colaboración con Jaime Moreno Villareal y Fabio Morábito (1994).
La gruta tiene dos entradas (Paseos II) (1995), Premio Mazatlán de Literatura 1995
El jardín de los eunucos (Paseos III) (1996)
Lugares que pasan (IV) (1998)
Tránsito de Octavio Paz (1914-1998) (1999)
Grano de sal (2000)
A veces prosa (2003)
La campana y el tiempo (1973-2003) (2004)
Viaje a México. Ensayos, crónicas y retratos (2008)

Fuente: www.humanistas.org.mx