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Los retos de la sociedad por venir: justicia, democracia e interculturalidad. Por Braulio Hornedo

Ciclo de conferencias Los grandes momentos del indigenismo en México

Presentación de la Cátedra Luis Villoro

Dr. Braulio Hornedo Rocha

10 de septiembre, 18:00 horas

Museo de Arte Indígena Contemporáneo

Entrada libre

Luis Villoro-Braulio Hornedo

Conversación entre Alfonso Reyes y Eusebio Juaristi

Las dimensiones del poder y la responsabilidad de los intelectuales. Universidad: poesía, política y pueblo

Seminario de investigación y ciclo de conferencias magistrales 2014

Las dimensiones del poder y la responsabilidad de los intelectuales. Universidad: Poesía, Política y Pueblo

Dr. Braulio Hornedo Rocha

Disciplinas: Ciencia política/ Filosofía/ Historia/ Literatura / Educación / Antropología

Justificación y motivos de la cátedra

El polígrafo Alfonso Reyes ha sido considerado, por algunos de los más destacados intelectuales del mundo y de su tiempo, como uno de los principales humanistas mexicanos del siglo XX. Lo han dicho los argentinos, Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, los chilenos Gabriela Mistral y Pablo Neruda, los colombianos Gabriel García Márquez y Germán Arciniegas, los españoles José Gaos, Juan Ramón Jiménez y Fernando Savater, y los mexicanos: Octavio Paz, Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco, Gabriel Zaid, José Luis Martínez y Adolfo Castañón entre muchos otros.

Con esta cátedra nos proponemos investigar de entre las varias facetas del quehacer Alfonsino; como teórico y creador literario; como filósofo e historiador; como helenista y divulgador de la ciencia, como narrador y poeta; como diplomático y fundador de instituciones educativas y culturales; nos interesa destacar el papel del Reyes educador y crítico cultural, que es una de las facetas menos estudiadas pero de mayor actualidad y urgencia de reflexionar en nuestro tiempo.

Objetivos generales

  • Esclarecer el legado cultural de don Alfonso Reyes, en el marco de las tradiciones del pensamiento humanista mexicano e hispanoamericano del siglo XX, en torno a la responsabilidad de los intelectuales ante las diferentes dimensiones del poder (económico, político, militar, científico, entre otros).
  • Contribuir en la identificación y documentación de diez generaciones (1810, 1825, 1840, 1855, 1870, 1885, 1900, 1915, 1930, 1945) en las tradiciones del pensamiento humanista mexicano, considerando como centroide la generación a la que pertenece el propio Reyes (1885).
  • Formular una descripción histórica cultural del papel de Alfonso Reyes como universitario y artífice de la fundación de la Universidad Popular Mexicana, El Colegio de México y El Colegio Nacional, tres de las más insignes instituciones educativas mexicanas en el siglo XX.

Metas específicas

Al final del curso el participante podrá:

  • Definir conceptualmente las nociones de generación, conversación, intercultural, tradición del pensamiento, intelectual, poder, crítica, cultura del progreso, convivencialidad, megamáquina, sistemas complejos, desescolarización, ecología política, municipalismo libertario.
  • Analizar la relación política, social y cultural entre el poder económico, político, militar y la “república de las letras” en el siglo XX mexicano.
  • Criticar las prácticas educativas y políticas que nos impone la “cultura del progreso”. Utilizar el método histórico de las generaciones para la identificación y comprensión de las tradiciones del pensamiento humanista en México e Hispanoamérica. 

Programa

Fecha:
Temas:
Lectura:
  31/07/2014
El método histórico de las generaciones como instrumento del análisis filosófico, político y literario
Ortega, José. El tema de nuestro tiempo, Ed. Porrúa, México, 1985. Marías, Julián, Literatura y generaciones, Espasa Calpe, Madrid, 1975. www.humanistas.org.mx Ponente: Dr. Braulio Hornedo Rocha
14/08/2014
Alfonso Reyes y José Vasconcelos. Octavio Paz y Gabriel Zaid. Una tradición intelectual
Garciadiego, Javier. Simpatías y diferencia entre Alfonso Reyes y José Vasconcelos. www.catedrareyes.org Ponente: Dr. Javier Garciadiego
28/08/2014
La generación del Ateneo, la generación de Contemporáneos, la genereción de Taller, la generación de Medio siglo
Matute, Álvaro. El Ateneo de México, Fondo de Cultura Económica, México, 1999 www.alfonsoreyes.org Ponente: Dr. Álvaro Matute
11/09/2014
México en la obra de Alfonso Reyes y Octavio Paz
Castañón Adolfo. México en la obra de Alfonso Reyes. www.alfonsoreyes.org Ponente: Mtro. Adolfo Castañón
25/09/2014
La afición de Grecia
Reyes, Alfonso, Obras completas XVI, Fondo de Cultura Económica www.greciaclasica.org.mx Ponente: Dra. Verónica Peinado
09/10/2014
Recuerdos de don Alfonso Reyes. Video conferencia (2000)
Reyes, Alfonso, Obras completas XVI, Fondo de Cultura Económica www.greciaclasica.org.mx Ponente: Don José Luis Martínez +
23/10/2014
Un abrazo para Alfonso Reyes. Video conferencia. (2000)
Poniatowska, Elena. Un abrazo para Alfonso Reyes. www.catedrareyes.org Ponente: Mtra. Elena Poniatowska
06/11/2014
La Ilíada de Homero en Cuernavaca
Reyes, Alfonso, Obras completas XVI, Fondo de Cultura Económica www.greciaclasica.org.mx Ponente: Dr. Braulio Hornedo
20/11/2014
Los poetas Alfonso Reyes, Octavio Paz y Gabriel Zaid o la lucha con el ángel
Quirarte, Vicente, La lucha con el ángel www.alfonsoreyes.org. www.univirtual.mx Ponente: Dr. Vicente Quirarte
05/12/2014
Universidad, política y pueblo.
Pacheco, José Emilio, Universidad, política y pueblo, UNAM, México 1967 www.alfonsoreyes.orgwww.univirtual.mx Ponente: Dr. José Emilio Pacheco +

Bibliografía básica

Garciadiego, Javier, Alfonso Reyes, Planeta, México, 2009.

Illich, Iván. Obras reunidas. Vol. 1, Fondo de Cultura Económica, México, 2005.

Marías, Julián, Literatura y generaciones, Espasa Calpe, Madrid, 1975. Oakeshott, Michael, El racionalismo en política, Fondo de Cultura Económica, México, 2000.

Ortega y Gasset, José, El tema de nuestro tiempo, Ed. Porrúa, México, 1985.

Pacheco, José Emilio, Universidad, política y pueblo, UNAM, México, 1967.

Reyes, Alfonso, Obras completas. Vols. I al XXVI, Fondo de Cultura Económica, México.

Reyes, Alicia, Genio y figura de Alfonso Reyes, Fondo de Cultura Económica, México, 2000.

Rob J.W. comp., Páginas sobre Alfonso Reyes, 8 vols. El Colegio Nacional, México, 1998.

Velasco, Ambrosio, Republicanismo y multiculturalismo, Siglo XXI, México, 2006.

Zaid, Gabriel, “Instituciones de la conversación”, Memoria, El Colegio Nacional, México, 2006.

Zaid, Gabriel, El secreto de la fama, Debolsillo, Random House, México, 2013.

Bibliografía y videografía en línea

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www.catedrareyes.org

www.humanistas.org.mx

www.ivanillich.org.mx

www.octavio-paz.com

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www.greciaclasica.org.mx 

Informes

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E-mail: catedrareyes@gmail.com

Cuernavaca, Morelos, México

La Ilíada de Homero (en Cuernavaca). Aristía de Alfonso Reyes. Por Braulio Hornedo Rocha

Ya estoy aquí en la tarea que Dios me dio.

Diario de Alfonso Reyes (15-X-1948)

A Gabriel (70) y Marycruz (80)

¿Tiene sentido distinguir entre la vida y la obra de Alfonso Reyes?, ¿acaso él mismo no lo dejó claramente establecido al final de su Constancia poética? “Quiero que la literatura sea una cabal explicación, y, por mi parte, no distingo entre mi vida y mis letras”. ¿No dijo Goethe que “todas mis obras son fragmentos de una confesión general”?

Es tan abundante y variada la obra de Alfonso Reyes que inevitablemente intimida hasta a los más valientes lectores. La primera vez que abordamos el intento de leerlo nos preguntamos ¿por dónde empezar? Los veintiséis gruesos volúmenes donde se agrupan las 13,404 páginas que componen la edición de sus Obras completas en el Fondo de Cultura Económica, nos confirman ese acierto de Octavio Paz al señalar que los libros de Alfonso Reyes, no sólo son una obra, sino toda una literatura.

Ensayo, narrativa, crítica, teoría e historia literaria; filosofía, divulgación de la ciencia, memorias, dramaturgia y poesía, son algunos de los caudalosos afluentes que desembocan en la mar de la “literatura alfonsina”. Su curiosidad intelectual lo abarca todo, desde la Crítica en la edad ateniense, hasta la poética en la obra de José Martí bajo la perspectiva de la mecánica cuántica. Lo mismo cultiva la recreación (que no sólo la traducción) de La Ilíada de Homero, que reflexiona cretinamente sobre la mezcalina, los garbanzos, el infinito, el cine, la radio, la servidumbre voluntaria o la teoría matemática de la información y los límites de la física. “Todo lo sabemos entre todos” era un proverbio que gustaba repetir, pero creo que sobre todo, le gustaba encarnarlo con su ejemplo.

Reyes “descubre” Cuernavaca en 1947 a la “breve distancia de un suspiro” de la Ciudad de México, buscando un lugar aislado para trabajar, y un clima y altura más adecuados para la dolencia cardiaca que padece desde 1944. Encuentra en Cuernavaca “la tibieza vegetal donde se hamaca el ser en filosófica mesura”. Y estas pausas de libertad y esparcimiento creador le permiten tomar distancia de los ajetreos burocráticos derivados de sus múltiples responsabilidades como Presidente de El Colegio de México, fundador de El Colegio Nacional y miembro numerario en la Academia Mexicana de la Lengua, de la que será su director de 1957 a 1959.

Se hospeda las primeras ocasiones en el Hotel Chulavista y posteriormente se aficiona más al Hotel Marik en el centro de la ciudad de Cuernavaca; allí tiene un cuarto favorito desde donde contempla las formaciones rocosas tepoztecas como “indostánicas pagodas” o monumentales escenografías de “óperas wagnerianas”. Se ocupa en ese año (1947) y en el siguiente de su traslado, no sólo llana traducción de la Ilíada de Homero, vertiendo el modelo original griego escrito en hexámetros, al español en versos alejandrinos (verso de catorce sílabas, dividido en dos hemistiquios, rimados y pareados), pero Reyes piensa sobre todo en el lector común y corriente, a quien las traducciones eruditas definitivamente lo espantan y hasta terminan ahuyentándolo. Pensaba como coautor, y quizá mejor, como cómplice de Homero, ocupándose atento en los lectores contemporáneos.

Esta tarea que “Dios le dio” es un ambicioso proyecto que, como diría su admirado Goethe, sólo un “epipoeta” de su talla podría emprender. Ya el sólo hecho de “transportar el verso homérico a las lenguas vivas es más difícil que encerrar al genio en la botella”, y si a esto le agregamos el hacerlo con una métrica y un ritmo derivados de la rima castellana, entonces sí, la tarea parece poco menos que imposible, aún para un equipo numeroso de especialistas y ayudantes con becas, equipamientos y presupuestos millonarios como se estila en las universidades hoy en día. Que decir entonces de un solo poeta al finalizar sus cincuenta y trabajando por su cuenta.

Entre septiembre y noviembre del año 1948, Alfonso Reyes escribe en sus cada vez más frecuentes estancias en el Marik, (como para descansar haciendo adobes, dice el nunca mejor aplicado refrán) una colección de sonetos a manera de divertimento “prosaico, burlesco y sentimental, ocio o entretenimiento al margen de La Ilíada“. Recrea entre humorista y erudito, en ingeniosos sonetos, algunos de los personajes de la saga griega, instalándolos en Cuernavaca. Publica esta primera versión (de lo que será su Homero en Cuernavaca) al año siguiente (1949) en la revista Ábside, y dedica esta publicación al editor de la misma, “el sabio, inolvidable amigo y probo sacerdote (…) honra y luto de nuestras letras, desaparecido ha poco en plena labor”, el padre Gabriel Méndez Plancarte, a quien Reyes apreciaba mucho por una estrecha amistad literaria y enigmáticamente espiritual. Y digo enigmática, porque es de hacerse notar como bien señala su colega y paisano Gabriel Zaid que:

Nada parece más ajeno a la obra de Reyes que el espíritu religioso. Su herencia liberal (y hasta masónica: su padre, como casi todos los hombres del poder entonces, era importante en la masonería); su afición de Grecia, de Goethe, de la Francia libertina; su gusto por la vida, su optimismo, su olímpica sonrisa (que vuela sobre el mal, en vez de sumergirse en la conciencia desgarrada) parecen indiferentes a la fe, la duda, la negación (Obras II, El Colegio Nacional, 1993, 531-540).

“No leo la lengua de Homero; la descifro apenas”. Empieza por advertirnos don Alfonso en su prólogo a La Ilíada, como jugueteando detrás de un guiño, con esa singular sonrisa de niño que parece coronar en sus chinescos ojos, redondeándolos después para continuar, como si nada, con la cita que viene al caso:

Aunque entiendo poco griego -como dice Góngora en su romance-, un poco más entiendo de Grecia. No ofrezco un traslado de palabra a palabra, sino de concepto a concepto, ajustándome al documento original y conservando las expresiones literales que deben conservarse, sea por su valor histórico, sea por su valor estético. Me consiento alguna variación en los epítetos, cierta economía en los adjetivos superabundantes; castellanizo las locuciones en que es lícito intentarlo. Hasta conservo algunas reiteraciones del sujeto, características de Homero, y muy explicables por tratarse de un poema destinado a la fugaz recitación pública y no a la lectura solitaria. Pero adelanté con cuidado y prudencia, sin anacronismos, sin deslealtades. La fidelidad ha de ser de obra y no de palabra (Obras completas XIX, 91).

Este prólogo esclarecedor y además breve -recordemos que si lo bueno breve, dos veces bueno- está firmado en Cuernavaca durante el mes de noviembre de 1949, mientras terminaba la IX Rapsodia y revisaba y corregía incansable las anteriores. Con un estado de ánimo entusiasta anota en su diario:

Vuelvo a Cuernavaca, donde ¡acabé la IX Rapsodia de La Ilíada! y estoy en anotación general, puntas y ribetes, corrección de copias en limpio… Llegué a las 4 p.m. Tarde templadita y cielo sin mancha. ¡A trabajar en Homero! (…) Acabé mi faena a las 12 1/2 de la noche! De entusiasmo he perdido el sueño (Obras completas XIX, 12).

Entre insomnios entusiastas y correcciones inacabables transcurre el año de 1950, hasta que por fin entrega su Ilíada al Fondo de Cultura Económica el 8 de agosto. Todavía deberá de transcurrir un año para que:

Orfila, Joaquín Diez-Canedo, Agustín Millares, Raimundo Lida, y Julián Calvo me traen los preciosos primeros ejemplares de mi Ilíada I (tres ordinarios y uno fino), con colofón de 15 de septiembre (de) 1951.

Reyes está feliz como niño con juguete nuevo; la obra, la edición y hasta la crítica son resplandecientes, como ese Sol de Monterrey “despeinado y dulce, claro y amarillo, ese sol con sueño que sigue a los niños”. Azorín publica una nota el 22 de julio del año anterior en el ABC de Madrid reconociendo que Reyes traslada su penetrativa del mundo clásico español al mundo helénico.

Las reacciones de los críticos en México y el mundo son semejantes en su admiración y reconocimiento. José Moreno Villa (Suplemento de Novedades, México, 20 de enero de 1952), Medardo Vitier (Diario de la Marina, La Habana, Cuba, 8 de marzo de 1952), Bernabé Navarro (Excélsior, México, 20 de abril de 1952), José Luis Lanuza (La Nación, Buenos Aires, 4 de mayo de 1952), Daniel Devoto (Sur, Buenos Aires, julio y agosto de 1952), Germán Arciniégas (Revista literaria Tegucigalpa, octubre 1952).

Recibe numerosas cartas personales de reconocimiento, de humanistas de la talla de Ramón Menéndez Pidal, Werner Jaeger, Tomás Navarro Tomás y José Gaos, entre otros notables pensadores, quienes coinciden en identificar una gran obra poética reflejo y recreación de otra gran obra poética. Alfonso Reyes es por esta hazaña singularísima “Aristía de Alfonso” con orgullo y desde entonces, nuestro Homero en Cuernavaca.

La Universidad Autónoma del Estado de Morelos comparte este orgullo con los lectores de una nueva centuria, reconociendo el generoso apoyo de innumerables personas e instituciones nacionales y extranjeras, entre las que es ineludible mencionar a Alicia Reyes, José Luis Martínez, José Emilio Pacheco, Gabriel Zaid y Adolfo Castañón, todos ellos fundadores del consejo directivo de la Cátedra Alfonso Reyes – El Colegio Nacional – UAEM. Así como agradecer también a la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad Autónoma del Estado de Nuevo León, el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, la Academia Mexicana de la Lengua, CONACULTA – INBA,  el Fondo de Cultura Económica, El Colegio de México, y muy particularmente destacar nuestro reconocimiento a El Colegio Nacional.

Finalmente agradecemos a Ulrika Borges, María Elena García Pérez, Itzé Godínez Guerrero, Braulio Hornedo Farriol, Mila Nayelli Hornedo Farriol, María Trinidad Jacobo Soza, Angélica Jaimes Jiménez, Viridiana Moreno López, Enrique Palacios Martínez, Manuel Prieto Gómez, Adán Santamaría Ochoa, Mauricio Santoveña Arredondo, Miriam Suárez de la Vega y Camerina Soza García su generosa, entusiasta y a veces hasta involuntaria participación en el grupo editor responsable por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos y Matemágica.

Este libro obedece a diversos criterios de selección, prefiero aceptar que son arbitrarios antes que antológicos o representativos, lo que resume sus pretensiones es resumir lo escrito por Reyes en Cuernavaca; o bien, con temática relativa a esta ciudad donde “como vino cordial; trina la urraca y el laurel de los pájaros murmura… (mientras) el tiempo mismo se suspende y dura…”

Braulio Hornedo Rocha,

Cuernavaca, Morelos, México, noviembre de 2004

Enrico Mario Santí y Octavio Paz

Ensayo

A propósito de uno de los ensayos más importantes de Octavio Paz, Enrico Mario Santí establece:

El laberinto de la soledad (1950), del poeta mexicano Octavio Paz (1914-1998), es una de las piezas claves de la literatura moderna: ensayo él mismo moderno y reflexión crítica sobre la modernidad. En la historia de la literatura hispanoamericana se trata de la prosa ensayística más importante de este siglo, la que ha influido más en el pensamiento y en la literatura de lengua española y resonado más en los de otras lenguas. En el contexto intelectual hispánico, pertenece a la tradición del ensayo de identidad nacional -lo que en Alemania se llamó, en cierto momento la Völkerpsychologie (psicología de los pueblos) y que durante el siglo XIX repercutió en todo el continente, incluyendo España.

Santí. Laberinto de la soledad
19ª edición, 2013 Ilustración de cubierta: Marie-José Paz, El hilo de Ariadna (collage). @Octavio Paz

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Cátedra Alfonso Reyes en Cuernavaca. Radio Universidad Autónoma del Estado de Morelos

Octavio Paz, homenaje a cien años de su nacimiento. Por Agapito Maestre

Discurso inaugural del Dr. Agapito Maestre, Consejero de Educación de la Embajada de España en México, durante el homenaje a Octavio Paz por el centenario de su nacimiento. Puebla, noviembre 6 de 2013. Biblioteca Palafoxiana

El deslinde. Por Alfonso Reyes

Cuatro lecciones sobre la Ciencia de la Literatura, en el Colegio de San Nicolás, Morelia, entre mayo y junio de 1940, han sido la ocasión  de este libro. Las lecciones formaban parte de los Cursos sobre el siglo XX, primera etapa de la Universidad de Primavera “Vasco de Quiroga“. Entre los actos con que se celebró el IV Centenario de aquel Colegio, ninguno más atinado que la creación de esta Universidad viajera, que de año en año ha de transportar su sede a otras ciudades de la provincia, corrigiendo así un aislamiento tan desventajoso para los intereses generales del país como incompatible con las más elementales conceptos de la cultura y de la política. Los dos mayores peligros que amenazan a las naciones, de que todos los demás dependen, son la deficiente respiración internacional y la deficiente circulación interna. A la luz de estos dos criterios podrían interpretarse algún día todas las vicisitudes mexicanas.

Las lecciones originales, necesariamente limitadas por la circunstancia, han sido objeto de sucesivas transformaciones posteriores y han ido dando de sí nuevos desarrollos. Entonces se trataba de situar nuestra materia dentro del cuadro general de una cultura, abarcando a grandes trazos un panorama inmenso, y prescindiendo, además, de muchos sondeos que hubieran resultado excesivos. Hubo, pues, que refundirlo todo. Esto produjo en el primitivo cuadro una proliferación interior. Sus especies implícitas afloraron a la superficie como en la placa fotográfica que poco a poco se revela.

Y de aquí han resultado varios ensayos que iré publicando uno tras otro: ya sobre la Ciencia de la Literatura propiamente tal, ya sobre la descripción de sus técnicas específicas, ya sobre los fundamentos de la Teoría Literaria, a la cual sirve de introducción este libro. Puedo decir de él que se parece al bosquejo original como se parece un huevo a una granja de avicultura.

Reduzco al mínimo mis referencias bibliográficas —puesto que la primitiva exposición se ha convertido en una tesis personal—, procurando que ellas correspondan a la necesidad de mis argumentos y sin entregarme a ostentaciones inútiles. Porque no quise hacer “un libro que los acote todos desde la A hasta la Z”, y porque en esta ocasión al menos, yo también me sentí “poltrón y perezoso de andarme buscando autores que digan lo que yo me sé decir sin ellos”. Se ha escrito tanto sobre todas las cosas, que la sola consideración de la montaña acumulada en cada área del saber produce escalofríos y desmayos, y a menudo nos oculta los documentos primeros de nuestro estudio, los objetos mismos y las dos o tres interpretaciones fundamentales que bastan para tomar el contacto. Nuestra América, heredera hoy de un compromiso abrumador de cultura y llamada a continuarlo, no podrá arriesgar su palabra si no se decide a eliminar, en cierta medida, al intermediario. Esta candorosa declaración pudiera ser de funestas consecuencias como regla didáctica para los jóvenes —a quienes no queda otro remedio que confesarles: lo primero es conocerlo todo, y por ahí se comienza.

A. R. Definiciones Literatura

Pero es de correcta aplicación para los hombres maduros que, tras de navegar varios años entre las surtes de la información, han llegado ya a las urgencias creadoras. Los Chadwick nunca hubieran alcanzado sus preciosas conclusiones sobre la génesis de las literaturas orales si no se atreven a prescindir de lo que se llama “la literatura de la materia“. Para los americanos —una vez rebasados los intolerables linderos de la ignorancia, claro está— es mucho menos dañoso descubrir otra vez el Mediterráneo por cuenta propia (puesto que, de paso y por la originalidad del rumbo, habrá que ir descubriendo algunos otros mares inéditos), que no el mantenernos en postura de eternos lectores y repetidores de Europa.

La civilización americana, si ha de nacer, será el resultado de una síntesis que, por disfrutar a la vez de todo el pasado —con una naturalidad que otros pueblos no podrían tener, por lo mismo que ellos han sido partes en el debate—, suprima valientemente algunas etapas intermedias, las cuales han significado meras contingencias históricas para los que han tenido que recorrerlas, pero en modo alguno pueden aspirar a categoría de imprescindibles necesidades teóricas.

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Alfonso Reyes. Por José Luis Martínez

Por Adolfo Castañón

La vida

Hijo del general Bernardo Reyes y de la señora Aurelia Ochoa de Reyes, oriundos del estado de Jalisco, Alfonso Reyes nació en Monterrey, Nuevo León, el 17 de mayo de 1889. Allí mismo inició sus estudios y en 1905 se trasladó a la Ciudad de México para continuarlos en la Escuela Nacional Preparatoria. En este año publicó sus primeros versos en El Espectador, de Monterrey. Mientras cursaba la carrera de abogado, que concluiría en 1913, participó en las empresas culturales del Ateneo de la Juventud al lado de una generación ilustre: Antonio Caso, José Vasconcelos, Pedro Henríquez Ureña, Martín Luis Guzmán, Julio Torri, Genaro Fernández Mac Gregor, entre otros.

Los sucesos políticos y la trágica muerte de su padre lo empujaron a Europa a mediados de 1913. En Francia y España, donde permanecerá de 1914 a 1927 escribe intensamente, sirve cargos diplomáticos y trabaja como investigador filológico en el Centro de Estudios Históricos de Madrid. De 1927 a 1939 es representante de México en Buenos Aires y Río de Janeiro. A principios de 1939 regresa definitivamente a México donde organiza y preside La Casa de España que luego se transforma en El Colegio de México. En varias etapas de su vida enseñó literatura. Universidades e instituciones de Europa y América le otorgaron los máximos honores académicos y solicitaron para él el Premio Nobel.

Presidió desde 1957 hasta su muerte la Academia Mexicana de la Lengua y fue miembro fundador de El Colegio Nacional. En 1955, al cumplirse 50 años de su carrera literaria, se le tributaron honores y homenajes y se comenzó la publicación de sus Obras completas. Murió en la ciudad de México, D.F., el 27 de diciembre de 1959 y fue sepultado en la Rotonda de los Hombres Ilustres, del Panteón Civil.

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El Dios Amarillo. Por Alfonso Reyes Ochoa

Hay, en la familia materna, un personaje que me deslumbra. Vivía en las Islas Oceánicas, con centro principal en Manila. O los tenía por derecho propio, o había adquirido los rasgos de aquellos pueblos, a tanto respirar su aire y beber su agua, como diría Hipócrates. Desde luego, tartajeaba en lengua española; y los ojos vivos y oblicuos le echaban chispas las raras veces que llegaba a encolerizarse.

Traficaba en artes exóticas. Traía hasta Jalisco ricos cargamentos de sedas, burato y muaré; chales, mantones, telas bordadas que apenas alzaban entre sus cuatro esclavos, y gasas transparentes urdidas con la misma levedad de los sueños, cendales de la luna.

Un esclavo lo bañaba y lo ungía de extraños bálsamos, otro le tejía y trenzaba las guedejas, el tercero lo seguía con un parasol, el cuarto lo llevaba a casa de mi Abuela Josefa —creo que era su Abuelo— la butaca de madera preciosa.

Andaba como los potentados chinos, echando la barriga y contoneándose, para ocupar el mayor sitio y obligar a la gente humilde a estrecharse y escurrirse a su lado. Usaba botas federicas y calzón sin bragueta, abierto en los flancos, que llamaban “calzón de tapa-balazo”. Le gustaba sentirse insólito; y como era filósofo, dejaba que se le burlaran los muchachos, mi madre entre ellos.

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Cronología del Pensamiento Complejo. Dr. Braulio Hornedo Rocha

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De la cardinalidad de los números Reales. Por Braulio Hornedo Rocha

Una imagen duplicada reclaman,
números a la docta geometría
con aquella magnifica ironía
de la razón inversa, en los que aman.

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Rubén Darío: Shakespeare en la política mexicana. Adolfo Castañón

Por Adolfo Castañón (Ciudad de México, 8 de agosto de 1952; Generación 1945. Desde el 23 de octubre de 2003 es el sexto ocupante de la silla II de la Academia Mexicana de la Lengua).

París, marzo de 1912

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Cervantes, hombre marginal. Julián Marías

Cervantes, hombre marginal

Julián Marías Aguilera (Valladolid, 17 de junio de 1914Madrid, 15 de diciembre de 2005; Generación 1915)

“Hace unos años, durante un viaje a la India, visité el Taj Mahal en Agra. Al verme con una cámara, un indio que estaba allí con otra, acompañado de su mujer y una niña, me pidió muy cortésmente el favor de que les hiciera una fotografía. Después hablamos unos momentos. Me preguntó de dónde era, y al decirle que de España contestó: Don Quijote. Me complació que fuese este nombre el que le evocara el de España y me pareció revelador del inmenso resplandor de la obra cervantina. Es CERVANTES, sin duda, la figura más conocida y popular de nuestras letras, una de las más grandes de la LITERATURA UNIVERSAL; pero al mismo tiempo es una figura que presenta un número excesivo de anomalías.

Por lo pronto, tiene una existencia social difusa, y no propiamente como escritor. Cervantes es el nombre más famoso de nuestra CULTURA, absolutamente familiar para los españoles y todos los que hablan nuestra lengua, pero si no me equivoco es poco y mal leído. A medida que voy haciendo calicatas en la lectura media de los HISPANOHABLANTES, me va invadiendo un pesimismo progresivo.

Por lo pronto, Cervantes aparece identificado con el Quijote; el resto de su obra, tan rica, compleja y sabrosa, se olvida. ¿Cuántos han leído Los trabajos de Persiles y Sigismunda, ese libro admirable, qué Azorín supo entender como nadie lo había hecho antes. Y casi lo mismo se podría decir de tantos libros que Cervantes se fatigó en escribir.

En segundo lugar, el propio Quijote más bien “se da por supuesto”, en virtud de un curioso mecanismo. Hace muchos años el Quijote se leía en la ESCUELA. Evidentemente esto no era muy acertado, porque el Quijote no se ha hecho para eso. Los NIÑOS o MUCHACHOS leían una versión reducida del Quijote, o unos cuantos capítulos, y esto venía a ser una especie de vacuna: los precoces lectores quedaban ya vacunados “contra” el Quijote. En el último fondo del alma de cada español se formaba una oscura decisión, nunca formulada, nunca expresa, de no leer jamás el Quijote. Si acaso, se leía algún capítulo en alguna ocasión solemne.

Hace ya bastante tiempo que cambió la actitud frente al Quijote: en los últimos decenios se ha dejado de leer en la ESCUELA; se ha pensado que debe leerse “después”, cuando ya se es ADULTO. Pero cuando hay que hacer las cosas “alguna vez”, ocurre como con la peregrinación a la Meca que deben hacer los musulmanes. ¿Cuándo? Una vez en la VIDA. ¡Entonces hay tiempo! La lectura del Quijote se demora. Hay que leerlo, ciertamente, pero ya se leerá más adelante. Pasa el tiempo. Y hay un momento, que sería curioso determinar en la biografía de cada individuo, en que se siente como una especie de remordimiento de no haber leído el Quijote; esto produce cierto embarazo interior: molesta no haber leído el Quijote. Pero como esto requeriría tiempo, y la vida está muy atropellada, se da por leído el Quijote. Hay un momento en que se supone que se ha leído, se cree -incluso de buena fe- que se ha leído, y naturalmente ya no se lee jamás.

Ocurre, además, y esta es la explicación más profunda de ese fenómeno, que el Quijote, en realidad, no hay que leerlo, porque “ESTÁ EN EL AMBIENTE”. Esta es su gran GLORIA. Está en todas partes: en las tallas de los muebles estilo “remordimiento español”; en los jarrones de cerámica; en los tapices; en todas las tiendas de objetos de regalo; de vez en cuando, incluso en una película. Se lo recibe por los poros, por el oído, por todas partes menos por la lectura. Estamos efectivamente saturados de quijotismo y de cervantismo. Hay FRASES HECHAS, alusiones coloquiales, REFRANES. Por tanto, no hace falta leerlo.

Yo creo que, a pesar de todo, hace falta. No es que me parezca desdeñable esa forma de presencia ambiental y difusa de CERVANTES y de DON QUIJOTE -ya quisieran los demás escritores tenerla-; pero no basta: los LIBROS, a última hora, se han hecho para ser leídos”.

Julián Marías. Literatura y generaciones, Colección Austral Nº 1587, Espasa-Calpe, Madrid, 1975, pp. 9-11.

Adolfo Castañón en Cuernavaca

Adolfo Castañón, extraordinario poeta mexicano y distinguido Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, estará el próximo 25 de junio a las 12:00 horas en Cuernavaca. Lugar de reunión: Biblioteca Central de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, U.A.E.M, Campus Chamilpa, MorelosMéxico. Entrada libre. Todos lo(a)s poetas del mundo están cordialmente invitados.

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Para recordar a Octavio Paz. Enrico Mario Santí en Cuernavaca

El 22 de mayo de 2014, el Dr. Enrico Mario Santí impartió la conferencia magistral: Para recordar a Octavio Paz. Auditorio Juan Dubernard. Museo Regional Cuauhnáhuac. Palacio de Cortés, Centro Histórico, Cuernavaca, Morelos.

Cátedra Alfonso Reyes en Cuernavaca. Entrevista a Braulio Hornedo

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Entrevista al Dr. Braulio Hornedo en UFM Alterna, Universidad Autónoma del Estado de Morelos. 14 de junio de 2014

 

 

Una aproximación a las tradiciones del pensamiento humanista mexicano, Braulio Hornedo Rocha

Por Braulio Hornedo Rocha

Afirmar que entre nuestros autores y actores; Alfonso Reyes (1889-1959) y Emiliano Zapata (1879-1919) pertenecen a una misma generación (gen. 1885), así como las figuras de José María Morelos y Pavón (1765-1815) y Fray Servando Teresa de Mier (1765-1827) quienes nacieron con menos de tres semanas de diferencia y que son miembros muy destacados de la misma generación (gen. 1765), representa un primer paso en la identificación de los personajes y sus actos como los hilos que van conformando la urdimbre de la historia en los diferentes momentos de su acontecer.

Ortega y Gasset (gen. 1885) así como su discípulo Julián Marías (gen. 1915), tanto como sus contertulios interculturales en la conversación de las generaciones a través del milagro de la lectura; Luis González y González (gen. 1930) y Gabriel Zaid (gen. 1930), se han ocupado de investigar y estudiar las “rondas y conversaciones de las generaciones” en el origen y conformación de las tradiciones del pensamiento. Nos toca ahora a nosotros en la era de internet continuar modestamente con este esfuerzo, aportando el proverbial grano de arena, o para estar a tono con los tiempos apenas con algunos pocos bits, que esperamos lleguen a ser fecundos, como semillas en la simiente de nuestra tradición del pensamiento humanista iberoamericano. Contar con elementos para el estudio de las generaciones es de fundamental importancia pues a decir de Ortega y Gasset:

Las variaciones de la sensibilidad vital que son decisivas en historia se presentan bajo la forma de generación. Una generación no es un puñado de hombres egregios, ni simplemente una masa; es como un nuevo cuerpo social integro, con su minoría selecta y su muchedumbre, que ha sido lanzado sobre el ámbito de la existencia con una trayectoria vital determinada. La generación, compromiso dinámico entre masa e individuo, es el concepto más importante de la historia, y por decirlo así, el gozne sobre que ésta ejecuta sus movimientos.

Identificar el papel de las generaciones en los orígenes, maduración y transformación de las tradiciones del pensamiento, es la línea de investigación que hemos adoptado: filosófica, política e históricamente, para contribuir a demostrar que 1810 y 1910 fueron sobre todo, momentos excepcionales en las tradiciones del pensamiento humanista en lengua española, y no sólo períodos de cambio político militar como tradicionalmente se enfoca y enseña, reto que representa uno de los propósitos particulares de este proyecto de investigación, docencia y difusión de la cultura humanista.

El concepto de “tradición política”, concebido como un componente de las tradiciones del pensamiento humanista, se ha usado por algunos autores como una forma de enfrentar el creciente cientificismo en las llamadas ciencias sociales que en un afán “neo positivista” sostienen que sólo el conocimiento científico es válido, deseable y aceptable. En este restringido y políticamente orientado sentido, es científico todo aquel conocimiento útil para la producción y reproducción del capital y que por lo tanto es digno de financiamiento.

Una tradición política, dice Ambrosio Velasco, citando a Michael Oakeshott, es un conjunto de prácticas sociales y culturales, “de modos de actuar, pensar y hablar, cuyo conocimiento no es algo fácil de alcanzar, ‘e incluso puede parecer en esencia ininteligible’. La tradición es cambiante pero mantiene una continuidad a través del cambio. No hay un centro fijo e inmutable pero sí podemos comprender su identidad como un movimiento en el tiempo”. Es por estas razones de complejo dinamismo que: “La comprensión de la tradición no puede hacerse a través de métodos rigurosos, sino que es indispensable el desarrollo de destrezas para conversar críticamente con la tradición a la que pertenecemos”.

La conversación intrageneracional se extiende en un diálogo inter tradiciones como un acto crítico y se realiza como conversaciones al interior de una cultura y diálogos a través de la lectura, escuchando con nuestro ojos a los muertos, entre las generaciones de diversas culturas, pero también es un acto necesariamente autocrítico al interior de nuestra propia tradición, es un diálogo en continuo movimiento para el que no existe un método único e infalible como garantía epistemológica de certeza científica, pues la inmensa mayoría estamos limitados a comprender e intervenir sólo muy parcialmente desde el interior de nuestra propia tradición e insisto, en una proporción infinitesimal.

En suma, podemos decir que una tradición política es un complejo de teorías descriptivas y normativas, de valores, creencias, discursos y prácticas políticas que se desarrollan en comunidades específicas, en periodos históricos más o menos definidos, a través de controversias en torno de problemas prácticos y teóricos que confrontan las tradiciones, tanto a su interior como frente a otras tradiciones políticas.

Lograr caracterizar y valorar los empeños y logros de las tradiciones del pensamiento humanista a la vuelta de trescientos años de conversación intracultural y diálogos interculturales a través de la lectura requiere entender el concepto de conversación como lo apunta Michael Oakeshott, como una necesidad urgente de saber incorporar: “La voz de la poesía en la conversación de la humanidad”:

En una conversación, los participantes no realizan una investigación ni un debate; no hay ninguna “verdad” que descubrir, ninguna disposición que probar, ninguna conclusión que buscar. Los participantes no tratan de informar, persuadir o refutarse recíprocamente, de modo que el poder de convicción de sus expresiones no depende de que todos hablen el mismo idioma; pueden diferir sin estar en desacuerdo. Por supuesto, una conversación puede tener pasajes de argumentación y no se prohíbe que quien habla sea demostrativo; pero el razonamiento no es soberano ni único, y la conversación misma no integra un argumento. Una muchacha, a fin de escapar de una conclusión, puede expresar lo que parece ser una observación escandalosamente no aplicable al caso, pero lo que en realidad está haciendo es convertir un argumento que le parece fastidioso en una conversación con la que se siente más a gusto. En la conversación, los “hechos” aparecen sólo para ser resueltos una vez más en las posibilidades de las que salieron; las “certezas” resultan combustibles, no porque se pongan en contacto con otras “certezas” o con la duda, sino porque se prenden por la presencia de ideas de otro orden; se revelan aproximaciones entre nociones normalmente remotas entre sí. Pensamientos de diferentes especies cobran vuelo y se revuelven, respondiendo a los movimientos de los otros y y suscitándose recíprocamente nuevas expresiones. Nadie pregunta de dónde han venido o con qué autoridad están presentes; a nadie le preocupa qué será de ellos cuando hayan desempeñado su papel. No hay director de orquesta ni árbitro; ni siquiera un portero que examine credenciales. Todos los que entran son tomados por lo que parecen y se permite todo lo que pueda ser aceptado en el flujo de la especulación. Y las voces que hablan en conversación no integran una jerarquía. La conversación no es una empresa destinada a generar un beneficio extrínseco, un concurso en el que el ganador obtenga un premio ni una actividad de exégesis; es una aventura intelectual que no se ha ensayado. Ocurre con la conversación como con el juego de azar: su significación no reside en perder, sino en apostar. Hablando con mayor precisión, la conversación es imposible en ausencia de una diversidad de voces: en ella se encuentran diferentes universos de discurso, se reconocen recíprocamente y disfrutan una relación oblicua que no requiere que los universos se asimilen entre sí ni espera que eso ocurra.

El poeta Gabriel Zaid señala que: “En sus grandes momentos, la conversación es una comunidad en éxtasis. Puede ser una fiesta creadora de actos elocuentes, un manantial de añoranzas, deseos, visiones y proyectos” Es en la conversación donde encontramos en ocasiones un atisbo para “ser en el mundo”, un rayo de iluminación mística o transfiguración poética que lo ilumina todo haciendo el mundo habitable. Milagro que se extiende a esa conversación interna que configuramos en la lectura placentera.

La conversación socrática al repetirse deviene en tertulia y ésta pasando por el jardín de Akademos y el liceo aristotélico, los jardines de la biblioteca de Alejandría, el gimnasio y las termas romanas, las cortes de Cleopatra, Marco Aurelio, Carlo Magno, Leonor de Aquitania, Alfonso X el Sabio o Cristina de Suecia, los talleres renacentistas y las tertulias enciclopedistas, hasta llegar a los cafés y las cantinas modernas, son manifestaciones de esta prolongación de la tradición oral en la conversación libre, horizontal, no jerárquica, inteligente y sabrosa por su sabor y olor libertarios. La conversación va conformando instituciones que en su evolución en academias, liceos, colegios, escuelas y universidades, terminan negando los rasgos ácratas de horizontalidad y autogestión de la conversación original de la que surgieron y se nutrieron.

La conversación socrática puede ser llamada tertulia, aunque no tuvo la continuidad de la platónica: reuniones de los mismos amigos, en los mismos lugares; cierta vaga colegialidad que, al paso de los años y los siglos, se transforma en instituto, se vuelve escuela. Toda interlocución sostenida durante muchos años genera mutuas influencias, perfila afinidades y contrastes, hace escuela. Pero ya es otra cosa recibir novicios y formarlos, cobrándoles o no: operar una escuela, un gimnasio intelectual donde se hagan ejercicios y se impartan conocimientos. De unas instituciones salen otras.

La escuela pública obligatoria es un elocuente ejemplo de esta negación de la conversación y la tertulia, al imponerse la educación escolarizada obligatoria se origina una confusión masiva derivada de hacer sinónimos educación y escolaridad, cuando en la práctica se manifiestan como crecientemente antónimos. Las escuelas y universidades modernas que niegan por definición institucional las conversaciones en las que se originaron, no pueden evitar que por un “milagro del eterno retorno” resurgan de sus cenizas nuevas conversaciones originadas en el logos ácrata de la libertad humana de pensamiento y obra, aún cuando “La escuela parece estar eminentemente dotada para ser la Iglesia Universal de nuestra cultura en decadencia… La universidad moderna ha alienado su oportunidad de proporcionar sencillamente un marco para encuentros autónomos y anárquicos, orientados pero no planificados, entusiastas. En cambio, ha elegido convertirse en gerente de un proceso que fabrica los productos llamados investigación y docencia”.

Las primeras academias europeas fueron tertulias de renacentistas que leían, escribían, editaban, hacían música, pintura, escultura. Ahora son llamadas “enciclopédicas”, porque ya no se entiende, ni se sabe cómo llamar, la convergencia de todo en la plenitud. Se confunde con la imposible acumulación de especialidades, porque la universidad (y el mercado) impusieron la perspectiva monográfica de los especialistas. Si el único saber es el monográfico, cualquier otro saber es deficiente y despreciable, como el diletantismo de los “hombres del Renacimiento” o los “filósofos” de la Ilustración.

Nuestro método consiste en identificar a las generaciones cronológicamente inscritas en un periodo histórico (continuo, no discreto) a partir de sus principales personajes, para vislumbrar intraculturalmente las conversaciones al interior de cada generación y de las generaciones entre si dentro de una misma cultura, como uno de los orígenes de las tradiciones interculturales del pensamiento, que se expresan socialmente en una praxis política concreta en los diferentes momentos de la historia de las naciones y los pueblos.

Este proyecto está publicado en el sitio web http://www.humanistas.org.mx con los avances logrados a partir del 2007, que consisten en la formulación de las listas de autores y actores que incluyen poco más de setecientos nombres agrupados en 16 generaciones, de los cuales cerca de quinientos cuentan con una breve semblanza bio-bibliográfica. En el apartado Biblioteca hemos logrado conectar y validar en línea con cerca de 150 libros, constituciones, planes, bandos, proclamas, decretos y epístolas que constituyen nuestra incipiente Biblioteca básica de los centenarios.

El primer paso consiste en ir identificando y ordenando los grupos generacionales de los autores y actores vinculados con los antecedentes, los hechos y las consecuencias de las revoluciones iniciadas en 1810 y 1910. Sobre las listas de autores ordenadas cronológicamente procedimos a identificar los años de referencia por generación, en cortes cada quince años, agrupando a los nacidos siete años y medio antes y después del año centroide. Esto es, la generación de los nacidos en 1900, por ejemplo, agrupa a los nacidos entre julio de 1892 y junio de 1907. En esta generación de los nacidos alrededor de 1900 quedan incluidos tres grupos generacionales reconocidos como: Contemporáneos y Siete sabios en México y la Generación del 27 en España. El límite inferior en nuestro intervalo de tiempo histórico es la generación de los nacidos en 1705 y el límite superior, la generación 1930. El primero Juan José de Eguiara y Eguren, y el último, José Emilio Pacheco se incluyen como antecedentes y consecuentes de la primera y última generación.

Sin pretender cumplir todavía con otros criterios para caracterizar con rigor las generaciones, es nuestro incipiente avance una primera aproximación a futuras categorías más específicas a partir de esta ordenación cronológica por fecha de nacimiento.

El segundo paso consiste en ir compilando una lista abierta y creciente de autores de libros publicados en línea, escritos por humanistas mexicanos, hispanoamericanos y del resto del mundo, con un énfasis particular en los movimientos revolucionarios de 1810 y 1910 en México e iberoamérica.

Agradecemos a Wikipedia y Wikisource, a la Biblioteca del Centro Virtual Cervantes, a la Academia Mexicana de la Lengua, El Colegio Nacional, El Colegio de México, al Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, a la Biblioteca Rosa Ma. Porrúa, a biblioteca.tv, a la Comisión Nacional del Bicentenario, la Universidad de Valladolid, la Universidad Georgetown, la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, el Fondo de Cultura Económica, La Biblioteca Social Reconstruir y a la Biblioteca Antorcha por los enlaces de hipertexto que nos permiten ofrecer a nuestros lectores los documentos fundamentales, directos e indirectos, antecedentes y consecuentes, de la revolución de Independencia de 1810 y la Revolución mexicana de 1910.

Ver Tradiciones del pensamiento en PDF.

Referencias bibliográficas

Illich, Iván, “Hacia el fin de la era escolar”, CIDOC, Cuaderno 65, Cuernavaca, 1971.

Oakeshott, Michael, “La voz de la poesía en la conversación de la humanidad”, El racionalismo en política, Fondo de Cultura Económica, México, 2000.

Ortega y Gasset, José , El tema de nuestro tiempo, Porrúa, México, 1985.

Velasco Gómez, Ambrosio, Republicanismo y multiculturalismo, Siglo XXI, 2006.

Zaid, Gabriel , “Instituciones de la conversación”, Memoria 2006, El Colegio Nacional, México.

Octavio Paz y las tradiciones del pensamiento político mexicano

PAZ-100-HORNEDOLa Cátedra Alfonso Reyes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos y el Centro de Investigación y Docencia en Humanidades del Estado de Morelos  invita a la conferencia Octavio Paz y las tradiciones del pensamiento político mexicano; conferencia que será impartida por el Dr. Braulio Hornedo Rocha, (Rector de la Universidad Virtual Alfonsina), el próximo 29 de abril a las 18:00 horas en el Auditorio Ricardo Guerra del CIDHEM.

Braulio Hornedo Rocha es Arquitecto de la Universidad Nacional Autónoma de México www.arquitectura-ecologica.com, Doctor en Filosofía con mención honorífica del Centro de Investigación y Docencia en Humanidades del Estado de Morelos CIDHEM, Doctor Honoris Causa en educación Consejo Iberoamericano en Honor a la Calidad Educativa CIHCE, Premio Iberoamericano a la excelencia educativa. Cuenta con estudios varios en Arquitectura, Filosofía y Matemáticas, Facultad de Filosofía y Letras, CIMASS e Instituto de Ingeniería UNAM. Es miembro correspondiente en Cuernavaca del Seminario de Cultura Mexicana, de la Academia Morelense de la Crónica y de la Academia de Ciencias Sociales y Humanidades del Estado de Morelos. Se ha desempeñado como asesor de El Colegio Nacional, Academia Mexicana de la Lengua, Fondo de Cultura Económica.

El Dr. Hornedo Rocha ha sido catedrático de la Escuela Nacional de Antropología e Historia; Escuela Nacional de Arquitectura UNAM; División de posgrado,  Facultad de Ingeniería UNAM; División de Estudios Superiores, Escuela Nacional de Arquitectura, UNAM; UPIICSA, IPN; Universidad Autónoma del Estado de Morelos; Universidad Internacional; Universidad La Salle Cuernavaca; Universidad de Brest – Universidad Politécnica del Estado de Morelos; Centro de Investigación y Docencia en Humanidades del Estado de Morelos.

Actualmente se desempeña como Coordinador general Cátedra Alfonso Reyes en Cuernavaca, Rector en la Universidad Virtual Alfonsina www.univirtual.mx, Editor de la revista Tamoanchan del CIDHEM. Sus líneas de investigación comprenden las tradiciones del pensamiento humanista mexicano siglos XVIII-XX www.humanistas.org.mx, El mito del progreso www.contraelprogreso.com. Entre sus últimas publicaciones se encuentran: Homero en Cuernavaca(2009), El mito del progreso (2008) y La Ilíada de Homero en Cuernavaca (2005).

Para saber más sobre el Dr. Braulio Hornedo Rocha, le invitamos a que consulte el sitio web http://www.braulio-hornedo.com

Braulio Hornedo Rocha

Arquitecto de la Universidad Nacional Autónoma de México www.arquitectura-ecologica.com, Doctor en Filosofía con mención honorífica del Centro de Investigación y Docencia en Humanidades del Estado de Morelos CIDHEM, Doctor Honoris Causa en educación Consejo Iberoamericano en Honor a la Calidad Educativa CIHCE, Premio Iberoamericano a la excelencia educativa. Cuenta con estudios varios en Arquitectura, Filosofía y Matemáticas, Facultad de Filosofía y Letras, CIMASS e Instituto de Ingeniería UNAM. Es miembro correspondiente en Cuernavaca del Seminario de Cultura Mexicana y de la Academia Morelense de la Crónica. Se ha desempeñado como asesor de El Colegio Nacional, Academia Mexicana de la Lengua, Fondo de Cultura Económica. Como arquitecto y urbanista trabajó en el Autogobierno de la Escuela Nacional de Arquitectura de la UNAM y Arquitectura Social S. C; Comisión de desarrollo urbano del país (CODURPA); Laboratorio de planeación urbana y regional, Departamento de Planeación; División de Estudios Superiores de la Facultad de Ingeniería de la UNAM; Subsecretaria de Asentamientos Humanos, Dirección general de equipamiento urbano y vivienda, Departamento de sistemas y normas, Programa nacional de vivienda; Departamento del Distrito Federal, Comisión coordinadora para el desarrollo agropecuario del Distrito Federal; Instituto de Ingeniería UNAM, Sección de Sistemas, Dr. Ovsei Gelman Muravich; Sistema de protección y restablecimiento de la ciudad de México ante situaciones de desastre. Ha sido catedrático de la Escuela Nacional de Antropología e Historia; Escuela Nacional de Arquitectura UNAM; División de posgrado,  Facultad de Ingeniería UNAM; División de Estudios Superiores, Escuela Nacional de Arquitectura, UNAM; UPIICSA, IPN (1980); Universidad Autónoma del Estado de Morelos; Universidad Internacional; Universidad La Salle Cuernavaca; Universidad de Brest – Universidad Politécnica del Estado de Morelos; Centro de Investigación y Docencia en Humanidades del Estado de Morelos. Actualmente se desempeña como Coordinador general Cátedra Alfonso Reyes en Cuernavaca, Rector en la Universidad Virtual Alfonsina www.univirtual.mx., Editor de la revista Tamoanchan del CIDHEM. Sus líneas de investigación comprenden las tradiciones del pensamiento humanista mexicano siglos XVIII-XX www.humanistas.org.mx, El mito del progreso www.contraelprogreso.com. Entre sus últimas publicaciones se encuentran: Homero en Cuernavaca (2009), El mito del progreso (2008) y La Ilíada de Homero en Cuernavaca (2005). 

Fuente: www.braulio-hornedo.com.