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Lección inaugural de José Emilio Pacheco en la Cátedra Alfonso Reyes en Cuernavaca (2005)

José Emilio Pacheco Cátedra Alfonso Reyes en Cuernavaca 1997-2017- Veinte años.
Conferencia: Alfonso Reyes en Cuernavaca por el Dr. José Emilio Pacheco.
(Ceremonia inaugural de la Cátedra Alfonso Reyes en Cuernavaca en la UAEM. 21 de enero de 2005)
Parte 1, discurso del Rector de la UAEM. Psic. René Santoveña.
Lección inaugural de la Cátedra Alfonso Reyes en Cuernavaca, UAEM, 21 de enero de 2005. Presidium: Alicia Reyes, José Emilio Pacheco, José Luis Martínez, Adolfo Castañón, Vicente Quirarte.
Parte 2 Inicio de la conferencia Alfonso Reyes en Cuernavaca por el Dr. José Emilio Pacheco.
Lección inaugural por el Dr. José Emilio Pacheco: Alfonso Reyes en Cuernavaca, 21 de enero de 2005. La Cátedra Alfonso Reyes en Cuernavaca se fundó con esta fecha en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos UAEM, estuvo en operación los años 2005 a 2006 durante el rectorado del Psic. René Santoveña Arredondo.  Presidium: Alicia Reyes, José Emilio Pacheco, José Luis Martínez, Adolfo Castañón, Vicente Quirarte.
Parte 3 Final de la  conferencia: Alfonso Reyes en Cuernavaca por el Dr. José Emilio Pacheco.
La Cátedra Alfonso Reyes en Cuernavaca se fundó con esta fecha en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos UAEM, estuvo en operación los años 2005 a 2006 durante el rectorado del Psic. René Santoveña Arredondo.

Las dimensiones del poder y la responsabilidad de los intelectuales. Universidad: poesía, política y pueblo

Seminario de investigación y ciclo de conferencias magistrales 2014

Las dimensiones del poder y la responsabilidad de los intelectuales. Universidad: Poesía, Política y Pueblo

Dr. Braulio Hornedo Rocha

Disciplinas: Ciencia política/ Filosofía/ Historia/ Literatura / Educación / Antropología

Justificación y motivos de la cátedra

El polígrafo Alfonso Reyes ha sido considerado, por algunos de los más destacados intelectuales del mundo y de su tiempo, como uno de los principales humanistas mexicanos del siglo XX. Lo han dicho los argentinos, Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, los chilenos Gabriela Mistral y Pablo Neruda, los colombianos Gabriel García Márquez y Germán Arciniegas, los españoles José Gaos, Juan Ramón Jiménez y Fernando Savater, y los mexicanos: Octavio Paz, Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco, Gabriel Zaid, José Luis Martínez y Adolfo Castañón entre muchos otros.

Con esta cátedra nos proponemos investigar de entre las varias facetas del quehacer Alfonsino; como teórico y creador literario; como filósofo e historiador; como helenista y divulgador de la ciencia, como narrador y poeta; como diplomático y fundador de instituciones educativas y culturales; nos interesa destacar el papel del Reyes educador y crítico cultural, que es una de las facetas menos estudiadas pero de mayor actualidad y urgencia de reflexionar en nuestro tiempo.

Objetivos generales

  • Esclarecer el legado cultural de don Alfonso Reyes, en el marco de las tradiciones del pensamiento humanista mexicano e hispanoamericano del siglo XX, en torno a la responsabilidad de los intelectuales ante las diferentes dimensiones del poder (económico, político, militar, científico, entre otros).
  • Contribuir en la identificación y documentación de diez generaciones (1810, 1825, 1840, 1855, 1870, 1885, 1900, 1915, 1930, 1945) en las tradiciones del pensamiento humanista mexicano, considerando como centroide la generación a la que pertenece el propio Reyes (1885).
  • Formular una descripción histórica cultural del papel de Alfonso Reyes como universitario y artífice de la fundación de la Universidad Popular Mexicana, El Colegio de México y El Colegio Nacional, tres de las más insignes instituciones educativas mexicanas en el siglo XX.

Metas específicas

Al final del curso el participante podrá:

  • Definir conceptualmente las nociones de generación, conversación, intercultural, tradición del pensamiento, intelectual, poder, crítica, cultura del progreso, convivencialidad, megamáquina, sistemas complejos, desescolarización, ecología política, municipalismo libertario.
  • Analizar la relación política, social y cultural entre el poder económico, político, militar y la “república de las letras” en el siglo XX mexicano.
  • Criticar las prácticas educativas y políticas que nos impone la “cultura del progreso”. Utilizar el método histórico de las generaciones para la identificación y comprensión de las tradiciones del pensamiento humanista en México e Hispanoamérica. 

Programa

Fecha:
Temas:
Lectura:
  31/07/2014
El método histórico de las generaciones como instrumento del análisis filosófico, político y literario
Ortega, José. El tema de nuestro tiempo, Ed. Porrúa, México, 1985. Marías, Julián, Literatura y generaciones, Espasa Calpe, Madrid, 1975. www.humanistas.org.mx Ponente: Dr. Braulio Hornedo Rocha
14/08/2014
Alfonso Reyes y José Vasconcelos. Octavio Paz y Gabriel Zaid. Una tradición intelectual
Garciadiego, Javier. Simpatías y diferencia entre Alfonso Reyes y José Vasconcelos. www.catedrareyes.org Ponente: Dr. Javier Garciadiego
28/08/2014
La generación del Ateneo, la generación de Contemporáneos, la genereción de Taller, la generación de Medio siglo
Matute, Álvaro. El Ateneo de México, Fondo de Cultura Económica, México, 1999 www.alfonsoreyes.org Ponente: Dr. Álvaro Matute
11/09/2014
México en la obra de Alfonso Reyes y Octavio Paz
Castañón Adolfo. México en la obra de Alfonso Reyes. www.alfonsoreyes.org Ponente: Mtro. Adolfo Castañón
25/09/2014
La afición de Grecia
Reyes, Alfonso, Obras completas XVI, Fondo de Cultura Económica www.greciaclasica.org.mx Ponente: Dra. Verónica Peinado
09/10/2014
Recuerdos de don Alfonso Reyes. Video conferencia (2000)
Reyes, Alfonso, Obras completas XVI, Fondo de Cultura Económica www.greciaclasica.org.mx Ponente: Don José Luis Martínez +
23/10/2014
Un abrazo para Alfonso Reyes. Video conferencia. (2000)
Poniatowska, Elena. Un abrazo para Alfonso Reyes. www.catedrareyes.org Ponente: Mtra. Elena Poniatowska
06/11/2014
La Ilíada de Homero en Cuernavaca
Reyes, Alfonso, Obras completas XVI, Fondo de Cultura Económica www.greciaclasica.org.mx Ponente: Dr. Braulio Hornedo
20/11/2014
Los poetas Alfonso Reyes, Octavio Paz y Gabriel Zaid o la lucha con el ángel
Quirarte, Vicente, La lucha con el ángel www.alfonsoreyes.org. www.univirtual.mx Ponente: Dr. Vicente Quirarte
05/12/2014
Universidad, política y pueblo.
Pacheco, José Emilio, Universidad, política y pueblo, UNAM, México 1967 www.alfonsoreyes.orgwww.univirtual.mx Ponente: Dr. José Emilio Pacheco +

Bibliografía básica

Garciadiego, Javier, Alfonso Reyes, Planeta, México, 2009.

Illich, Iván. Obras reunidas. Vol. 1, Fondo de Cultura Económica, México, 2005.

Marías, Julián, Literatura y generaciones, Espasa Calpe, Madrid, 1975. Oakeshott, Michael, El racionalismo en política, Fondo de Cultura Económica, México, 2000.

Ortega y Gasset, José, El tema de nuestro tiempo, Ed. Porrúa, México, 1985.

Pacheco, José Emilio, Universidad, política y pueblo, UNAM, México, 1967.

Reyes, Alfonso, Obras completas. Vols. I al XXVI, Fondo de Cultura Económica, México.

Reyes, Alicia, Genio y figura de Alfonso Reyes, Fondo de Cultura Económica, México, 2000.

Rob J.W. comp., Páginas sobre Alfonso Reyes, 8 vols. El Colegio Nacional, México, 1998.

Velasco, Ambrosio, Republicanismo y multiculturalismo, Siglo XXI, México, 2006.

Zaid, Gabriel, “Instituciones de la conversación”, Memoria, El Colegio Nacional, México, 2006.

Zaid, Gabriel, El secreto de la fama, Debolsillo, Random House, México, 2013.

Bibliografía y videografía en línea

www.alfonsoreyes.org

www.catedrareyes.org

www.humanistas.org.mx

www.ivanillich.org.mx

www.octavio-paz.com

www.univirtual.mx

www.greciaclasica.org.mx 

Informes

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Cuernavaca, Morelos, México

La Ilíada de Homero (en Cuernavaca). Aristía de Alfonso Reyes. Por Braulio Hornedo Rocha

Ya estoy aquí en la tarea que Dios me dio.

Diario de Alfonso Reyes (15-X-1948)

A Gabriel (70) y Marycruz (80)

¿Tiene sentido distinguir entre la vida y la obra de Alfonso Reyes?, ¿acaso él mismo no lo dejó claramente establecido al final de su Constancia poética? “Quiero que la literatura sea una cabal explicación, y, por mi parte, no distingo entre mi vida y mis letras”. ¿No dijo Goethe que “todas mis obras son fragmentos de una confesión general”?

Es tan abundante y variada la obra de Alfonso Reyes que inevitablemente intimida hasta a los más valientes lectores. La primera vez que abordamos el intento de leerlo nos preguntamos ¿por dónde empezar? Los veintiséis gruesos volúmenes donde se agrupan las 13,404 páginas que componen la edición de sus Obras completas en el Fondo de Cultura Económica, nos confirman ese acierto de Octavio Paz al señalar que los libros de Alfonso Reyes, no sólo son una obra, sino toda una literatura.

Ensayo, narrativa, crítica, teoría e historia literaria; filosofía, divulgación de la ciencia, memorias, dramaturgia y poesía, son algunos de los caudalosos afluentes que desembocan en la mar de la “literatura alfonsina”. Su curiosidad intelectual lo abarca todo, desde la Crítica en la edad ateniense, hasta la poética en la obra de José Martí bajo la perspectiva de la mecánica cuántica. Lo mismo cultiva la recreación (que no sólo la traducción) de La Ilíada de Homero, que reflexiona cretinamente sobre la mezcalina, los garbanzos, el infinito, el cine, la radio, la servidumbre voluntaria o la teoría matemática de la información y los límites de la física. “Todo lo sabemos entre todos” era un proverbio que gustaba repetir, pero creo que sobre todo, le gustaba encarnarlo con su ejemplo.

Reyes “descubre” Cuernavaca en 1947 a la “breve distancia de un suspiro” de la Ciudad de México, buscando un lugar aislado para trabajar, y un clima y altura más adecuados para la dolencia cardiaca que padece desde 1944. Encuentra en Cuernavaca “la tibieza vegetal donde se hamaca el ser en filosófica mesura”. Y estas pausas de libertad y esparcimiento creador le permiten tomar distancia de los ajetreos burocráticos derivados de sus múltiples responsabilidades como Presidente de El Colegio de México, fundador de El Colegio Nacional y miembro numerario en la Academia Mexicana de la Lengua, de la que será su director de 1957 a 1959.

Se hospeda las primeras ocasiones en el Hotel Chulavista y posteriormente se aficiona más al Hotel Marik en el centro de la ciudad de Cuernavaca; allí tiene un cuarto favorito desde donde contempla las formaciones rocosas tepoztecas como “indostánicas pagodas” o monumentales escenografías de “óperas wagnerianas”. Se ocupa en ese año (1947) y en el siguiente de su traslado, no sólo llana traducción de la Ilíada de Homero, vertiendo el modelo original griego escrito en hexámetros, al español en versos alejandrinos (verso de catorce sílabas, dividido en dos hemistiquios, rimados y pareados), pero Reyes piensa sobre todo en el lector común y corriente, a quien las traducciones eruditas definitivamente lo espantan y hasta terminan ahuyentándolo. Pensaba como coautor, y quizá mejor, como cómplice de Homero, ocupándose atento en los lectores contemporáneos.

Esta tarea que “Dios le dio” es un ambicioso proyecto que, como diría su admirado Goethe, sólo un “epipoeta” de su talla podría emprender. Ya el sólo hecho de “transportar el verso homérico a las lenguas vivas es más difícil que encerrar al genio en la botella”, y si a esto le agregamos el hacerlo con una métrica y un ritmo derivados de la rima castellana, entonces sí, la tarea parece poco menos que imposible, aún para un equipo numeroso de especialistas y ayudantes con becas, equipamientos y presupuestos millonarios como se estila en las universidades hoy en día. Que decir entonces de un solo poeta al finalizar sus cincuenta y trabajando por su cuenta.

Entre septiembre y noviembre del año 1948, Alfonso Reyes escribe en sus cada vez más frecuentes estancias en el Marik, (como para descansar haciendo adobes, dice el nunca mejor aplicado refrán) una colección de sonetos a manera de divertimento “prosaico, burlesco y sentimental, ocio o entretenimiento al margen de La Ilíada“. Recrea entre humorista y erudito, en ingeniosos sonetos, algunos de los personajes de la saga griega, instalándolos en Cuernavaca. Publica esta primera versión (de lo que será su Homero en Cuernavaca) al año siguiente (1949) en la revista Ábside, y dedica esta publicación al editor de la misma, “el sabio, inolvidable amigo y probo sacerdote (…) honra y luto de nuestras letras, desaparecido ha poco en plena labor”, el padre Gabriel Méndez Plancarte, a quien Reyes apreciaba mucho por una estrecha amistad literaria y enigmáticamente espiritual. Y digo enigmática, porque es de hacerse notar como bien señala su colega y paisano Gabriel Zaid que:

Nada parece más ajeno a la obra de Reyes que el espíritu religioso. Su herencia liberal (y hasta masónica: su padre, como casi todos los hombres del poder entonces, era importante en la masonería); su afición de Grecia, de Goethe, de la Francia libertina; su gusto por la vida, su optimismo, su olímpica sonrisa (que vuela sobre el mal, en vez de sumergirse en la conciencia desgarrada) parecen indiferentes a la fe, la duda, la negación (Obras II, El Colegio Nacional, 1993, 531-540).

“No leo la lengua de Homero; la descifro apenas”. Empieza por advertirnos don Alfonso en su prólogo a La Ilíada, como jugueteando detrás de un guiño, con esa singular sonrisa de niño que parece coronar en sus chinescos ojos, redondeándolos después para continuar, como si nada, con la cita que viene al caso:

Aunque entiendo poco griego -como dice Góngora en su romance-, un poco más entiendo de Grecia. No ofrezco un traslado de palabra a palabra, sino de concepto a concepto, ajustándome al documento original y conservando las expresiones literales que deben conservarse, sea por su valor histórico, sea por su valor estético. Me consiento alguna variación en los epítetos, cierta economía en los adjetivos superabundantes; castellanizo las locuciones en que es lícito intentarlo. Hasta conservo algunas reiteraciones del sujeto, características de Homero, y muy explicables por tratarse de un poema destinado a la fugaz recitación pública y no a la lectura solitaria. Pero adelanté con cuidado y prudencia, sin anacronismos, sin deslealtades. La fidelidad ha de ser de obra y no de palabra (Obras completas XIX, 91).

Este prólogo esclarecedor y además breve -recordemos que si lo bueno breve, dos veces bueno- está firmado en Cuernavaca durante el mes de noviembre de 1949, mientras terminaba la IX Rapsodia y revisaba y corregía incansable las anteriores. Con un estado de ánimo entusiasta anota en su diario:

Vuelvo a Cuernavaca, donde ¡acabé la IX Rapsodia de La Ilíada! y estoy en anotación general, puntas y ribetes, corrección de copias en limpio… Llegué a las 4 p.m. Tarde templadita y cielo sin mancha. ¡A trabajar en Homero! (…) Acabé mi faena a las 12 1/2 de la noche! De entusiasmo he perdido el sueño (Obras completas XIX, 12).

Entre insomnios entusiastas y correcciones inacabables transcurre el año de 1950, hasta que por fin entrega su Ilíada al Fondo de Cultura Económica el 8 de agosto. Todavía deberá de transcurrir un año para que:

Orfila, Joaquín Diez-Canedo, Agustín Millares, Raimundo Lida, y Julián Calvo me traen los preciosos primeros ejemplares de mi Ilíada I (tres ordinarios y uno fino), con colofón de 15 de septiembre (de) 1951.

Reyes está feliz como niño con juguete nuevo; la obra, la edición y hasta la crítica son resplandecientes, como ese Sol de Monterrey “despeinado y dulce, claro y amarillo, ese sol con sueño que sigue a los niños”. Azorín publica una nota el 22 de julio del año anterior en el ABC de Madrid reconociendo que Reyes traslada su penetrativa del mundo clásico español al mundo helénico.

Las reacciones de los críticos en México y el mundo son semejantes en su admiración y reconocimiento. José Moreno Villa (Suplemento de Novedades, México, 20 de enero de 1952), Medardo Vitier (Diario de la Marina, La Habana, Cuba, 8 de marzo de 1952), Bernabé Navarro (Excélsior, México, 20 de abril de 1952), José Luis Lanuza (La Nación, Buenos Aires, 4 de mayo de 1952), Daniel Devoto (Sur, Buenos Aires, julio y agosto de 1952), Germán Arciniégas (Revista literaria Tegucigalpa, octubre 1952).

Recibe numerosas cartas personales de reconocimiento, de humanistas de la talla de Ramón Menéndez Pidal, Werner Jaeger, Tomás Navarro Tomás y José Gaos, entre otros notables pensadores, quienes coinciden en identificar una gran obra poética reflejo y recreación de otra gran obra poética. Alfonso Reyes es por esta hazaña singularísima “Aristía de Alfonso” con orgullo y desde entonces, nuestro Homero en Cuernavaca.

La Universidad Autónoma del Estado de Morelos comparte este orgullo con los lectores de una nueva centuria, reconociendo el generoso apoyo de innumerables personas e instituciones nacionales y extranjeras, entre las que es ineludible mencionar a Alicia Reyes, José Luis Martínez, José Emilio Pacheco, Gabriel Zaid y Adolfo Castañón, todos ellos fundadores del consejo directivo de la Cátedra Alfonso Reyes – El Colegio Nacional – UAEM. Así como agradecer también a la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad Autónoma del Estado de Nuevo León, el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, la Academia Mexicana de la Lengua, CONACULTA – INBA,  el Fondo de Cultura Económica, El Colegio de México, y muy particularmente destacar nuestro reconocimiento a El Colegio Nacional.

Finalmente agradecemos a Ulrika Borges, María Elena García Pérez, Itzé Godínez Guerrero, Braulio Hornedo Farriol, Mila Nayelli Hornedo Farriol, María Trinidad Jacobo Soza, Angélica Jaimes Jiménez, Viridiana Moreno López, Enrique Palacios Martínez, Manuel Prieto Gómez, Adán Santamaría Ochoa, Mauricio Santoveña Arredondo, Miriam Suárez de la Vega y Camerina Soza García su generosa, entusiasta y a veces hasta involuntaria participación en el grupo editor responsable por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos y Matemágica.

Este libro obedece a diversos criterios de selección, prefiero aceptar que son arbitrarios antes que antológicos o representativos, lo que resume sus pretensiones es resumir lo escrito por Reyes en Cuernavaca; o bien, con temática relativa a esta ciudad donde “como vino cordial; trina la urraca y el laurel de los pájaros murmura… (mientras) el tiempo mismo se suspende y dura…”

Braulio Hornedo Rocha,

Cuernavaca, Morelos, México, noviembre de 2004

Viaje de Vuelta. Estampas de una revista. Por Malva Flores

malva-flores-viaje-de-vuelta-estampas-de-una-revista-13697-MLA3202517770_092012-OComo en todas las revistas que Octavio Paz alentó, Plural y Vuelta tuvieron un alma común: la pasión crítica, atributo que recobraba la antigua tradición de las revistas literarias mexicanas desde el inicio de nuestra vida independiente o incluso antes, cuando en los pequeños diarios, revistas o folletos se desataban polémicas que eran el pan de cada día, y esa discusión contribuyó al movimiento de Independencia.

Las revistas culturales son un espejo de la vida literaria pero son también la literatura misma. Ya Octavio Paz señalaba que la historia de la literatura moderna se confundía con la historia de sus revistas, que no sólo expresaban la ruptura entre las generaciones sino que servían de puente para transitar entre ellas. Discrepando de la unanimidad, frente a los embates contemporáneos de la intolerancia política e ideológica, Vuelta se propuso como “un espacio libre donde se pudieran desplegar, simultáneamente, la imaginación de los escritores y el pensamiento crítico moderno en sus distintas manifestaciones: filosofía, arte, literatura, moral, política”. Reunidas así imaginación, crítica y modernidad, Paz dio vida a una empresa cultural que hoy constituye una pieza fundamental en la historia de la cultura en México de la que Malva Flores nos ofrece en estas páginas un panorama general, aunque no por ello exento de rigor y precisión.

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Se presenta Adolfo Castañón en la Cátedra Alfonso Reyes. Por Jorge Sifuentes

Fuente: La Jornada Morelos

La Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), a través de la Secretaría Académica y su Dirección de Formación Humanista, invitan a la charla “Alfonso Reyes y Octavio Paz: simpatías y diferencias”, que impartirá el poeta, ensayista, editor y crítico literario mexicano Adolfo Castañón, en el marco de la Cátedra Alfonso Reyes en Cuernavaca.

Este encuentro tiene como propósito principal difundir e impulsar, entre la comunidad universitaria, la cultura humanista y científica como un todo inseparable, y propiciar con ello el progreso de un diálogo social responsable. La cita es el próximo miércoles 25 de junio, a las 12 horas, en el Auditorio de la Biblioteca Central de la UAEM, en el circuito exterior del Campus Chamilpa.

La Cátedra Alfonso Reyes en Cuernavaca debe su origen, en enero de 2005, a los programas de colaboración entre la máxima casa de estudios de Morelos con la Dirección General del Centro de Estudios Literarios, Biblioteca y Museo de la Capilla Alfonsina, Instituto Nacional de Bellas Artes, El Colegio Nacional y El Colegio de México. En estos trabajos se cuenta con la colaboración del doctor Braulio Hornedo Rocha, Rector de la Universidad Virtual Alfonsina y catedrático del Centro de Investigación y Docencia en Humanidades (CIDHEM).

Adolfo Castañón ha sido miembro del consejo de redacción de varias revistas en Latinoamérica, entre ellas La Cultura en México, Suplemento de Siempre, Vuelta, Letras Libres y Gradivia. Laboró durante más de 30 años en el Fondo de Cultura Económica donde desempeñó distintos cargos del oficio editorial. Es admirador y estudioso de la obra de Alfonso Reyes, de quien ha dicho que fue “el poeta y crítico que sentó las bases de un canon moderno de la prosa y del verso para las letras mexicanas e hispanoamericanas”.

Ingresó a la Academia Mexicana de la Lengua en marzo de 2005, ocupando la silla número dos de la institución, que antes perteneciera a Francisco Monterde y a Héctor Azar. Por sus publicaciones ha recibido el Premio Diana Moreno Toscano (1976) y el Premio Mazatlán de Literatura 1995. En 2009, Castañón fue merecedor del Premio Xavier Villaurrutia de 2008, máximo galardón para las letras mexicanas, por Viaje a México. Ensayos, crónicas y retratos. En ese año fue ganador del “Premio Nacional de Periodismo José Pagés Llergo”, por su programa Los maestros detrás de las ideas, transmitido por TV UNAM.

Adolfo Castañón en Cuernavaca. Radio Universidad Autónoma del Estado de Morelos

Enlaces relacionados

Sátira de la compañía. Alfonso Reyes

Alfonso Reyes. Por José Luis Martínez

Por Adolfo Castañón

La vida

Hijo del general Bernardo Reyes y de la señora Aurelia Ochoa de Reyes, oriundos del estado de Jalisco, Alfonso Reyes nació en Monterrey, Nuevo León, el 17 de mayo de 1889. Allí mismo inició sus estudios y en 1905 se trasladó a la Ciudad de México para continuarlos en la Escuela Nacional Preparatoria. En este año publicó sus primeros versos en El Espectador, de Monterrey. Mientras cursaba la carrera de abogado, que concluiría en 1913, participó en las empresas culturales del Ateneo de la Juventud al lado de una generación ilustre: Antonio Caso, José Vasconcelos, Pedro Henríquez Ureña, Martín Luis Guzmán, Julio Torri, Genaro Fernández Mac Gregor, entre otros.

Los sucesos políticos y la trágica muerte de su padre lo empujaron a Europa a mediados de 1913. En Francia y España, donde permanecerá de 1914 a 1927 escribe intensamente, sirve cargos diplomáticos y trabaja como investigador filológico en el Centro de Estudios Históricos de Madrid. De 1927 a 1939 es representante de México en Buenos Aires y Río de Janeiro. A principios de 1939 regresa definitivamente a México donde organiza y preside La Casa de España que luego se transforma en El Colegio de México. En varias etapas de su vida enseñó literatura. Universidades e instituciones de Europa y América le otorgaron los máximos honores académicos y solicitaron para él el Premio Nobel.

Presidió desde 1957 hasta su muerte la Academia Mexicana de la Lengua y fue miembro fundador de El Colegio Nacional. En 1955, al cumplirse 50 años de su carrera literaria, se le tributaron honores y homenajes y se comenzó la publicación de sus Obras completas. Murió en la ciudad de México, D.F., el 27 de diciembre de 1959 y fue sepultado en la Rotonda de los Hombres Ilustres, del Panteón Civil.

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Rubén Darío: Shakespeare en la política mexicana. Adolfo Castañón

Por Adolfo Castañón (Ciudad de México, 8 de agosto de 1952; Generación 1945. Desde el 23 de octubre de 2003 es el sexto ocupante de la silla II de la Academia Mexicana de la Lengua).

París, marzo de 1912

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Cielos de Antigua, Adolfo Castañón

I

Nubes las he visto correr sus proas

sobre los mástiles vigías de Notre Dame

inmóviles pirámides aborregadas

sobre Machu Pichu

plataformas en Atenas,

columnas ligerísimas en Jerusalén,

en Oaxaca cátedras severas,

en Heidelberg oscuras canteras.

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Adolfo Castañón en Cuernavaca

Adolfo Castañón, extraordinario poeta mexicano y distinguido Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, estará el próximo 25 de junio a las 12:00 horas en Cuernavaca. Lugar de reunión: Biblioteca Central de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, U.A.E.M, Campus Chamilpa, MorelosMéxico. Entrada libre. Todos lo(a)s poetas del mundo están cordialmente invitados.

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Simpatías y diferencias: Alfonso Reyes y Octavio Paz

Simpatías y diferencias entre Alfonso Reyes y Octavio Paz. Conferencia del Mtro. Adolfo Castañón, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua. Miércoles 25 de junio a las 12:00 horas. Auditorio de la Biblioteca Central. Universidad Autónoma del Estado de Morelos, UAEM, Campus Chamilpa, Cuernavaca, Morelos. Entrada libre.

Adolfo Castañón en Cuernavaca

México en la obra de Alfonso Reyes, Adolfo Castañón

Por Adolfo Castañón

Adolfo Castañón¿Por qué titular, o por qué llamar la atención sobre la presencia del tema México en la obra de Alfonso Reyes? La respuesta más inmediata que se me ocurre tiene que ver con un episodio polémico que se da a principios de los años 30, cuando Héctor Pérez Martínez, entonces un joven escritor y también joven político, escribe una carta a Reyes reclamándole dos cosas, Reyes se encuentra en ese momento en Río de Janeiro y le reclama dos cosas: Uno, que siendo el escritor mexicano más importante y más reconocido de la época no entre a tomar partido en la contienda política mexicana, en ese momento y tampoco entre a tomar partido en la contienda literaria entre nacionalistas y cosmopolitas; entre los escritores que abogaban por una literatura de contenidos naturalistas realistas derivado en cierto modo de la Revolución mexicana y los escritores que pregonaban o sostenían la idea de un arte, de una literatura, de un ejercicio literario que se bastase a sí mismo en cuanto a tal, independientemente del tema con la idea de que lo mexicano de todos modos saldría como una especie de transpiración, a esta segunda corriente podemos adscribir a el grupo de contemporáneos.

Reyes escribe en ese momento, una airada respuesta, airada, extensa, pormenorizada, apasionada, es el texto titulado a Vuelta de correo donde se defiende de estos dos temas, de estas dos acusaciones, pero sobre todo de la segunda, no tanto de la primera. Pero quizás para comprender el contexto en el que se da esta conversación, finalmente este intercambio, finalmente esta polémica no es una, o no se da en los términos en que ahora entendemos la polémica, como una especie de lucha a muerte en donde alguien va a salir decapitado, se da finalmente como una conversación, como una argumentación. Héctor Pérez Martínez y Alfonso Reyes terminarán siendo personas cercanas y amigos a pesar de las diferencias. Pero digo, había que tomar un poco de contexto para entender que profundidad, que está sucediendo en este intercambio y por qué converge en Alfonso Reyes, esta solicitud, por un lado, de intervenir en la política mexicana y por otro lado, el documentar en su obra el tema de México. Que lo documentó ampliamente, de los veintiséis volúmenes de la Obra completa de Alfonso Reyes, y de los que componen un universo de alrededor de trece mil cuatrocientas cuarenta páginas y de los diez tomos o más que podrían configurar la correspondencia, más otros dos o tres tomos de escritos diplomáticos, que publicará Fondo de Cultura en colaboración con Relaciones Exteriores con el título de Misión diplomática, en todo este universo de páginas que suman para ser conservadores, alrededor de unas veinte mil páginas, de veinte mil hojas, hay un universo amplio de textos escritos por Alfonso Reyes sobre México, tan amplio como alrededor de entre dos mil quinientas y tres mil páginas, o sea una buena proporción de cosas que se refieren directamente al tema de México.
Estas páginas, ya que me fui por ahí por un momento antes de llegar al contexto, estas páginas se podrían dividir en tres grandes cuerpos, en tres grandes grupos. Un primer grupo lo configurarían los textos documentales que Alfonso Reyes genera a través de cartas, de diarios o de memorias, los libros Albores, Parentalia, a través de su diario donde Reyes habla en primera persona como ciudadano mexicano y en cuanto tal se expresa sobre México y sobre el mundo en su correspondencia innumerable, Reyes es uno de los titanes de la epistolografía o de la escritura de cartas, no solo en México, no sólo en América; sino en lengua española, y creo yo, que en el mundo moderno uno de los más activos grafónomos o practicantes del arte de las cartas, sostuvo correspondencia, como ustedes lo saben, con numerosas personas, les mencionaré a: Pedro Henríquez Ureña, José Gorostiza, Carlos Pellicer, Daniel Cosío Villegas, Héctor Pérez Martínez, Rafael Cabrera, Javier Icaza y Genaro Estrada, que fue su jefe en Relaciones Exteriores, para solo mencionar algunos; en otros países, sostiene correspondencia con Azorín con Baroja, con Unamuno, en Cuba con Chacón y Calvo, con el hermano de Henríquez Ureña, o sea, el universo de la correspondencia de Reyes, de hecho, desde el punto de vista de la edición, de la exigencia editorial, así como hemos terminado, en el Fondo de Cultura Económica, con la edición de los veintiséis tomos, trece mil cuatrocientas cuarenta páginas de obra completa, todavía tenemos por hacer la recopilación y la edición sistemática de la correspondencia. Bueno, entonces en primer lugar, Reyes en primera persona, hace sus memorias, después regresaremos a ello, escribe cartas, escribe un diario y se desempeña como actor, como funcionario en el servicio diplomático mexicano desde alrededor de casi 30 años.
El primer cuerpo, entonces sería un cuerpo primera persona, Reyes, digamos, por sí mismo. Un segundo cuerpo correspondería a todos aquellos textos que Alfonso Reyes escribió con una temática, con una tópica, con unos motivos mexicanos, en este orden sobresale en primer lugar, nos detendremos más adelante en este texto, ese poema ensayo, texto prodigioso que es La visión de Anáhuac, pero además de La visión de Anáhuac hay un sinnúmero de otros textos como El Testimonio de Juan Peña, La silueta del indio Jesús, diversos ensayos, entendidos con un sentido artístico, con un tema mexicano y la pieza de teatro que es central en la obra de Alfonso Reyes el poema dramático, titulado Ifigenia cruel, donde bajo el manto de las referencias helénicas, griegas, está transpirando el drama de Alfonso Reyes, al que en un momento me referiré. En un tercer cuerpo de la antología o del “corpus mexicano” de Alfonso Reyes, encontraríamos los textos que Reyes escribe en cuanto ensayista, crítico literario, historiador, periodista, sobre México, ahí, que es quizás la parte más extensa de esta antología, vamos a ver repasar la historia de México desde tiempos prehistóricos como en el texto titulado Tres reinos, por supuesto, todos los entornos de la cultura náhuatl y del tema azteca, pues indígena, donde sobresalen los textos en torno a Moctezuma y continuaríamos con, deje de lado La visión de Anáhuac, que ya lo mencioné, con los textos sobre el origen del teatro en México, las siluetas de los primeros evangelizadores, la silueta de su personaje preferido y muy cercano a Alfonso Reyes, que es Juan Ruiz de Alarcón así como Octavio Paz elige una hermana electiva, una especie de espejo que lo va a reflejar en Sor Juana Inés de la Cruz, Alfonso Reyes elige en “El corcovado ingenioso” Juan Ruiz de Alarcón un espejo de mesura de y una especie de ideal estético.
Además de Juan Ruiz de Alarcón, Reyes escribirá en el libro Letras de la Nueva España, textos sobre Sor Juana, Singüenza y Góngora y otros autores y momentos de la cultura novo-hispana virreinal, por supuesto, es casi repetir la historia de la literatura mexicana, lo haré brevemente, textos sobre Joaquín Fernández de Lizardi, sobre Ignacio Manuel Altamirano, sobre Ramírez, sobre José de Cuéllar, sobre Justo Sierra, y finalmente, sobre todos aquellos escritores que configuran, de alguna manera, el Modernismo en México, en particular un escritor al que Reyes le tiene gran devoción, porque tenía la devoción heredada de su padre, que es Manuel José Otón, él era un protegido, un amigo, una persona que estaba en la casa paterna, con frecuencia, de la familia Reyes, el gran poeta Manuel José Otón, más adelante Reyes, va a escribir un pequeño, y yo diría desdeñoso, texto sobre el gran poeta nacional, Ramón López Velarde, titulado Prosas en papel de fumar, que es un texto para la sensibilidad moderna, para nosotros hoy, que consideramos a Ramón López Velarde como uno de los pináculos de la lírica mexicana de principios de siglo, sino es que de todo el siglo, sin más, nos va a sorprender que Reyes lo trata de una manera un poco desdeñosa, un poco despectiva en este croquis escrito en papel de fumar, imagínense qué le pasa a un croquis escrito en papel de fumar pues se vuelve ceniza muy rápidamente y además el papel de fumar, el papel arroz es una sábana, como se dice, una hojita en la que no cabe mucho texto. Las razones para desdeñar Reyes a López Velarde, tiene que ver con el provincialismo de López Velarde, en términos manifiestos, superficiales, pero en términos un poco más profundos, tiene que ver con una herida que nunca se le va a curar a Reyes y es la herida surgida en esta polémica, a la que aludí al inicio de esta conversación, con Pérez Martínez, y es la de que Reyes de alguna manera sentía a sí mismo, o el se había elegido a sí mismo como el gran poeta mexicano del siglo XX.
Cuando digo que Reyes se había elegido a sí mismo en esa condición, me estoy acordando de una frase de Salvador Novo, referida a Reyes, que dice que “todos -cito a Novo con memoria- todos admirábamos a Alfonso casi tanto como el se admiraba a sí mismo”. El gran poeta que va a ocupar el escenario crítico del siglo XX, será Enrique González Martínez el poeta que en sus primeros momentos pregona la idea de darle al Modernismo a la ebriedad modernista un tratamiento de sobriedad y “torcerle el cuello al cisne”. Curiosamente, esta es una justicia o injusticia poética, una de las, quizás una de las razones por las cuales Alfonso Reyes va a perder el premio Nobel en 1949, tiene que ver precisamente con Enrique González Martínez ya que si bien, Gabriela Mistral lo recomienda en una carta a la Academia Sueca, y aquí les puedo leer, un cachito. Si bien ella lo recomienda, en el camino un ex discípulo “malqueriente”, o como le quieran llamar, que es Antonio Castro Leal hace circular una carta entre los escritores mexicanos al mismo tiempo que Gabriela está proponiendo a Reyes para el premio Nobel en el 49, diciendo que el candidato que debe de ser elegido es Enrique González Martínez, bueno, pero esos son episodios de una historia literaria poco clara. Leeré la carta, no lo tenía pensado pero sale, la carta que escribe Gabriela Mistral, fechada en el hotel Mocambo de Veracruz el 12 de enero de 1949, ella si ustedes lo recuerdan, tenía una particular afición por México, para presentar al Secretario de la Academia Sueca en Estocolmo a Alfonso Reyes como candidato al premio Nobel en el 49.

“El caso de Alfonso Reyes, señor Andrés Andreshosterling, Secretario de la Academia, es el de un escritor al cual nadie disputa su lugar en nuestros países: Argentina, Uruguay, Chile Perú, etcétera. Se trata de un gran prosista, de un poeta agudo y sutil y de un creador cotidiano de cultura por la abundancia y por el desorden que tuvieron sus publicaciones en una o más editoriales la obra de nuestro escritor ha sufrido muchísimo cada lector suele conocer una o dos direcciones de esa obra y se ha quedado sin los demás rumbos, hay los que siguen solamente sus ensayos, hay los que se aplican a su especialización en historia literaria y hay unos pocos que lo hemos disfrutado en la obra entera, me he hallado a profesores y escritores que nunca leyeron ni La Ifigenia cruel ni la poesía lírica de Alfonso Reyes, tampoco aquella prosa suya que llamaríamos civil en donde está su labor de hombre continental, centro y sudamericano y español por añadidura. Solamente ahora esa obra copiosa está editándose por una editorial -Fondo de Cultura Económica- la anarquía lastimosa de nuestras editoriales que aparecen y desaparecen, ha dañado bastante la divulgación del maestro Alfonso Reyes, sin embargo él es popular entre los cultos, si vale la frase, y hasta suele trocarse con lo popular-campesino pues ha hecho también poesía de sabor folklórico. Alfonso Reyes es realmente, varios hombres, un clásico americano un elaborador de cultura y también un reconciliador en prosa y en verso de las tendencias criollo-futuristas que recorren América Latina y solo en él se transmiten en creación seria, y en asimilación verdadera, sea en verso, sea en la prosa.”

Y siguen las razones elogiosas. Esta candidatura de Reyes en 49, fue apoyada públicamente también por Octavio Paz, de quien sólo voy a leer unos párrafos, dice:

“Si, tenemos algunos poetas extraordinarios, un dramaturgo, varios críticos y tres o cuatro grandes escritores en prosa en la literatura mexicana. Pero tenemos sobre todo -dice Paz- un hombre para quien la literatura ha sido algo más que una vocación o un destino; ha sido una religión. Un hombre para quien el lenguaje ha sido y es todo lo que puede ser el lenguaje sonido y signo, trazo inanimado y magia, organismo de relojería y ser vivo, palabra en suma, poeta, crítico y traductor, el es el hombre de letras por excelencia, el minero, el artífice, el peón, el jardinero el sacerdote de las palabras…”

Pero de alguna manera esta importancia de Alfonso Reyes, no solo es una importancia que ahora la vemos y la tenemos como estrictamente comprensible, inteligible en términos críticos, en términos literarios, en términos estéticos; sino que no sabríamos explicarnos el fenómeno Reyes, el caso Reyes, la figura de Alfonso Reyes, si no atendemos, si no recordamos, de alguna manera, su biografía, y aquí es preciso recordar que Alfonso Reyes fue el hijo de su padre, el hijo de su padre quiere decir, el hijo del general Bernardo Reyes que gobernó, reinó en Nuevo León durante varios años durante el Porfiriato. Que estuvo en por lo menos tres ocasiones muy cerca del umbral que lo separaba del poder absoluto, es decir, en un momento dado, se pensó que Bernardo Reyes podría ser el “hombre fuerte” que sucedería a Porfirio Díaz. Bernardo Reyes había llegado esa condición de “hombre fuerte” del Porfiriato de gobernador, no solo, Nuevo León, sino yo diría un poco de todo el norte de México, debido a que era un hombre enormemente aguerrido, un guerrero, “un poeta de la espada”, como diría el propio Reyes. Un hombre que hizo la guerra contra el yaqui y también evitó que se diera una mayor violencia en un momento dado que ya estaban pacificados y que por medidas administrativas, como suele suceder ¿verdad? -nos suena- se perturba el status quo en un momento dado al final de los ochenta del siglo antepasado y hay un momento en que está a punto de incendiarse el norte de México en una guerra entre indios y criollos –“de máscaras pálidas”- y es Bernardo Reyes el que logra pacificar esto. Pero no sólo ha hecho eso; sino que también persiguió a este personaje memorable, quizás, si no simpático, por lo menos atractivo literariamente que fue el bandido llamado “El tigre de Álica” un guerrillero que asoló -el famoso Losada- que asoló el norte de México, Colima, Nayarit, Jalisco y que se hizo fuerte a la hora de la Intervención francesa -está muy bien recordarlo hoy, 5 de mayo- porque fue de aquellos mexicanos que “le vendieron su alma al diablo francés”, que se pusieron del lado de los invasores, esto le permitió al “Tigre de Álica”, a Manuel Losada, reinar en el noroccidente de México durante casi una década y quien llegaría a someterlo sería precisamente Bernardo Reyes. El joven Bernardo Reyes, muy muy joven, quien cuando se anuncia la intervención francesa en su pueblo siendo, como digo, un adolescente, escupe el bando civil donde se convoca a la sumisión, y es gracias a los oficios del abuelo de nuestro ex presidente López Portillo, su bisabuelo, que logra su madre sacarlo de la cárcel para que luego, luego Bernardo se vaya a pelear en contra de los franceses en la guerrilla legítima. Bernardo Reyes era una figura excepcional desde el punto de vista ética y desde el punto de vista de la lealtad a las instituciones por eso mismo va a ser enormemente trágica su muerte, el 9 de febrero de 1913, durante la “Decena trágica”. Es, en este momento, ya no el gobernador, ya no el hombre que tiene todos los laureles, y todos los prestigios de la gloria militar y civil, hay que recordar que en Nuevo León, como gobernador, Bernardo Reyes fue uno de los introductores de la legislación que protegía los derechos del trabajador, por ejemplo, o sea no era un hombre de poder así nada más; sino que era un político, un estadista más complejo. Pero, como ustedes, o recordemos brevemente Bernardo Reyes no quiso ponerse a la cabeza del “Reyismo” que le pedía que asumiera el relevo de Porfirio Díaz y cuando Francisco Madero toma el poder por la elecciones -que sabemos- Bernardo se va exiliado y regresa y cae en la trampa de creer de pensar que el de Madero, a pesar del mecanismo electoral, a pesar de la flamante democracia, es un hijo ilegítimo, un hombre que no merece el poder, o sea, cae bajo el hechizo de las sirenas militares, de las sirenas de la violencia y es muerto, bueno primero es aprehendido y encarcelado en, recuerdan el Palacio nacional, la plaza mayor, zócalo de México que tiene tres puertas, la puerta en donde siempre están los militares, la puerta de en medio y la puerta donde está el Hemiciclo a Juárez , en la puerta en donde están los militares, anteriormente, atrás había, a principios de siglo, una prisión y estuvo ahí Bernardo Reyes, compartiendo el espacio con otro personaje memorable simpático, carismático de la historia de México Francisco Villa, ese otro “tigre de Álica” seguramente cuando estuvieron prisioneros, algo más de un año, se cruzaron no pocas veces y aunque no hay testimonio de que hayan entablado conversación, Francisco Villa y Bernardo Reyes, es seguro que compartieron ese espacio de enclaustramiento forzoso. Debido a las diligencias de la familia Reyes, particularmente del hermano mayor de Alfonso, el político, Rodolfo Reyes amigo personal e íntimo, Rodolfo, de otro villano de la historia mexicana que es Félix Díaz, gracias a las gestiones de Rodolfo sale Bernardo de prisión, pero tan pronto sale, encabeza una revuelta, en ese febrero trágico de la “Decena trágica” y muere sobre su caballo, balaceado por los soldados que defendían Palacio Nacional donde estaba el acosado y asediado Madero con su gabinete, con Pino Suárez.
De modo que, cuando cae Bernardo Reyes, este hombre que en toda su vida había sido impecable, noble, leal honrado, carismático, amigo de los poetas, amigo de Otón en México; pero también fuera de México: amigo de Rubén Darío, amigo de José Enrique Rodó, hombre que se sabía versos de memoria, un militar ilustrado, culto como ya no los hay, o quizás los hay pero se esconden. Digo que Bernardo Reyes al caer, de alguna manera para el joven Alfonso, muere dos veces, porque muere como una figura física, como un cuerpo físico, pero también muere como un objeto de admiración y se convierte en una especie de “padre incómodo” de figura bochornosa, ¿cómo ser hijo de este aliado de Victoriano Huerta? De hecho cuando muere Bernardo Reyes, 1913, en ese momento Alfonso, todavía Alfonsito quizás, tendría 24 años, él nació el 17 de mayo del 89, está recién casado, tiene un hijo. El propio Victoriano Huerta se acerca a Alfonso Reyes para nombrarlo su secretario particular, el hombre que le lleva la agenda, -una función de moda- pero no acepta y finalmente para no pelearse con quien tiene el poder, con Victoriano Huerta, acepta irse de México nombrado como secretario de la legación mexicana en París y en ese momento Reyes se va de México, es decir, por ahí de agosto septiembre de 1913 y Reyes no volverá a México más que a tomar vacaciones unos cuantos días, en aquella época en que no había aviones, o eran muy raros. Sólo volverá a México definitivamente después de septiembre de 1939, por agosto también o septiembre. De modo que el Alfonso Reyes escritor, el Alfonso Reyes creador, artista es en realidad una figura del exilio, una figura del destierro.
El Alfonso Reyes a quien le escribe Héctor Pérez Martínez en 1932, es ya el hombre que ha estado en París y en París se ha hecho amigo, por méritos propios, por su simpatía, por su gracia, por su ángel, por su memoria, por lo que ustedes quieran, se ha hecho amigo de escritores mayores como puede ser Paul Válery, de escritores de su edad o un poco más jóvenes, como pueden ser Saint John Perse o Julio Supervielle, de escritores innumerables en Francia. Cuando estalla la Primera guerra mundial Reyes tiene que irse a Madrid y ahí en Madrid se ve obligado a ganarse la vida con la pluma en la mano.
En Madrid no es el único mexicano, hay otros, pero Francisco de Icaza, no resisto la tentación de leerles esta cita, le advierte en cuanto llega Alfonso Reyes a Madrid a vivir esos días heroicos, le advierte Francisco de Icaza al joven Alfonso Reyes de ya veinticinco o veintiséis años que llega con muchas ganas de ganarse la vida con la pluma, le dice Icaza, el amigo de Machado, en fin, de tantos otros, le dice: “… pero se lo digo sin rodeos, es posible que usted logre sostenerse aquí con la pluma pero eso es como ganarse la vida levantando sillas metálicas con los dientes.” Pero Reyes lo hace, se gana la vida “levantando sillas metálicas con los dientes” y es en ese momento, en Madrid, donde vamos a ver al Reyes más creativo, más ingenioso, más laborioso y trabajador. Es ahí donde escribirá La visión de Anáhuac, es ahí donde inventará algo que está en cada uno de los momentos de su obra, pero que de alguna manera, configura, algo menos y algo más que una obra porque Reyes no es el autor, como podrían serlo otros escritores, Reyes no es el autor de una gran obra maestra, es decir, de una novela de seiscientas páginas, es el autor de diversas, numerosas, muchas, copiosas pequeñas obras maestras, pero es sobre todo, el autor, el inventor, el creador de un idioma español.
Y esto es precisamente lo que van a saludar un Jorge Luis Borges y lo que van a saludar los amigos españoles de la época en Reyes esta vivacidad, esta consistencia del idioma.
El idioma español, como ustedes saben -esta es una necesaria disgregación- es un idioma que después del Siglo de oro, después del siglo XVII, entra en una especie de automatismo octosílabo, de somnolencia en parte por la Inquisición, en parte porque en España la vida intelectual deja de estar cerca del riesgo cerca de la aventura. La Inquisición en cierto modo ha castrado a la literatura hispánica de su capacidad de innovación y ha transformado a lo escrito en español, a partir de ella, en una literatura rígida curialesca, dura, burocrática. Tendremos que esperar al final del siglo XIX, al Modernismo, a Rubén Darío y a los escritores españoles que le son coetáneos, como Antonio Machado, o un poco posteriores, Unamuno, Azorín y Baroja, pero sobre todo me quedaría con Machado y Rubén Darío para esta explicación. Tendremos que esperar que un Rubén Darío dé una vuelta por la literatura y encuentre el “genio de la lengua” en la poesía, en el verso, en la prosa de los escritores primitivos españoles, el Arcipreste de Hita, Gonzalo de Berceo y los poemas anónimos de aquella época, El libro de Alexandre, El diálogo del alma y el cuerpo, y otros. Esa savia primitiva junto con la savia del Simbolismo francés, que en ese momento está haciendo su eclosión, su florecimiento, van a traer un torrente de sangre fresca a la literatura lírica en español. Pero, ¿y la prosa?, la prosa se ha quedado atrás y precisamente el chiste de Alfonso Reyes, la gran aportación, la gran riqueza de Alfonso Reyes a la literatura, no mexicana, a la literatura hispánica e hispanoamericana, como lo sabrá reconocer un Jorge Luis Borges o un Miguel de Unamuno o un Ortega, consiste en hacer, lo mismo que hizo un Rubén Darío con el verso, hacerlo en la prosa, es decir, conectar a la prosa con los dos polos energéticos que alimentan a nuestra tradición, por un lado la relectura de la literatura hispánica primitiva y por otro lado la manifestación, la expresión de la literatura de Vanguardia. Reyes es, no sólo un escritor clásico, sino un escritor vanguardista y funde estas dos corrientes, estos dos torrentes en su idioma, del cual, el ejemplo más acabado, el ejemplo más señalado es el poema titulado Visión de Anáhuac, en el cual ahora me voy a detener. Primero les leeré un cachito de Visión de Anáhuac y después nos adentraremos en una pequeña exégesis del poema.

“En la era de los descubrimientos, aparecen libros llenos de noticias extraordinarias y amenas narraciones geográficas. La historia, obligada a descubrir nuevos mundos, se desborda del cauce clásico, y entonces el hecho político cede el puesto a los discursos etnográficos y a la pintura de civilizaciones. Los historiadores del siglo XVI fijan el carácter de las tierras recién halladas, tal como éste aparecía a los ojos de Europa: acentuado por la sorpresa, exagerado a veces. El diligente Giovanni Battista Ramusio publica en su peregrina recopilación Delle Navigationi et Viaggi en Venecia y el año de 1950. Consta la obra de tres volúmenes infolio, que luego fueron reimpresos aisladamente, y está ilustrada con profusión y encanto. De su utilidad no pude dudarse: los cronistas de Indias del Seiscientos (Solís al menos) leyeron todavía alguna carta de Cortés en las traducciones italianas que ella contiene. -Me salto, voy a otro lado, a la visión del propio valle de México. Epígrafe de Bernal Díaz del Castillo-. Parecía a las cosas de encantamiento que cuentan en el libro de Amadís… No sé cómo lo cuente, Bernal Díaz del Castillo.
Dos Lagunas ocupan casi todo el valle: la una salada, la otra dulce. Sus aguas se mezclan con ritmos de marea, en el estrecho fondo formado por las sierras circundantes y un espinazo de montañas que parte del centro. En mitad de la laguna salada se asienta la metrópoli, como una inmensa flor de piedra, comunicada a tierra firme por cuatro puertas y tres calzadas, anchas de dos lanzas jinetas. En cada una de las cuatro puertas, un ministro grava las mercancías. Agrúpanse los edificios en masas cúbicas; la piedra está llena de labores, de grecas. Las casas de los señores tienen vergeles en los pisos altos y bajos, y un terrado por donde pudieran correr cañas hasta treinta hombres a caballo. Las calles resultan cortadas, a trechos, por canales. Sobre los canales saltan unos puentes, unas vigas de madera labrada capaces de diez caballeros. Bajo los puentes se deslizan las piraguas llenas de fruta. El pueblo va y viene por la orilla de los canales, comprando el agua dulce que ha de beber: pasan de unos brazos a otros las rojas vasijas. Vagan por los lugares públicos personas trabajadoras y maestros de oficio, esperando quien los alquile por sus jornales. Las conversaciones se animan sin gritería: finos oídos tiene la raza, y, a veces, se habla en secreto. Óyense unos dulces chasquidos; fluyen las vocales, y las consonantes tienden a licuarse. La charla es una canturía gustosa. Esas xés, esas tlés, esas chés que tanto nos alarman escritas, escurren de los labios del indio con una suavidad de aguamiel. El pueblo se atavía con brillo, porque está a la vista de un grande emperador. Van y vienen las túnicas de algodón rojas, doradas, recamadas, negras y blancas, con ruedas de plumas superpuestas o figuras pintadas. Las caras morenas tienen una impavidez sonriente, todas en el gesto de agradar. Tiemblan en la oreja o la nariz las arracadas pesadas, y en las gargantas los collares de ocho hilos, piedras de colores, cascabeles y adornos de oro. Sobre los cabellos, negros y lacios, se mecen las plumas al andar. Las piernas musculosas llevan aros metálicos, llevan antiparas de hoja de plata con guarniciones de cuero -cuero de venado amarillo y blanco-, suenan las flexibles sandalias. Algunos calzan zapatones de cuero como de marta y suela blanca cosida con hilo dorado. En las manos aletea el abigarrado moscador, o se retuerce el bastón en forma de culebra con dientes y ojos de nácar, puño de piel labrada y pomas de pluma. Las pieles, las piedras y metales, la pluma y el algodón confunden sus tintes en un incesante tornasol y -comunicándoles su calidad y finura- hacen los hombres unos delicados juguetes”.

Hasta aquí Reyes. Visión de Anáhuac es un texto que escribe, que describe el Anáhuac, el altiplano en 1519. Es escrito en Madrid en estos años heroicos donde Reyes levanta sillas con palillos mondadiente, como decía Icaza, en 1915, hay ahí una especie de pequeña cábala, de pequeña simetría, 1519, 1915. El Reyes que está escribiendo esto, es el Reyes que ha salido de México, que ha visto a su padre caer asesinado, justamente, en términos, digamos, históricos de ahora, y él lo sabe, por eso después se va a aliar con los gobiernos revolucionarios, ha visto a su padre, ha visto caer a Victoriano Huerta, ha visto caer a Francisco Madero, ha visto todo el proceso que se está creando, se está dando en ese momento de las revoluciones mexicanas, porque ya sabemos, nos lo han dicho los historiadores ahora, que la Revolución mexicana no fue una; sino fueron muchas y que realmente no sabemos cuando terminó, si terminó en verdad en el 17, o en el 27, o en 29, o en el 36, con los últimos episodios de la contrarrevolución Cristera. Bueno, en 1915 Reyes tiene todas estas heridas en el cuerpo del alma y escribe un texto que es Visión de Anáhuac, que de alguna manera, es un regreso mental a México al México convulso de la Revolución mexicana, pero vamos a fijarnos vamos a detenernos un poco en la forma en que Alfonso Reyes regresa a su querida tierra, su patria. No regresa con la imagen, con la imaginación, con la mente, con la fantasía de un mexicano, regresa asombrosamente, con la mente, o metiéndose dentro del cuerpo mental del conquistador anónimo, de un español. Visión de Anáhuac es el descubrimiento del altiplano por un soldado anónimo, por un ìcî, por un “uno” de aquellos que acompañaron a Cortés. Pero Visión de Anáhuac representa otro descubrimiento, que es el descubrimiento que hace la literatura mexicana contemporánea de la literatura del Siglo de oro español. Reyes se mete dentro de la literatura del Siglo de oro, pero en lugar de escribir como un Quevedo, como un Cervantes, como un Góngora, se va a poner a escribir en la lengua popular de la época del Siglo de oro, es decir, como un Hernán Cortés, como un Bernal Díaz del Castillo o como una Teresa de Jesús o un Alonso de Contreras. Este descubrimiento de la literatura española clásica es un descubrimiento moderno es un juego arqueológico poético que da como da como resultado uno de los textos más consistentes de la literatura mexicana contemporánea, un texto que en cierto modo, “espejea”, y de hecho se han hecho comparaciones a ese gran poema de la literatura universal contemporánea que es la Anábasis de Saint John Perse. Con todo este bagaje, Reyes nos está señalando un camino y ese camino es el de que, para vivir en el presente, en el momento y en el lugar presente de la literatura hispanoamericana o de la literatura mexicana, tenemos que tener vivas dos coordenadas: por una parte, la coordenada que nos viene del conocimiento profundo de la literatura hispánica, no en balde Reyes ha sido el primer escritor de lengua española que traslada a lengua moderna el poema del Mio Cid, por otra parte, no desdeñar, de ninguna manera, los bienes adquiridos por la experimentación, por la literatura de Vanguardia- en el momento de Reyes, por Apollinaire, por Supervielle y por otros, por Saint John Perse-.
Y con esto me detengo, yo les podría seguir hablando de nuestro querido huésped del hotel Chulavista donde se quedaba aquí, pero creo que es oportuno dejar un espacio para sus comentarios y sus reflexiones. Muchas gracias.

¿Por que Alfonso Reyes no se ocupó de México y sus colores y olores?

Respuesta de Adolfo Castañón: No. Yo creo que Reyes se ocupó mucho de México, pero no quiso bajar a la palestra polémica porque traía esta herida de haber sido el hijo de su padre. Reyes puede no ser conocido por algunos bachilleres del sur o de aquí de México, pero yo le aseguro que es un escritor que es enormemente apreciado y conocido fuera de México, baste pensar en los elogios que dedica Borges, que le dedica Byoy Casares y baste pensar también en el número muy amplio de estudiosos que se dedican a su obra, porque Reyes no sólo fue una persona o un escritor que escribió -como digo, algunas tres mil páginas sobre México, de las veinte mil de su obra total- sino que fue un funcionario del gobierno mexicano, y como tal trabajó, vamos a decir haciendo patria en los memorandos y dando conferencias, una y otra vez, a propósito de la cultura mexicana. Yo creo que el tema de la relativa ignorancia en relación con Alfonso Reyes, tiene que ver con que Reyes no es un escritor -voy a usar una palabra un poco exagerada- sensacionalista. Yo creo que hay algo de razón en lo que usted dice, pero sobre todo a nivel, digamos, de público y quizás también a nivel de editorial. El problema con Alfonso Reyes es que no es un Juan Rulfo que tiene dos obras que podemos memorizar rápidamente, es un hombre, que como les dije al principio, en su obra publicada de libro, sin hablar de los documentos, tiene un universo enormemente disperso. Y en cierto modo, el peor enemigo de Alfonso Reyes ha sido Alfonso Reyes, como lo decía Gabriela Mistral, en su carta a la embajada sueca y el propio Octavio Paz, en el fragmento que les leí. Porque Reyes es varios escritores, no sólo es un escritor, es el poeta, el cuentista, el helenista, el teórico literario, el epistológrafo, y un poco, yo diría para concluir con esta respuesta, que me ha llamado la atención en el curso de, mis ya no tan breves años, ver que en la última década hay una especie de renacimiento, de resurrección del interés por Reyes.

¿No se puede actualizar la obra de Alfonso Reyes?

Un día en Bogotá, -tengo un amigo colombiano- y de pronto tomo el taxi, estaba yo solo y oigo una cumbia, una cumbia en donde hay un refrán que se repite, que dice “Los caminos de la vida no llevan a donde yo voy”. Y me quedo en el taxi: ¿Y esto de donde lo conozco?, si esta cumbia yo no la conozco, ¿de dónde sale, de donde sale? Bueno sale de aquí, es un poema de Alfonso Reyes, y con eso podemos levantar la sesión, está en el texto Soledades:

Soledades

“¿Qué tienes alma que gritas
a tu manera y sin voz?
Los caminos de la vida
no llevan a donde yo voy.

Mal sabes lo que procuras
mal puedes con tu dolor
échate el alma a la espalda
alma y sigue con valor.

No puedo que salí al mundo
y no me desengañó
vi una torre, vi una fuente
vi una mujer, vi una flor.
Sentí una canción, vi un ave
adiviné un resplandor
La torre se iba rindiendo
se agotaba el surtidor.

Mujer y flor se mudaban
perdiendo aroma y color
el ave se estremecía
ya no volaba, ya no
¿A dónde se fue el resplandor?

¿Qué tienes, alma que gritas
a tu manera y sin voz?
Los caminos de la vida
no me llevan a donde yo voy.

Disque íbamos a vivir
disque íbamos a viajar
disque íbamos a ser felices
vivir juntos y lo demás”.

Adolfo Castañón

(Ciudad de México, 1952) Poeta, ensayista, editor y crítico literario mexicano. Estudioso de las letras y gastrónomo completamente autodidacta, ha sido miembro del consejo de redacción de varias revistas en Latinoamérica, entre las que se encuentran La Cultura en México, Suplemento de Siempre, Vuelta, Letras Libres y Gradivia. Laboró durante más de 30 años en el Fondo de Cultura Económica donde desempeñó distintos cargos del oficio editorial. Gran lector de todos los géneros, es también admirador y estudioso de la obra de Alfonso Reyes, de quien ha dicho que fue “el poeta y crítico que sentó las bases de un canon moderno de la prosa y del verso para las letras mexicanas e hispanoamericanas”. Ingresó a la Academia Mexicana de la Lengua en marzo de 2005, ocupando la silla número dos de la institución, que antes perteneciera a Francisco Monterde y a Héctor Azar. Por sus publicaciones ha recibido el Premio Diana Moreno Toscano (1976) y el Premio Mazatlán de Literatura 1995. En el 2009 Castañón fue merecedor del Premio Xavier Villaurrutia de 2008, máximo galardón para las letras mexicanas, por Viaje a México. Ensayos, crónicas y retratos.También en ese mismo año fue ganador del Premio Nacional de Periodismo José Pagés Llergo —en su modalidad de publicación o programa cultural por televisión— por su programa Los maestros detrás de las ideas, transmitido por TV UNAM. Entre sus obras se encuentran:

Fuera del aire (1978)
El reyezuelo (1978)
Cheque y carnaval (1978)
El pabellón de la límpida soledad (1991)
Alfonso Reyes Ochoa, Caballero de la voz errante (1991)
El mito del editor y otros ensayos (1993)
Sombra pido a una fuente (1994)
Arbitrario de literatura mexicana (Paseos I) (1993)
Macrocefalia, en colaboración con Jaime Moreno Villareal y Fabio Morábito (1994).
La gruta tiene dos entradas (Paseos II) (1995), Premio Mazatlán de Literatura 1995
El jardín de los eunucos (Paseos III) (1996)
Lugares que pasan (IV) (1998)
Tránsito de Octavio Paz (1914-1998) (1999)
Grano de sal (2000)
A veces prosa (2003)
La campana y el tiempo (1973-2003) (2004)
Viaje a México. Ensayos, crónicas y retratos (2008)

Fuente: www.humanistas.org.mx