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Las dimensiones del poder y la responsabilidad de los intelectuales. Universidad: poesía, política y pueblo

Seminario de investigación y ciclo de conferencias magistrales 2014

Las dimensiones del poder y la responsabilidad de los intelectuales. Universidad: Poesía, Política y Pueblo

Dr. Braulio Hornedo Rocha

Disciplinas: Ciencia política/ Filosofía/ Historia/ Literatura / Educación / Antropología

Justificación y motivos de la cátedra

El polígrafo Alfonso Reyes ha sido considerado, por algunos de los más destacados intelectuales del mundo y de su tiempo, como uno de los principales humanistas mexicanos del siglo XX. Lo han dicho los argentinos, Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, los chilenos Gabriela Mistral y Pablo Neruda, los colombianos Gabriel García Márquez y Germán Arciniegas, los españoles José Gaos, Juan Ramón Jiménez y Fernando Savater, y los mexicanos: Octavio Paz, Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco, Gabriel Zaid, José Luis Martínez y Adolfo Castañón entre muchos otros.

Con esta cátedra nos proponemos investigar de entre las varias facetas del quehacer Alfonsino; como teórico y creador literario; como filósofo e historiador; como helenista y divulgador de la ciencia, como narrador y poeta; como diplomático y fundador de instituciones educativas y culturales; nos interesa destacar el papel del Reyes educador y crítico cultural, que es una de las facetas menos estudiadas pero de mayor actualidad y urgencia de reflexionar en nuestro tiempo.

Objetivos generales

  • Esclarecer el legado cultural de don Alfonso Reyes, en el marco de las tradiciones del pensamiento humanista mexicano e hispanoamericano del siglo XX, en torno a la responsabilidad de los intelectuales ante las diferentes dimensiones del poder (económico, político, militar, científico, entre otros).
  • Contribuir en la identificación y documentación de diez generaciones (1810, 1825, 1840, 1855, 1870, 1885, 1900, 1915, 1930, 1945) en las tradiciones del pensamiento humanista mexicano, considerando como centroide la generación a la que pertenece el propio Reyes (1885).
  • Formular una descripción histórica cultural del papel de Alfonso Reyes como universitario y artífice de la fundación de la Universidad Popular Mexicana, El Colegio de México y El Colegio Nacional, tres de las más insignes instituciones educativas mexicanas en el siglo XX.

Metas específicas

Al final del curso el participante podrá:

  • Definir conceptualmente las nociones de generación, conversación, intercultural, tradición del pensamiento, intelectual, poder, crítica, cultura del progreso, convivencialidad, megamáquina, sistemas complejos, desescolarización, ecología política, municipalismo libertario.
  • Analizar la relación política, social y cultural entre el poder económico, político, militar y la “república de las letras” en el siglo XX mexicano.
  • Criticar las prácticas educativas y políticas que nos impone la “cultura del progreso”. Utilizar el método histórico de las generaciones para la identificación y comprensión de las tradiciones del pensamiento humanista en México e Hispanoamérica. 

Programa

Fecha:
Temas:
Lectura:
  31/07/2014
El método histórico de las generaciones como instrumento del análisis filosófico, político y literario
Ortega, José. El tema de nuestro tiempo, Ed. Porrúa, México, 1985. Marías, Julián, Literatura y generaciones, Espasa Calpe, Madrid, 1975. www.humanistas.org.mx Ponente: Dr. Braulio Hornedo Rocha
14/08/2014
Alfonso Reyes y José Vasconcelos. Octavio Paz y Gabriel Zaid. Una tradición intelectual
Garciadiego, Javier. Simpatías y diferencia entre Alfonso Reyes y José Vasconcelos. www.catedrareyes.org Ponente: Dr. Javier Garciadiego
28/08/2014
La generación del Ateneo, la generación de Contemporáneos, la genereción de Taller, la generación de Medio siglo
Matute, Álvaro. El Ateneo de México, Fondo de Cultura Económica, México, 1999 www.alfonsoreyes.org Ponente: Dr. Álvaro Matute
11/09/2014
México en la obra de Alfonso Reyes y Octavio Paz
Castañón Adolfo. México en la obra de Alfonso Reyes. www.alfonsoreyes.org Ponente: Mtro. Adolfo Castañón
25/09/2014
La afición de Grecia
Reyes, Alfonso, Obras completas XVI, Fondo de Cultura Económica www.greciaclasica.org.mx Ponente: Dra. Verónica Peinado
09/10/2014
Recuerdos de don Alfonso Reyes. Video conferencia (2000)
Reyes, Alfonso, Obras completas XVI, Fondo de Cultura Económica www.greciaclasica.org.mx Ponente: Don José Luis Martínez +
23/10/2014
Un abrazo para Alfonso Reyes. Video conferencia. (2000)
Poniatowska, Elena. Un abrazo para Alfonso Reyes. www.catedrareyes.org Ponente: Mtra. Elena Poniatowska
06/11/2014
La Ilíada de Homero en Cuernavaca
Reyes, Alfonso, Obras completas XVI, Fondo de Cultura Económica www.greciaclasica.org.mx Ponente: Dr. Braulio Hornedo
20/11/2014
Los poetas Alfonso Reyes, Octavio Paz y Gabriel Zaid o la lucha con el ángel
Quirarte, Vicente, La lucha con el ángel www.alfonsoreyes.org. www.univirtual.mx Ponente: Dr. Vicente Quirarte
05/12/2014
Universidad, política y pueblo.
Pacheco, José Emilio, Universidad, política y pueblo, UNAM, México 1967 www.alfonsoreyes.orgwww.univirtual.mx Ponente: Dr. José Emilio Pacheco +

Bibliografía básica

Garciadiego, Javier, Alfonso Reyes, Planeta, México, 2009.

Illich, Iván. Obras reunidas. Vol. 1, Fondo de Cultura Económica, México, 2005.

Marías, Julián, Literatura y generaciones, Espasa Calpe, Madrid, 1975. Oakeshott, Michael, El racionalismo en política, Fondo de Cultura Económica, México, 2000.

Ortega y Gasset, José, El tema de nuestro tiempo, Ed. Porrúa, México, 1985.

Pacheco, José Emilio, Universidad, política y pueblo, UNAM, México, 1967.

Reyes, Alfonso, Obras completas. Vols. I al XXVI, Fondo de Cultura Económica, México.

Reyes, Alicia, Genio y figura de Alfonso Reyes, Fondo de Cultura Económica, México, 2000.

Rob J.W. comp., Páginas sobre Alfonso Reyes, 8 vols. El Colegio Nacional, México, 1998.

Velasco, Ambrosio, Republicanismo y multiculturalismo, Siglo XXI, México, 2006.

Zaid, Gabriel, “Instituciones de la conversación”, Memoria, El Colegio Nacional, México, 2006.

Zaid, Gabriel, El secreto de la fama, Debolsillo, Random House, México, 2013.

Bibliografía y videografía en línea

www.alfonsoreyes.org

www.catedrareyes.org

www.humanistas.org.mx

www.ivanillich.org.mx

www.octavio-paz.com

www.univirtual.mx

www.greciaclasica.org.mx 

Informes

Teléfono: +52 (777) 317 81 81

E-mail: catedrareyes@gmail.com

Cuernavaca, Morelos, México

Visión de Anáhuac. Voz viva de Alfonso Reyes

https://soundcloud.com/univirtual/01-vision-de-anahuac

Enlace relacionado:

https://itunes.apple.com/mx/book/vision-anahuac-y-otros-ensayos/id436052479?mt=11

La Ilíada de Homero (en Cuernavaca). Aristía de Alfonso Reyes. Por Braulio Hornedo Rocha

Ya estoy aquí en la tarea que Dios me dio.

Diario de Alfonso Reyes (15-X-1948)

A Gabriel (70) y Marycruz (80)

¿Tiene sentido distinguir entre la vida y la obra de Alfonso Reyes?, ¿acaso él mismo no lo dejó claramente establecido al final de su Constancia poética? “Quiero que la literatura sea una cabal explicación, y, por mi parte, no distingo entre mi vida y mis letras”. ¿No dijo Goethe que “todas mis obras son fragmentos de una confesión general”?

Es tan abundante y variada la obra de Alfonso Reyes que inevitablemente intimida hasta a los más valientes lectores. La primera vez que abordamos el intento de leerlo nos preguntamos ¿por dónde empezar? Los veintiséis gruesos volúmenes donde se agrupan las 13,404 páginas que componen la edición de sus Obras completas en el Fondo de Cultura Económica, nos confirman ese acierto de Octavio Paz al señalar que los libros de Alfonso Reyes, no sólo son una obra, sino toda una literatura.

Ensayo, narrativa, crítica, teoría e historia literaria; filosofía, divulgación de la ciencia, memorias, dramaturgia y poesía, son algunos de los caudalosos afluentes que desembocan en la mar de la “literatura alfonsina”. Su curiosidad intelectual lo abarca todo, desde la Crítica en la edad ateniense, hasta la poética en la obra de José Martí bajo la perspectiva de la mecánica cuántica. Lo mismo cultiva la recreación (que no sólo la traducción) de La Ilíada de Homero, que reflexiona cretinamente sobre la mezcalina, los garbanzos, el infinito, el cine, la radio, la servidumbre voluntaria o la teoría matemática de la información y los límites de la física. “Todo lo sabemos entre todos” era un proverbio que gustaba repetir, pero creo que sobre todo, le gustaba encarnarlo con su ejemplo.

Reyes “descubre” Cuernavaca en 1947 a la “breve distancia de un suspiro” de la Ciudad de México, buscando un lugar aislado para trabajar, y un clima y altura más adecuados para la dolencia cardiaca que padece desde 1944. Encuentra en Cuernavaca “la tibieza vegetal donde se hamaca el ser en filosófica mesura”. Y estas pausas de libertad y esparcimiento creador le permiten tomar distancia de los ajetreos burocráticos derivados de sus múltiples responsabilidades como Presidente de El Colegio de México, fundador de El Colegio Nacional y miembro numerario en la Academia Mexicana de la Lengua, de la que será su director de 1957 a 1959.

Se hospeda las primeras ocasiones en el Hotel Chulavista y posteriormente se aficiona más al Hotel Marik en el centro de la ciudad de Cuernavaca; allí tiene un cuarto favorito desde donde contempla las formaciones rocosas tepoztecas como “indostánicas pagodas” o monumentales escenografías de “óperas wagnerianas”. Se ocupa en ese año (1947) y en el siguiente de su traslado, no sólo llana traducción de la Ilíada de Homero, vertiendo el modelo original griego escrito en hexámetros, al español en versos alejandrinos (verso de catorce sílabas, dividido en dos hemistiquios, rimados y pareados), pero Reyes piensa sobre todo en el lector común y corriente, a quien las traducciones eruditas definitivamente lo espantan y hasta terminan ahuyentándolo. Pensaba como coautor, y quizá mejor, como cómplice de Homero, ocupándose atento en los lectores contemporáneos.

Esta tarea que “Dios le dio” es un ambicioso proyecto que, como diría su admirado Goethe, sólo un “epipoeta” de su talla podría emprender. Ya el sólo hecho de “transportar el verso homérico a las lenguas vivas es más difícil que encerrar al genio en la botella”, y si a esto le agregamos el hacerlo con una métrica y un ritmo derivados de la rima castellana, entonces sí, la tarea parece poco menos que imposible, aún para un equipo numeroso de especialistas y ayudantes con becas, equipamientos y presupuestos millonarios como se estila en las universidades hoy en día. Que decir entonces de un solo poeta al finalizar sus cincuenta y trabajando por su cuenta.

Entre septiembre y noviembre del año 1948, Alfonso Reyes escribe en sus cada vez más frecuentes estancias en el Marik, (como para descansar haciendo adobes, dice el nunca mejor aplicado refrán) una colección de sonetos a manera de divertimento “prosaico, burlesco y sentimental, ocio o entretenimiento al margen de La Ilíada“. Recrea entre humorista y erudito, en ingeniosos sonetos, algunos de los personajes de la saga griega, instalándolos en Cuernavaca. Publica esta primera versión (de lo que será su Homero en Cuernavaca) al año siguiente (1949) en la revista Ábside, y dedica esta publicación al editor de la misma, “el sabio, inolvidable amigo y probo sacerdote (…) honra y luto de nuestras letras, desaparecido ha poco en plena labor”, el padre Gabriel Méndez Plancarte, a quien Reyes apreciaba mucho por una estrecha amistad literaria y enigmáticamente espiritual. Y digo enigmática, porque es de hacerse notar como bien señala su colega y paisano Gabriel Zaid que:

Nada parece más ajeno a la obra de Reyes que el espíritu religioso. Su herencia liberal (y hasta masónica: su padre, como casi todos los hombres del poder entonces, era importante en la masonería); su afición de Grecia, de Goethe, de la Francia libertina; su gusto por la vida, su optimismo, su olímpica sonrisa (que vuela sobre el mal, en vez de sumergirse en la conciencia desgarrada) parecen indiferentes a la fe, la duda, la negación (Obras II, El Colegio Nacional, 1993, 531-540).

“No leo la lengua de Homero; la descifro apenas”. Empieza por advertirnos don Alfonso en su prólogo a La Ilíada, como jugueteando detrás de un guiño, con esa singular sonrisa de niño que parece coronar en sus chinescos ojos, redondeándolos después para continuar, como si nada, con la cita que viene al caso:

Aunque entiendo poco griego -como dice Góngora en su romance-, un poco más entiendo de Grecia. No ofrezco un traslado de palabra a palabra, sino de concepto a concepto, ajustándome al documento original y conservando las expresiones literales que deben conservarse, sea por su valor histórico, sea por su valor estético. Me consiento alguna variación en los epítetos, cierta economía en los adjetivos superabundantes; castellanizo las locuciones en que es lícito intentarlo. Hasta conservo algunas reiteraciones del sujeto, características de Homero, y muy explicables por tratarse de un poema destinado a la fugaz recitación pública y no a la lectura solitaria. Pero adelanté con cuidado y prudencia, sin anacronismos, sin deslealtades. La fidelidad ha de ser de obra y no de palabra (Obras completas XIX, 91).

Este prólogo esclarecedor y además breve -recordemos que si lo bueno breve, dos veces bueno- está firmado en Cuernavaca durante el mes de noviembre de 1949, mientras terminaba la IX Rapsodia y revisaba y corregía incansable las anteriores. Con un estado de ánimo entusiasta anota en su diario:

Vuelvo a Cuernavaca, donde ¡acabé la IX Rapsodia de La Ilíada! y estoy en anotación general, puntas y ribetes, corrección de copias en limpio… Llegué a las 4 p.m. Tarde templadita y cielo sin mancha. ¡A trabajar en Homero! (…) Acabé mi faena a las 12 1/2 de la noche! De entusiasmo he perdido el sueño (Obras completas XIX, 12).

Entre insomnios entusiastas y correcciones inacabables transcurre el año de 1950, hasta que por fin entrega su Ilíada al Fondo de Cultura Económica el 8 de agosto. Todavía deberá de transcurrir un año para que:

Orfila, Joaquín Diez-Canedo, Agustín Millares, Raimundo Lida, y Julián Calvo me traen los preciosos primeros ejemplares de mi Ilíada I (tres ordinarios y uno fino), con colofón de 15 de septiembre (de) 1951.

Reyes está feliz como niño con juguete nuevo; la obra, la edición y hasta la crítica son resplandecientes, como ese Sol de Monterrey “despeinado y dulce, claro y amarillo, ese sol con sueño que sigue a los niños”. Azorín publica una nota el 22 de julio del año anterior en el ABC de Madrid reconociendo que Reyes traslada su penetrativa del mundo clásico español al mundo helénico.

Las reacciones de los críticos en México y el mundo son semejantes en su admiración y reconocimiento. José Moreno Villa (Suplemento de Novedades, México, 20 de enero de 1952), Medardo Vitier (Diario de la Marina, La Habana, Cuba, 8 de marzo de 1952), Bernabé Navarro (Excélsior, México, 20 de abril de 1952), José Luis Lanuza (La Nación, Buenos Aires, 4 de mayo de 1952), Daniel Devoto (Sur, Buenos Aires, julio y agosto de 1952), Germán Arciniégas (Revista literaria Tegucigalpa, octubre 1952).

Recibe numerosas cartas personales de reconocimiento, de humanistas de la talla de Ramón Menéndez Pidal, Werner Jaeger, Tomás Navarro Tomás y José Gaos, entre otros notables pensadores, quienes coinciden en identificar una gran obra poética reflejo y recreación de otra gran obra poética. Alfonso Reyes es por esta hazaña singularísima “Aristía de Alfonso” con orgullo y desde entonces, nuestro Homero en Cuernavaca.

La Universidad Autónoma del Estado de Morelos comparte este orgullo con los lectores de una nueva centuria, reconociendo el generoso apoyo de innumerables personas e instituciones nacionales y extranjeras, entre las que es ineludible mencionar a Alicia Reyes, José Luis Martínez, José Emilio Pacheco, Gabriel Zaid y Adolfo Castañón, todos ellos fundadores del consejo directivo de la Cátedra Alfonso Reyes – El Colegio Nacional – UAEM. Así como agradecer también a la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad Autónoma del Estado de Nuevo León, el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, la Academia Mexicana de la Lengua, CONACULTA – INBA,  el Fondo de Cultura Económica, El Colegio de México, y muy particularmente destacar nuestro reconocimiento a El Colegio Nacional.

Finalmente agradecemos a Ulrika Borges, María Elena García Pérez, Itzé Godínez Guerrero, Braulio Hornedo Farriol, Mila Nayelli Hornedo Farriol, María Trinidad Jacobo Soza, Angélica Jaimes Jiménez, Viridiana Moreno López, Enrique Palacios Martínez, Manuel Prieto Gómez, Adán Santamaría Ochoa, Mauricio Santoveña Arredondo, Miriam Suárez de la Vega y Camerina Soza García su generosa, entusiasta y a veces hasta involuntaria participación en el grupo editor responsable por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos y Matemágica.

Este libro obedece a diversos criterios de selección, prefiero aceptar que son arbitrarios antes que antológicos o representativos, lo que resume sus pretensiones es resumir lo escrito por Reyes en Cuernavaca; o bien, con temática relativa a esta ciudad donde “como vino cordial; trina la urraca y el laurel de los pájaros murmura… (mientras) el tiempo mismo se suspende y dura…”

Braulio Hornedo Rocha,

Cuernavaca, Morelos, México, noviembre de 2004

Visión de Anáhuac. Por José Luis Martínez

Cátedra Alfonso Reyes en Cuernavaca
Igualdad entre Manuela y Marie-José

Aprovechando breves veranos de bienestar, y en ocasiones entre sorbo de oxígeno, Alfonso Reyes grabó para la Universidad Nacional, en su casa de la ciudad de México y en Cuernavaca, en agosto y septiembre de 1959, Visión de Anáhuac Ifigenia cruel, dos de sus obras más hermosas y significativas. Había aceptado, además, grabar una selección de poemas y algunos ensayos breves, característicos de su pensamiento y estilo de épocas anteriores, pero la vida no se lo consintió. Su exhausto corazón habría de rendirse la mañana del 27 de diciembre del mismo año, y la muerte que tan insistentemente se le había anunciado y con la que se empeñó valientemente en jugar carreras, habría de encontrarle entre sus libros y con las manos puestas en numerosas empresas.

Estos dos amplios poemas, uno en prosa, Visión de Anáhuac, y otro en verso, Ifigenia cruel, pertenecen al principio y al fin de su estancia madrileña que se extendería de 1914 a 1924, entre sus veinticinco y sus treinta y cinco años de madura juventud, cuando se sentía alejado de su país y cuando lo conturbaban los trágicos recuerdos de la muerte de su padre, confundido y perdido por la violencia revolucionaria. Inmediatamente después de las agudas instantáneas de Cartones de Madrid, que serían su tarjeta de presentación intelectual ante aquella ciudad a la que iba, como el abuelo Ruiz de Alarcón, a ganarse la vida, “el recuerdo de las cosas lejanas, el sentirme olvidado de mi país y la nostalgia de mi alta meseta -cuenta Alfonso Reyes- me llevaron a escribir la Visión de Anáhuac (1915). Sirviéndose de los testimonios proporcionados por las Cartas de relación de Cortés, la Historia verdadera de la conquista de Nueva España de Bernal Díaz del Castillo y la Crónica del Conquistador Anónimo, y de algunas fuentes modernas para la interpretación histórica, la Visión de Anáhuac es una evocación, no erudita ni documental sino artística, de la imagen de la antigua ciudad de México o Tenochtitlan, tal como apareció a principios del siglo XVI, en 1519 precisamente, a los ojos maravillados de los conquistadores españoles.

Pero Reyes no se propuso exclusivamente realizar, para decirlo en palabras de Valery Larbaud, “una descripción lírica, y de un lirismo emparentado con el del Sain-John Perse. Gran poema de colores y hombres, de extraños monumentos y de riquezas acumuladas: en suma la verdadera visión prometida, en todo su brillo y misterio”, sino que su intención profunda fue, además, la de interrogar a aquella imagen original de México y a aquel encuentro radical de dos razas, en busca del sentido de nuestra existencia.

Yo sueño -escribía Alfonso Reyes en 1922- en emprender una serie de ensayos que habrían de desarrollarse bajo esta divisa: En busca del alma nacional. La Visión de Anáhuac puede considerarse como un primer capítulo de esta obra, en la que yo procuraría extraer e interpretar la moraleja de nuestra terrible fábula histórica: buscar el pulso de la Patria en todos los momentos y en todos los hombres en que parece haberse intensificado; pedir a la brutalidad de los hechos un sentido espiritual; descubrir la misión del hombre mexicano en la tierra, interrogando pertinazmente a todos los fantasmas y las piedras de nuestras tumbas y nuestros monumentos.

Alfonso Reyes. Voz del autor. El Colegio Nacional, UNAM, Cátedra Alfonso Reyes UAEM, México, 2004.

A.R. Visión De Anáhuac

Viaje de Vuelta. Estampas de una revista. Por Malva Flores

malva-flores-viaje-de-vuelta-estampas-de-una-revista-13697-MLA3202517770_092012-OComo en todas las revistas que Octavio Paz alentó, Plural y Vuelta tuvieron un alma común: la pasión crítica, atributo que recobraba la antigua tradición de las revistas literarias mexicanas desde el inicio de nuestra vida independiente o incluso antes, cuando en los pequeños diarios, revistas o folletos se desataban polémicas que eran el pan de cada día, y esa discusión contribuyó al movimiento de Independencia.

Las revistas culturales son un espejo de la vida literaria pero son también la literatura misma. Ya Octavio Paz señalaba que la historia de la literatura moderna se confundía con la historia de sus revistas, que no sólo expresaban la ruptura entre las generaciones sino que servían de puente para transitar entre ellas. Discrepando de la unanimidad, frente a los embates contemporáneos de la intolerancia política e ideológica, Vuelta se propuso como “un espacio libre donde se pudieran desplegar, simultáneamente, la imaginación de los escritores y el pensamiento crítico moderno en sus distintas manifestaciones: filosofía, arte, literatura, moral, política”. Reunidas así imaginación, crítica y modernidad, Paz dio vida a una empresa cultural que hoy constituye una pieza fundamental en la historia de la cultura en México de la que Malva Flores nos ofrece en estas páginas un panorama general, aunque no por ello exento de rigor y precisión.

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