Consagración. Por Alfonso Reyes

Ya no pedirás albricias,

mitad del conocimiento,

que te hice de cristal

para siempre.

Ya verás, mitad del día;

ya verás, mitad del tiempo,

lo que vale ser recuerdo

para siempre.

A la gala de la luz,

y a la noche no,

fija en acciones volcadas,

aquí te sujeto yo.

Con tres compases de santa,

de santa sin resplandor,

bajaste de la peana,

que es el milagro mayor.

Hoy te adoran las sandalias

que aplastas con el talón;

te adoran los candeleros

que tiemblan en el salón,

y hasta la forma del aire,

en el hueco que dejaste,

donde se cuajó tu vida

para siempre.

Ya no corres ni te vas:

te matamos, te maté.

—Y vosotras, a soñar

sin decir palabra,

que las estrellas nacieron

para estar calladas.

Río de Janeiro, 1934.—OV.

Alfonso Reyes, Obras completas X, Constancia poética, Fondo de Cultura Económica, México, 1996, pp. 133-134.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s