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Juego mi vida, cambio mi vida. León de Greiff

Francisco de Asís León Bogislao de Greiff Häusler (MedellínColombia22 de julio de 1895 – Bogotá, Colombia11 de julio de 1976; Generación 1900), mejor conocido como “León de Greiff“, es uno de los más destacados poetas colombianos del siglo XX. Se le conoció también como Leo Le Gris y Gaspar de la Nuit . De Greiff fue de los impulsores del movimiento literario Los Panidas (Medellín1915):

Juego mi vida, cambio mi vida,
de todos modos
la llevo perdida…

Y la juego o la cambio por el más infantil espejismo,
la dono en usufructo, o la regalo…

La juego contra uno o contra todos,
la juego contra el cero o contra el infinito,
la juego en una alcoba, en el ágora, en un garito,
en una encrucijada, en una barricada, en un motín;
la juego definitivamente, desde el principio hasta el fin,
a todo lo ancho y a todo lo hondo
—en la periferia, en el medio,
y en el sub-fondo…—

Juego mi vida, cambio mi vida,
la llevo perdida
sin remedio.
Y la juego, o la cambio por el más infantil espejismo,
la dono en usufructo, o la regalo…:
o la trueco por una sonrisa y cuatro besos:
todo, todo me da lo mismo:
lo eximio y lo rüin, lo trivial, lo perfecto, lo malo…

Todo, todo me da lo mismo:
todo me cabe en el diminuto, hórrido abismo
donde se anudan serpentinos mis sesos.

Cambio mi vida por lámparas viejas
o por los dados con los que se jugó la túnica inconsútil:
—por lo más anodino, por lo más obvio, por lo más fútil:
por los colgajos que se guinda en las orejas
la simiesca mulata,
la terracota rubia;
la pálida morena, la amarilla oriental, o la hiperbórea rubia:
cambio mi vida por una anilla de hojalata
o por la espada de Sigmundo,
o por el mundo
que tenía en los dedos Carlomagno:                                                                         —para echar a rodar la bola…

Cambio mi vida por la cándida aureola
del idiota o del santo;
la cambio por el collar
que le pintaron al gordo Capeto;
o por la ducha rígida que llovió en la nuca
a Carlos de Inglaterra;
la cambio por un romance, la cambio por un soneto;
por once gatos de Angora,
por una copla, por una saeta,
por un cantar;
por una baraja incompleta;
por una faca, por una pipa, por una sambuca…

o por esa muñeca que llora
como cualquier poeta.

Cambio mi vida —al fiado— por una fábrica de crepúsculos
(con arreboles);
por un gorila de Borneo;
por dos panteras de Sumatra;
por las perlas que se bebió la cetrina Cleopatra—
o por su naricilla que está en algún Museo;
cambio mi vida por lámparas viejas,
o por la escala de Jacob, o por su plato de lentejas…

¡o por dos huequecillos minúsculos
—en las sienes— por donde se me fugue, en grises podres,
la hartura, todo el fastidio, todo el horror que almaceno en mis odres…!

Juego mi vida, cambio mi vida.
De todos modos
la llevo perdida…

Para conocer más sobre la vida de León de Greiff, le convidamos a que aprecie el siguiente documental:

Arte Poética, Jorge Luis Borges

Para mejor comprender a Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 24 de agosto de 1899 – Ginebra, 14 de junio de 1986). Una mirada del universitario Alfonso Reyes Ochoa (Monterrey, 17 de mayo de 1889 – México, D.F., 27 de diciembre de 1959); miembros ilustres de las Generaciones 1900 y 1885, respectivamente. Argentina y México en conversación intergeneracional e intercultural.

ARTE POÉTICA

Mirar el río hecho de tiempo y de agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,

ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Ítaca
verde y humilde. El arte es esa Ítaca
de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.

Sátira de la compañía, Alfonso Reyes

 

SÁTIRA DE LA COMPAÑÍA
(Fragmento)

 

¡Oh mis sabios, mis filósofos:
cerrada hallasteis mi puerta!
Ocasión es de marcharos:
la casa tengo hoy de fiesta.
¿Qué se os dan mis interiores
ni qué mis cosas domésticas?
Idos, que en mi corazón
muchas visitas se hospedan,
y hoy recibo en mi taller
mis libros de cabecera.

Robásteisme ayer en charlas
toda mi ausencia entera:
burla hicisteis de mi vida,
chismorreos de mis penas,
hablillas de mis amores,
escarnio de mis cadenas,
de mi ademán comentarios,
discursos de mis maneras,
críticas sobre mi andar,
sobre mi vestir sentencias,
de mis días efemérides,
de mis noches analectas,
notas de mis desayunos,
de mis comidas polémicas,
escolios de mis bebidas,
corolarios de mis cenas.
Tal, amigos, me dejasteis
peor que no digan dueñas,
castigado por fiarme
de las orejas ajenas.

Alfonso Reyes, Constancia poética, Obras completas de Alfonso Reyes X, Fondo de Cultura Económica, México, 1981, p. 52

Don José Luis Martínez en Cuernavaca. Por Braulio Hornedo Rocha

Por Braulio Hornedo Rocha

  El viernes 16 de diciembre de 2005 en Cuernavaca, celebramos un cariñoso homenaje a la presencia de don José Luis Martínez Rodríguez, presidente fundador del Consejo directivo de la Cátedra Alfonso Reyes – El Colegio Nacional en la UAEM. El homenajeado nos obsequió esa noche, con una suculenta conferencia magistral (quizá la última que impartió en su larga y fecunda vida), presentándonos al controvertido personaje “Hernán Cortés en persona”, y esto, en el deslumbrante marco del mural de Diego Rivera en el propio Palacio de Cortés en Cuernavaca. Un acontecimiento memorable que puede ser visto y escuchado a través de nuestro sitio web www.alfonsoreyes.org.

A las doce en punto, al mediodía de ese viernes 16, estaba yo tocando la puerta de su casa biblioteca en la calle de Rosseau en la colonia Anzures de la ciudad de México, o mejor aún, como se refería don Alfonso Reyes a su “Capilla Alfonsina”, tocaba yo la puerta de una casa anexa a una descomunal biblioteca, para llevarlo a comer a Cuernavaca, pero mientras preparaban su maleta, decidió invitarme a comer un tentenpié “para el camino” en su pequeño antecomedor. Una casera sopa de fideos, arroz rojo y unas albóndigas al chipotle, acompañadas de tortillas y agua de jamaica fue el menú de ese almuerzo rodeados de estanterias de libros en cualquier dirección de nuestra vista.

Don José Luis Martínez es caracterizado para los lectores de Nuestros centenarios, en una cierta “milagrosa dimensión” mediante un breve, pero excelente texto titulado: “Curador de las letras mexicanas”, escrito con la habitual lucidez de uno de sus amigos cercanos y colega en la Academia Mexicana de la Lengua, quién también es miembro de El Colegio Nacional, el poeta, ensayista y crítico regiomontano don Gabriel Zaid.

José Luis Martínez fue uno de los personajes fundamentales de la cultura mexicana en el siglo XX. Él mismo fue un amigo cercano, editor y conocedor profundo de la obra de nuestro Alfonso Reyes, y como el genial humanista regiomontano y mexicano universal, destacado investigador de la teoría e historia de la lengua y literatura española. Lector voraz, estudioso infatigable, historiador acusioso, bibliófilo insaciable, presidió durante 25 años la Academia Mexicana de la Lengua y dirigió entre muchos otros proyectos el monumental Diccionario de mexicanismos (en el que tuve la fortuna de participar con una modesta colaboración).

Celebramos jubilosos en Cuernavaca al escritor, historiador, diplomático, maestro, editor y promotor cultural que a lo largo de una fecunda vida ha sabido dejarnos el ejemplo de un hombre muy “elegante” que ni hace ni dice cualquier cosa desde el veleidoso y cómodo capricho, sino que hace lo que hay que hacer y dice lo que hay que decir. Y que en su erudito decir el hacer canta como un surtidor de poemas que germinan en la práctica cotidiana.

Recordemos para finalizar la interrogante sobre ¿qué es lo que hay que hacer y decir? de José Ortega y Gasset en su: Origen y epílogo de la filosofía. “El decir es una especie del hacer. ¿Qué es lo que hay que hacer? [se pregunta Ortega]. Se trata de evitar el capricho. El capricho es hacer cualquier cosa entre las muchas que se pueden hacer. A él se opone el acto y hábito de elegir, entre las muchas cosas que se pueden hacer, precisamente aquella que reclama ser hecha. A ese acto y hábito del recto elegir llamaban los latinos primero eligentia y luego elegantia. Es, tal vez, de este vocablo del que proviene nuestra palabra int-eligencia. De todas suertes, elegancia debía ser el nombre que diéramos a lo que torpemente llamamos ética ya que es ésta, el arte de elegir la mejor conducta, la ciencia del quehacer. El hecho de que la voz elegancia sea una de las que más irritan hoy en el planeta es su mejor recomendación. Elegante es el hombre que ni hace ni dice cualquier cosa, sino que hace lo que hay que hacer y dice lo que hay que decir.” ¿Qué duda cabe de la elegancia que marcó la vida de don José Luis.

Fotos: Félix Vergara

Arte poética, Alfonso Reyes

1

Asustadiza gracia del poema:
flor temerosa, recatada en yema.

2

Y se cierra, como la sensitiva,
si la llega a tocar la mano viva.

3

—Mano mejor que la mano de Orfeo,
mano que la presumo y no la creo,

4

para traer la Eurídice dormida
hasta la superficie de la vida.

París, 1925

Alfonso Reyes,  Constancia poética, Obras completas de Alfonso Reyes X, Fondo de Cultura Económica, México, 1981, p. 113